El sábado 3 de enero de 2026 no amaneció con el estruendo de una guerra, sino con el zumbido ominoso de una anomalía. Sobre Caracas, más que aviones, sobrevolaba una pregunta que cortaba el aire: ¿cómo es posible que el espacio aéreo nacional, custodiado por sistemas que durante años se narraron como escudo inviolable, fuera penetrado para encontrar no un muro, sino un silencio elocuente?
Este no fue un hecho aislado, sino el eslabón final de una cadena de gestos que, en retrospectiva, delinean la sombra de un pacto. Las semanas previas estuvieron marcadas por una diplomacia opaca y de doble vía, donde las declaraciones públicas de soberanía parecían convivir con gestiones privadas en la capital extraoficial del poder hemisférico.
I. El Guion de la Entrega: Ruido, Precisión y Silencio
La narrativa oficial del día se construyó sobre un contraste calculado: el ruido de bombardeos limitados en instalaciones militares y el parlamento, y la precisión quirúrgica de una operación de captura en el corazón del poder. La lógica militar convencional choca contra la evidencia reportada: una acción de tal envergadura y complejidad, que resultó en un saldo de bajas mínimamente letal, no busca quebrar una defensa, sino ejecutar un guion cuyos actores principales ya conocen su rol.
La hipótesis que explica esta anomalía no nace del vacío, sino de la deducción fría. Horas después de los hechos, declaraciones de figuras claves en Washington apuntalaron esta lectura. Se habló de "coordinación" y se validó, de facto, a los interlocutores internos que emergieron para administrar la transición. El "rescate" reveló así su verdadero nombre: la entrega pactada de una pieza en un tablero cuyas reglas se reescribieron a espaldas de muchos, quizás con la complicidad de quienes tenían el deber de custodiar la casa.
II. El Triunvirato del Consenso: La Consolidación Fáctica
La escena que disipó las dudas iniciales fue de una claridad brutal. No fue un llamado a la resistencia, sino la escenificación de una sucesión. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, flanqueada por los titulares del poder militar y policial, Wladimir Padrino López y Diosdado Cabello, asumió ante las cámaras la conducción de un "nuevo gobierno". Esta imagen no era una foto casual; era la instantánea fundacional de un consenso.
Este triunvirato no representaba una ruptura del orden previo, sino su mutación bajo nueva tutela. Washington, a través de declaraciones que priorizaron la "estabilidad" y el "orden", validó inmediatamente a esta cúpula como su interlocutor. El mensaje fue tácito pero universalmente comprendido: la gobernabilidad ya no se disputaría en las urnas o en las calles, sino en la capacidad de garantizar el control operativo del territorio y, sobre todo, del enclave petrolero.
III. La Lección de Realpolitik: El Descarte de los Títeres
En este cálculo despiadado, la suerte de la oposición tradicional quedó sellada. Figuras como María Corina Machado, durante años el rostro internacional del desafío al gobierno, fueron públicamente descartadas por la administración estadounidense. La razón esgrimida fue reveladora: carecían de "representatividad" en el aparato de fuerza.
La lógica imperial, desnuda, mostró su preferencia por el capataz con fusil sobre el político con "voto". Para un imperio que prioriza la extracción eficiente y estable de recursos, un acuerdo con la estructura militar que ya controla los pozos es infinitamente más valioso que la incertidumbre de una figura civil que podría desatar un conflicto interno prolongado. Aquellos que durante años clamaron por una intervención extranjera descubrieron, con orfandad patética, que en el manual del amo, el títere útil es el que tiene los tanques, no el que tiene las "encuestas".
IV. La Herida Global: Cuando el Muro se Abre Desde Adentro
Las consecuencias de esta transacción trascienden las fronteras venezolanas y representan una herida profunda para el proyecto de un mundo multipolar. Potencias como Rusia y China, que habían construido a Venezuela como un bastión de contención en el hemisferio occidental, se enfrentan a un precedente letal: no hay alianza estratégica ni muro de disuasión que valga cuando la élite local decide abrir el cerrojo desde adentro.
Venezuela deja de ser, en la percepción del Sur Global, el faro de una resistencia posible. Se transforma, ante los ojos atónitos de sus aliados, en la advertencia trágica de que la soberanía puede ser no conquistada, sino vendida. La multipolaridad sufre aquí un golpe no militar, sino moral. Se descubre que la trinchera más vulnerable no está en la línea del frente, sino en la voluntad de quienes ocupan los salones del poder.
Conclusión: La Patria Bajo Inventario
El humo de los bombardeos se disipa sobre las regiones atacadas, pero deja tras de sí el aire viciado de una transacción. Ayer buscábamos cráteres de misiles; hoy descubrimos que la herida más profunda no la abrió un explosivo, sino una firma. Nos han mostrado el rostro del enemigo, y para estupor de muchos, ese rostro también hablaba nuestro idioma y vestía nuestras insignias.
Me queda la sensación en lo más profundo de mi corazón, que se ha subastado no solo un gobierno, sino el acumulado espiritual y el sacrificio de generaciones, desde los que cayeron en la independencia hasta los que resistieron el asedio estos últimos años.
Es la "tragedia de lo irreparable": la sensación de que una firma en una oficina climatizada de Miami tiene más peso que siglos de lucha popular. Esa impotencia es el síntoma de quien ve cómo la mística de un pueblo es tratada como una simple variable de ajuste en un balance corporativo.