Miren esto, OJO!: En 1963, EE UU preparó una gran invasión contra Venezuela

  1. En la década de los sesenta, el gran canalla y gobernador de la isla de Puerto Rico Luis Muñoz Marín (muy adorado por Rómulo Betancourt), se quejaba por "la rigidez con que América Latina ha venido practicando los principios de no intervención y de autodeterminación de los pueblos, hace dificultosa la protección de la democracia por parte de los Estados Unidos".
  2. Nos recuerda el dirigente de Acción Democrática, Simón Sáez Mérida que tanta era la estima y preocupación del gobierno Kennedy-Johnson por Betancourt y su gente, que en diciembre de 1963 se llevó a cabo una confabulación para determinar un dispositivo invasor con tropas norteamericanas. Con este mecanismo se engañó al país entero, porque fue un proyecto que se manejó prácticamente con la sola decisión de Rómulo Betancourt, en permanente contacto con la CIA. Nadie en AD, ni en el parlamento, ni en la cúpula militar, ni en la «Guanábana», tuvo acceso a esta información. Fue una operación altamente confidencial, y que se filtraría más tarde a través de la propia prensa estadounidense. Además, es necesario decir que en Venezuela todo cuanto pasaba en el gobierno era altamente confidencial: no había en absoluto prensa libre, y el balance casi para fines del mandato de Rómulo era terrible. Fue así como en esos días, el taller «El Independiente» donde se imprimía Tribuna Popular y otros periódicos, los cuales fueron suspendidos indefinidamente. Decomisan la edición de Izquierda. Se suspenden los diarios Clarín, La Hora y Crítica. Se suspenden El Imparcial (Maracay), El Tiempo (Valera), El Día (Acarigua) y se clausura El Venezolano. Por todos los diarios importantes del país se mueven censores oficiales.
  3. En una oportunidad, la Cámara de Diputados aprobó «[…] declarar que la libertad de prensa en Venezuela atraviesa en los actuales momentos por una de sus más graves y difíciles etapas, debido a la supresión sistemática de diversos órganos periodísticos y a la persecución de profesionales de la prensa, así como el régimen de censura vigente».
  4. Por ello el plan de invasión que se está montando casi nadie lo conocía, ni siquiera, como veremos, el propio gabinete de gobierno. Ya para entonces, con la muy sofisticada asesoría de Betancourt, había madurado todo un plan multilateral que había nacido desde los tiempos del presidente McKinley (1897-1901) hasta la reunión de Montevideo de 1933.
  5. Sostiene Sáez Mérida que a partir de entonces, se comenzó a construir una cobertura institucional, hemisférica, de un apresurado panamericanismo que en 15 años cubrió ocho eventos, que finalmente culminarían con la creación de la OEA en la IX Conferencia de Bogotá, en 1948. Todo esto siguiendo los objetivos estratégicos perseguidos por F. D. Roosevelt, que comprendían: 1) Integración económica a base de tratados de reciprocidad comercial; 2) Integración militar, mediante el establecimiento de misiones militares norteamericanas; 3) Creación de la Junta Interamericana de Defensa (Estado mayor hemisférico) y, 4) Firma del Pacto Militar de Río de Janeiro (TIAR) en 1947.
  6. Con Roosevelt, en 1933, y a partir de la VII Conferencia Interamericana realizada en Montevideo, ese mismo año, se organizará todo un plan para un consenso hemisférico con una nueva doctrina de seguridad y defensa norteamericanas. Lo principal en este plan es un acuerdo comercial en el que pondrán a bailar de euforia panamericanista a nuestros paisitos por los tambores de guerra que suenan en Europa. Estados Unidos está consciente de las grandes diferencias que implican tales tratados, que para ellos no pasarán de ser unilaterales, en los que los países latinoamericanos jugarán un papel de pequeñas y despreciables criaturas (que necesitan ser protegidas para que no se desmanden).
  7. Con fecha 6 de octubre de 1963, aparece, desplegado a tres columnas, un despacho de Bernard L. Collier, corresponsal de The New Herald Tribune que dice: «A Venezuela podrían ir los marines de Estados Unidos». La nota añade que el Gobierno de Estados Unidos, a petición del presidente Betancourt enviaría marines. Es decir, «cooperar si el gobierno lo solicita». Ese mismo día, un cable de la UP, desde Tokio, señalaba que el comandante de la Infantería de Marina de los Estados Unidos, David Shoup, declaró que si llegaban a ser llamados «para luchar en unidades regulares de combate, probablemente sea en América Latina». El 15 de octubre, el coronel Churchville, del Comando Sur (en Panamá), informa sobre la «Operación América» que se realizará entre el 27 y 30 de noviembre de 1963, y que sería uno de los ejercicios militares de mayor envergadura que se haría hasta entonces. Participarían unos 8.000 soldados por tierra, aire y mar, en la bahía de Tolú, Golfo de Morrosquillo, en la Costa Caribe, Colombia (a unos 250 kilómetros en línea recta de la frontera venezolana). Participarían los países llamados "bolivarianos". La maniobra consistiría básicamente en una simulación de solicitud a la OEA de ayuda a un país en apuros (para defender, como siempre, su democracia de un posible movimiento subversivo). Que todas estas maniobras se venían preparando desde el mes de agosto, y que el responsable directo de la participación venezolana era Rómulo Betancourt, quien ordenó que se integraran al dispositivo los destructores Zulia y Nueva Esparta, los mismos que actuaron en el bloqueo a Cuba en 1962.
  8. De manera clara y concisa, el gobierno norteamericano expresó por intermedio de algunos de sus altos oficiales que la Operación América «es parte del programa de ayuda militar a la América Latina por parte de los Estados Unidos en virtud del cual los gobiernos latinoamericanos reciben asistencia técnica para sus tropas». Llamaba poderosamente la atención, todo el gran dispositivo que se estaba armando para defender la democracia venezolana, cuando nada se había hecho en los casos de Juan Bosch, en Santo Domingo, ni de Villeda Morales, en Honduras (tan «legítimamente elegidos y tan democráticos» como el de Rómulo Betancourt). Lo que pasaba era, observa Sáez Mérida, que ningún gobierno militar lo iba a hacer mejor que el de Betancourt, con todas las argucias de carácter legítimamente electorales: un estilo de democracia comprometida incondicionalmente al andamiaje estratégico de Estados Unidos contra Cuba.
  9. El plan de la invasión se encontraba arreglado para ser ejecutado en octubre, incluso con participación de la OEA para legitimarlo. Casi nadie lo sabía en Venezuela (ni parlamentarios ni ministros), y el hombre que lleva todo el movimiento para ejecutarlo en el momento debido es Rómulo Betancourt. El 18 de octubre, los periodistas del Miami Herald, Robert Allen y Paul Scout, envían una nota para una red de periódicos en la que señalan que un golpe militar en Venezuela, rica en petróleo y amenazada por los comunistas, sería inmediatamente contrarrestado por la intervención armada de los Estados Unidos. Agrega que el presidente Kennedy lo ha decidido y que Betancourt está informado y que los congresistas Wayne Morse y Jacobs Javits autorizan al presidente para que intervenga. Igualmente que Hubert Humphrey y Muñoz Marín abogan por acciones de fuerza.
  10. El 19 de octubre de 1963, el Miami Herald ampliaba las informaciones de Collier, y específicamente afirma: «un golpe militar en Venezuela sería inmediatamente contrarrestado por una intervención armada de los Estados Unidos». Se añadía que este plan estaba aprobado por los Departamentos de Estado y Defensa, y por líderes del Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Que Rómulo Betancourt ya «estaba informado y listo para solicitar la intervención en el caso de la emergencia golpista. Wayne Morse, demócrata de Oregon y Jacob Javits, republicano de Nueva York, están de acuerdo sobre el particular, se ha informado sobre las medidas a tomar sobre el gobierno militar que pudiese emerger en Venezuela y que dicha situación abre camino para la intervención armada de los Estados Unidos… tanto Hubert Humprey, demócrata, como Muñoz Marín, gobernador de Puerto Rico, preconizan enérgicamente este camino». Concluye la nota periodística con una severa sentencia de Kennedy: «cualquier cosa que se deba hacer por el gobierno de Betancourt, estoy dispuesto a hacerla. Me siento muy alentado por Muñoz Marín, quien es partidario de la intervención».
  11. En The Nation, de Nueva York, el 18 de octubre de 1963, aparece un trabajo de Norman Gall701 quien plantea que «Estados Unidos debe establecer bases jurídicas para las intervenciones que ha realizado y debe continuar realizando en América Latina. Estados Unidos debe intervenir unilateralmente si fuera necesario para poner freno al militarismo y defender su propio interés con legitimidad política. O intervenir a través de la creación de una fuerza internacional de naciones democráticas… Estados Unidos debe usar su poderío para proteger el gobierno constitucional en estas naciones». Es decir, todo el andamiaje doctrinario que Betancourt, asesorando al Departamento de Estado, desarrolló mientras estuvo en Estados Unidos entre 1952 y 1958.
  12. A todos aquellos movimientos, Betancourt, que siempre había trabajado en la sombra, trató de desmentirlos. El 26 de octubre declaró a El Nacional, tratando de exculpar a Estados Unidos, que él era contrario a la intervención unilateral, pues siempre había considerado la acción multilateral en estas cuestiones, con la participación de la OEA. Pero las informaciones seguían emanando. El 2 de noviembre, el The Daily News vuelve a mencionar las maniobras en el golfo de Morrosquillo «para impedir el derrocamiento de Betancourt, ejecutando una verdadera operación de rescate». The Denver Post trae el 6 de noviembre: «Infantes de marina en estado de alerta para ser enviados a Venezuela».
  13. A las maniobras, pues, en el golfo de Morrosquillo y bajo el Comando Sur, se les llamó «Operación América». Consistían en operaciones conjuntas en un área aproximada de cien kilómetros cuadrados, comprendida entre los poblados de Tolú, Tolú viejo, Palmito y Coveñas, en el arco del golfo de Morrosquillo (punto estratégico por encontrarse allí el terminal de un largo oleoducto, cerca de la frontera con Venezuela, que pasa por los Andes colombianos y los ríos Magdalena y Cauca, recorriendo 200 kilómetros hacia el oeste). Las fechas que se establecieron para ser ejecutadas fueron los días 27 y 28 de noviembre de 1963, aunque podían ser prolongadas. En efecto, fueron prolongadas hasta después de las elecciones venezolanas.
  14. El 19 de noviembre de 1963, una nota de United Press (UP) emanada desde Bogotá, informa que las «maniobras se desarrollarán en el puerto de Tolú, sobre el Atlántico, a unos 250 kilómetros en línea recta de la frontera venezolana, el 27 y 28 del corriente mes con participación de fuerzas de Bolivia, Ecuador, Perú, Venezuela, Colombia y los Estados Unidos». En este mismo despacho de United Press (UP) aparece que el mayor general «César Cabrera Lozano, de Colombia, jefe del Estado Mayor Conjunto, que dirigirá las operaciones… afirma que el ejercicio tiene por fin defender a Venezuela en caso de que se intentare llevar a cabo un golpe de Estado en esa nación». Refiere Sáez Mérida (en su obra ya citada), que en esta operación, Unitas ya tenía un antecedente en el bloqueo de Cuba en octubre de 1962, en el cual participaron naves argentinas, venezolanas y dominicanas, y que fue denominada Task Force 137. Todo esto ponía a las claras que entonces el verdadero Ministerio de la Defensa de América Latina era el Comando Sur, con sede en Panamá.
  15. Hay tres personajes que para esa época trabajan muy coordinadamente con las actividades que desarrolla la CIA en Venezuela, y son el general Antonio Briceño Linares (ministro de la Defensa), Marcos Falcón Briceño (ministro de Relaciones Exteriores) y Enrique Tejera París (representante de Venezuela en la OEA). Nos explica Sáez Mérida, que las Operaciones Unitas nacieron al calor de los incendios políticos de la década de los sesenta, sobre todo los que tenían que ver con el bloqueo a Cuba. Que constituyen un mecanismo de subordinación militar de América Latina al Pentágono. Estas operaciones implican a las fuerzas navales, y por lo general ni siquiera la alta oficialidad de los países que participan está en conocimiento de lo que se persigue. Acaso sólo lo saben el presidente de cada nación y su ministro de la Defensa. Schlesinger llegó a comentar que estas acciones eran de tipo incestuoso, pues están al margen de gobiernos y pueblos y es un asunto exclusivo de militares yanquis y latinos.
  16. De estas operaciones emergían las posteriores acciones intervencionistas en el continente, como la que se daría en Santo Domingo en 1965 (con 42.000 marines), comandada por el contralmirante Frederick Halfinger, y que el ministro de Defensa de Betancourt, general Antonio Briceño Linares llegara a calificar como una fórmula para restaurar la democracia. Lo peor fue, que por este tipo de acciones criminales a un país totalmente indefenso, Frederick Halfinger fue condecorado por el Pentágono y elevado a comandar la flota del Sur y las Operaciones Unitas VIII.
  17. A fin de cuentas, con estas operaciones, además se buscaba que nuestros pobres paisitos mejoraran su nivel de adquisiciones de guerra naval; renovar, pues, su parque armamentístico, consolidando así Estados Unidos su mercado, vendiéndonos submarinos viejos, chatarra en forma de lanchas cazatorpederas, destructores anacrónicos, fragatas misilísticas (como las del affaire que se destapó durante el primer mandato de Carlos Andrés Pérez y que se hicieron para enriquecer a la mafia de los Di Mase) y radares. En definitiva, estas operaciones resultaban una vitrina para que los llamados «indios» latinos adquiriesen baratijas para matarse entre sí, y para abonar intervenciones como la que se organizó para el derrocamiento de Allende.
  18. Kennedy se encontraba realmente preocupado por un posible golpe en Venezuela y había aprobado todo un plan para evitarlo. Llegó a decir que estaba dispuesto a exigir la intervención porque el gobierno de Rómulo Betancourt «merece un mejor destino y cualquier cosa que deba hacer estoy dispuesto a hacerla. En ese sentido, he sido vigorosamente alentado por el gobernador de Puerto Rico, Luis Muñoz Marín, quien está enérgicamente a favor de una intervención armada de los Estados Unidos». Todo esto parecía muy raro si se tomaba en cuenta que la ardiente línea anticomunista de Betancourt había dejado sin banderas a las fuerzas reaccionarias. Todo esto no disfrazaba sino un plan de ataque frontal a Cuba en combinación con la CIA, y a cualquier otro país en el continente, que intentase seguir el camino escogido por Fidel Castro.


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José Sant Roz

Director de Ensartaos.com.ve. Profesor de matemáticas en la Universidad de Los Andes (ULA). autor de más de veinte libros sobre política e historia.

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