Trump, Maduro y las drogas

Indiferente a la decencia y desafiando al Derecho Internacional, influenciado por su desenfrenada pasión por los westerns, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado que está dispuesto a ofrecer  15 millones de dólares por la captura del Presidente Venezolano Nicolás Maduro. Trump acusa a Maduro y a otros líderes bolivarianos de traficar con drogas o más bien de exportarlas a los Estados Unidos. Obviamente, se entiende que esta es una infamia destinada a elevar el nivel de la amenaza militar. Esta mentira colosal de Trump se podría desmentir por el simple hecho de que Venezuela está bloqueada por cielo, mar y tierra por los Estados Unidos; por lo tanto, el tráfico de denuncia Trump es pura invención.   

La historia de las drogas y Venezuela es una completa tergiversación de la verdad. ¿Cómo están las cosas? Colombia produce 1.200 toneladas de cocaína por año. Esto representa el 95% de la demanda de los Estados Unidos, el  país líder en el consumo de todo tipo de drogas. Los productores y distribuidores de drogas son, por lo tanto, los colombianos, a tal punto que hace tres meses, el propio Trump reprochó al presidente colombiano Iván Duque por el aumento del tráfico de coca  hacia los Estados Unidos.

Debido a un pacto de cooperación militar, hay 7 bases militares estadounidenses en Colombia. Si Estados Unidos hiciera las tareas anti droga que anuncia, con un dispositivo militar de este tipo el tráfico se habría al menos reducido considerablemente: pero un gran número de agencias internacionales dicen que, desde que Estados Unidos está permanentemente en Colombia, la producción de drogas ha aumentado dramáticamente de manera anormal y continua (como de hecho sucede en Afganistán). Será que Estados Unidos está distraído con la llamada "guerra contra el comunismo" que, entre 1970 y 2018, produjo 80,000 colombianos desaparecidos, más de cinco mil sindicalistas y líderes políticos de izquierda asesinados y 7,700,000 colombianos que se han refugiado en el extranjero. 

El profundo vínculo entre los cárteles de la droga y el gobierno colombiano, documentado durante décadas, también se puede encontrar en algunos episodios que se citan aquí a modo de ejemplo. Hace poco tiempo, en diciembre de 2019, se registró un submarino colombiano que se detuvo en aguas territoriales españolas y en el que se encontraron 3 toneladas de cocaína. 

Unos años antes, en la finca del embajador colombiano de Álvaro Uribe en Uruguay, la policía de Montevideo encontró 3 laboratorios de procesamiento de cocaína.
En 2018, un avión privado despegó de Medellín, Colombia con destino a Honduras donde hubo un problema. A bordo de esta aeronave, casualmente, se encontró una tonelada de cocaína. Honduras es, notoriamente, el trampolín de los narcos: la droga sale de Colombia, pasa por Honduras y llega a los Estados Unidos. Entonces, que Honduras albergue la mayor base militar de los Estados Unidos en toda América Latina, hasta el punto de haber sido llamado "portaaviones de los Estados Unidos", mientra recibe y reenvia droga, debe ser, ciertamente, otra irónica coincidencia.

Y si realmente quisiera hablar sobre los miembros del gobierno con las manos manchadas de droga, entonces Trump debería mirar primero casa adentro. Uno de los miembros más importantes del gabinete de Trump, Elliot Abrams, subsecretario de Estado para América Latina en la época de Reagan, fue sentenciado por el intercambio de drogas y armas, caso que se hizo famoso como Irangate, destinado a conseguir fondos ilegales para los contras nicaragüenses en la década de 1980. Quizás es por eso que Trump llevó nuevamente Abrams a su servicio, pues evidentemente aprecia su CV. Entonces, si Estados Unidos realmente quisiera golpear al mercado de las drogas, debería comenzar realizando algunos arrestos en Washington y, sobre todo, en Colombia. 

El Fiscal General William Barr es el acusador de Nicolàs Maduro. Siniestra coincidencia, ya que Barr fue quien logró el perdón a Elliott Abrams. Sin embargo, gracias al famoso traficante de drogas Free Wick y a los hermanos Blandon (nicaragüenses), el crack ingresó en los ’80 a los EE. UU. Como un tributo a los carteles colombianos que trabajaron en el financiamiento ilegal de los terroristas contras.

Entonces, si quería referencias precisas de narcotraficantes y de traficantes de armas, podría encontrarlas en sus archivos. Pero Barr, quien administra la justicia indegnamente, impugnándola como el garrote del tío Sam, es un experto sobre todo en manipulacion politica del Derecho; no es casualidad que fuera él precisamente quien redactó la justificación legal para la invasión de Panamá en 1989. Por cierto, otra siniestra coincidencia: incluso en esas circunstancias, se hicieron acusaciones idénticas contra Noriega. Ciertamente que Noriega no era un ejemplo de santidad, pero en realidad era culpable de abandonar la alianza con los EE. UU. y de no querer utilizar a Panamá como base para la agresión contra Nicaragua. Por tanto, de ser un aliado confiable en solo dos reuniones se convirtió en un terrorista, asesino y traficante de drogas.

¿Qué está buscando Donald Trump?

La intención de la Casa Blanca, bastante evidente, es construir una campaña sobre el modelo de las armas de exterminio en masa en manos de Saddam Hussein; en suma, una campaña que, con la ayuda de los amigos habituales (latinoamericanos, europeos, canadienses, australianos, sauditas e israelíes), justificaría políticamente un ataque militar contra Caracas. La desesperación de Trump proviene del fracaso de Guaidó (fotografiado abrazado con Argenis Vaca, llamado "Vaquita", el jefe del cártel colombiano de "Los rastrojos", que operan en el estado de Táchira, en la frontera entre Venezuela y Colombia). Precisamente en el área en la que Colombia intenta infiltrarse con drogas y paramilitares, armas y explosivos que deberían formar la base material de un golpe militar pero que, con los años, la lealtad de las fuerzas armadas bolivarianas ha logrado que se transforme en una cadena de fracasos.
Por el contrario de lo que dice Trump, Venezuela si descubre cocaína la destruye y no trafica con ella. Entonces? Sin embargo, posee una reserva de petróleo de 360,000 millones de barriles y esto resulta un dato difícil de ignorar si queremos entender la histeria estadounidense hacia Caracas. Es el país petrolero más rico del mundo según el anuario de BP, una de las fuentes estadísticas más acreditadas en el sector. Y además, posee oro. Hay 161 toneladas de reservas estratégicas venezolanas. Pero, sobre todo, hay Coltán: Venezuela ha descubierto un depósito mineral muy valioso (de 2 dólares por kg a fines de los 90 a unos 300 en los últimos años), alrededor del cual pronto se construyó la planta de extracción más grande de América Latina.

El coltán se usa para turbinas aeronáuticas, para la producción de misiles y en el nuclear, como ingrediente fundamental para la batería de teléfonos celulares, busca-personas, computadoras personales, videojuegos y finalmente en medicina, ya que algunos equipos requieren micro-condensadores de tantalio para funcionar.

Algunas de las razones detrás de la última ilusión de Trump ciertamente pueden explicarse por la furia ideológica de la ultraderecha fascista que gobierna los Estados Unidos, pero los números de la economía van más allá de esto en esplica la furia contra Venezuela. Estados Unidos es el país con la mayor deuda pública del mundo, y está en la cima del déficit de su historia. Según el Banco Mundial, sus reservas ni siquiera son suficientes para cubrir el 2% de la deuda total, el 10% de la cual está en manos de los chinos. Las reservas monetarias de los Estados Unidos ascienden a $ 450 mil millones, pero la deuda es de $ 21,000 mil millones. Estados Unidos consume 19.150 barriles de petróleo por día.

La opción militar contra Venezuela no resulta nada simple, pues Estados Unidos sufriría la derrota militar de la época, lo que se sumaría a la dolorosa colección que los ha caracterizado desde 1945 hasta hoy. Es más probable que intenten una operación terrorista al estilo de lo que intentó recien contra el propio Maduro y que repitieron, con éxito criminal, contra el general iraní Soulemani. Venezuela y sus aliados están en alerta y sabrán cómo tomar las contramedidas necesarias. Pero el hecho es que la desesperación de la Casa Blanca hacia Venezuela debe registrarse como una patología obsesiva de naturaleza criminal, no como una opción política.

Después de todo, si pudieran alcanzar la riqueza venezolana, los EE.UU. mejorarían enormemente su situación económica. De esto y de la dominación ideológica-política se trata. Una pandilla de criminales segregacionistas y nazis evangélicos quiere imponer con golpes de estado, sanciones unilaterales y guerras su dominio a toda América Latina. De esto se trata, nada que ver con las drogas.

Tomado de Altrenotizie

Traducido por Cubasi

 



Esta nota ha sido leída aproximadamente 1208 veces.



Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter