Ayuda envenenada. Política migratoria occidental

Este jueves el cepillo da la vuelta. Se espera recaudar un total de 1.440 millones de dólares (unos 1.190 millones de euros) en donaciones en la “Conferencia Internacional de Donantes en Solidaridad con los Refugiados y Migrantes de Venezuela”, informó la agencia de noticias francesa AFP, entre otros. Este año, el evento se celebrará en línea en Canadá.

En 2020, España y la Unión Europea fueron los anfitriones del formato. En ese momento, la conferencia de donantes había recaudado 595 millones de euros, que posteriormente se incrementaron a 2.500 millones, en parte con la ayuda de préstamos. Según las Naciones Unidas, esta suma permitió ayudar a 3,18 millones de venezolanos que habían emigrado. 1,9 millones de ellos recibieron donaciones de alimentos, 1,2 millones acceso a la atención sanitaria.

En total, se cree que unos 5,6 millones de venezolanos han abandonado sus hogares desde 2015, según la agencia de la ONU para los refugiados ACNUR. Sin embargo, no hay cifras claramente verificables sobre el número de emigrantes. Desde que el conflicto por el poder en Venezuela se ha vuelto más violento a nivel internacional, los migrantes sirven cada vez más como instrumentalización política. A pesar de ello, Michael Grant, representante para las Américas del Ministerio de Asuntos Exteriores de Canadá, declaró en una conferencia de prensa el pasado viernes que se trata de la “mayor crisis de refugiados que ha visto el hemisferio occidental”. A nivel mundial, sólo los movimientos de refugiados provocados por la guerra de Siria son más dramáticos, Grant no escatimó en comparaciones oblicuas. El hecho de que sólo en Colombia haya casi cinco millones de desplazados internos, según las cifras oficiales, no es importante.

Juegos de números

En vista de la pandemia del coronavirus, que no ha terminado en absoluto, especialmente en América Latina, los emigrantes venezolanos lo tienen mucho más difícil hoy que el año pasado. El “Plan de Acción Humanitaria para 2021”, elaborado por la ONU, prevé que el número de personas necesitadas de ayuda aumente a 8,13 millones este mismo año. La mayoría de los emigrantes venezolanos ya no tienen suficiente para comer, “entre el 80 y el 90 por ciento han perdido su fuente de ingresos”, dijo Grant el viernes. Los fondos que ahora se van a recaudar también están destinados a beneficiar a las poblaciones de los lugares en los que se está asentando un número especialmente elevado de venezolanos, un total de 3,3 millones de personas más, según estimaciones de la ONU.

Sólo la semana pasada –aparentemente para preparar al público para la conferencia de donantes– ACNUR informó que incluso en la actualidad, a pesar de que la frontera está cerrada por la pandemia, alrededor de 2.000 venezolanos estaban entrando en Colombia cada día. Mientras los ricos se acomodan lujosamente en Europa, preferentemente en España, la mayoría busca su fortuna en otros países sudamericanos. Especialmente en Perú, Ecuador y Colombia hay entretanto grandes comunidades de venezolanos, sólo en el país vecino se dice que viven dos millones.

Mientras que en los prolegómenos de la conferencia de donantes los implicados dedican mucho tiempo a presentar las causas de los movimientos migratorios desde Venezuela como consecuencia de las políticas del gobierno de Nicolás Maduro, toda una serie de análisis pintan un panorama diferente. Por ejemplo, el portal en inglés venezuelaanalysis.org publicó a principios de junio los resultados de un estudio. Muestra que la gran mayoría de los que han emigrado de Venezuela desde 2015 han tomado esta decisión por motivos económicos.

Venezuela lleva años sumida en una grave crisis económica, alimentada peligrosamente por las sanciones comerciales, financieras y económicas impuestas por Estados Unidos, así como por la Unión Europea. A principios de este año, la Relatora Especial de las Naciones Unidas y Comisaria de Derechos Humanos, Alena Douhan, concluyó, tras una amplia investigación en el país, que las medidas punitivas están teniendo un “impacto devastador en la población” y afectan gravemente “al acceso del país a los alimentos y las medicinas”. Además, importantes activos del gobierno venezolano están bloqueados en el extranjero.

Especialmente en la actual situación de pandemia, las sanciones tienen consecuencias potencialmente mortales. Hace apenas unos días, por ejemplo, el gobierno venezolano hizo público que el acceso a las vacunas contra el coronavirus en el marco del programa “Covax” de la ONU estaba siendo gravemente obstaculizado después de que el banco suizo UBS bloqueara varias transferencias desde Caracas.

Maduro, el enemigo común

Sin embargo, en lugar de hablar de las brutales consecuencias de la política de sanciones, las fuerzas de la derecha, con el apoyo de los donantes occidentales, intentan culpar al gobierno de Caracas del movimiento migratorio con su “mala gestión socialista” y la “represión política contra los miembros de la oposición” en el período previo a la conferencia de donantes. Lo que espera del evento ya lo dejó claro a mediados de mayo el “comisionado de política exterior” del político opositor venezolano Juan Guaidó, Julio Borges. A través del servicio de mensajes cortos Twitter, declaró que la conferencia de donantes debe servir para puntualizar “la causa de la migración, que no es otra que Maduro”. Además, aseveró que “la presión del mundo es fundamental para lograr una transición que permita el retorno de los venezolanos.”

Berlín al frente

El Gobierno Federal parece haberlo entendido también. Del 28 de mayo al 11 de junio, el Centro de Información para América Latina del Ministerio Federal de Relaciones Exteriores lanzó una campaña a través de las redes sociales con el revelador título “Venezuela: huida, migración y ayuda”. Con un total de doce publicaciones compuestas por textos, imágenes, infografías y vídeos, se llama la atención sobre “la mayor crisis migratoria de América Latina” como consecuencia de la “huida de la violencia y la persecución” del “régimen de Maduro”. Venezuela se presenta como la causa más importante de los movimientos de refugiados, junto con Nicaragua, Cuba y los Estados del norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras, El Salvador).

Publicado originalmente en Junge Welt.

Tomado del diario Últimas Noticias.



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