Sepan bien, colombianos o neogranadinos

A nuestros hermanos colombianos de la Nueva Granada, los amamos, sin límite. En el caso de Venezuela, estamos en el mejor momento, no solo de relaciones diplomáticas, sino de algo más sublime, de nuestra hermandad.

Es decir, la tradición de amor, muchas veces trunca, por la traición, la mentira, las intrigas y el engaño, se ha impuesto, vale decir, que en los últimos tiempos, de manera recíproca.

Primero, entre nuestros dos pueblos, hijos de la Gran Colombia (lo que nos hace colombianos también, a los venezolanos).

Luego, entre los gobiernos de ambos países, desde el Comandante Hugo Chávez -pese a personas nefastas como Álvaro Uribe Vélez- seguido por el Presidente obrero, Nicolás Maduro, de nuestra partecida del mismo río y, desde allende las fronteras, que disolvieron la Gran Colombia, la perseverante hermandad del ex-presidente Ernesto Samper, hoy Secretario de la UNASUR, el espíritu constante de la mujer latinoamericana emancipada, Piedad Córdova, quien ha pagado a un precio muy alto su hermandad con Venezuela y su lucha por la integración latinoamericana, los diputados y senadores de lo que una vez fue el M-19, sin olvidar al mártir Jorge Eliécer Gaitán y, nadie puede negar, ni ocultar, la beligerante fuerza revolucionaria, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), quienes en medio de su lucha armada e ideológica interna, han reivindicado el pensamiento bolivariano, han respetado nuestra soberanía y han aceptado nuestra modesta mediación, para alcanzar la paz de Colombia, con el desprendido servicio mediador como suelo neutral, de la libertaria Cuba.

Pero, todo lo anterior sería una acto de mezquindad, si no se reconociese la titánica e increíble tarea de Juan Manuel Santos, en su lucha por la vida y por la paz, a quienes unos cuantos, como quien esto escribe, le hemos manifestado recelo y desconfianza, al ex ministro del paramilitar y hombre fuerte de los cárteles de la droga, Álvaro Uribe Vélez.
Resulta que el Presidente Juan Manuel Santos, contra viento y marea, se deslastró de toda la fétida política de guerra, violencia y muerte de su antecesor, profundizó los encuentros por la paz, reconoce y da muestra de respeto por sus adversarios y ha sido franco con respecto a Venezuela.

Juan Manuel Santos no es de izquierda, ni socialista, ni chavista, ni fidelista. Como un honor y una honra que lo consagrará para la historia, sus detractores no tienen más que decir que "Juan Manuel Santos es castrochavista". Ojalá, lo fuese.

A diferencia del nefasto, no nos faltará tiempo, ni paciencia, para que lo fuese, porque Juan Manuel Santos es "Bolivariano", integrador, pacifista y demócrata. Y si por empatía, a la calladita, siguiese los consejos o el ejemplo de nuestro amado Comandante de comandantes, Fidel Castro, el pueblo neogranadino, ganaría en creces. Si Juan Manuel Santos dejase escapar muestras de afecto o admiración por nuestro Chávez, no sería ningún delito, ni ningún pecado, de cara a los santurrones de la derecha, porque no sería culpa de Santos, sino del Pueblo, porque "Chávez, ya no es Chávez. Chávez es un Pueblo". Todo indica que el Presidente neogranadino ama a su Pueblo.

De nuestra parte, hemos cobijado en nuestro suelo a más de cuatro millones de neogranadinos, sin contar los desplazados víctimas del paramilitarismo y los indocumentados. En nuestras venas hace rato corre sangre neogranadina, que ratifican que somos aún más que antes, hijos de la Gran Colombia y hermanos de todos nuestros pueblos de América Latina, iberoamericana y el Caribe.

Hemos de reconocer hechos puntuales que nos obligan a cuidar con mucho celo esta hermandad. Por ejemplo, el gobierno que preside Juan Manuel Santos, detuvo y nos entregó a dos terroristas venezolanos, con muchas pruebas y nos evitó el derramamiento de sangre de tantas familias, si ellos, los dos terroristas liderados por el nefasto y sus sicarios paramilitares, hubiesen puesto bombas en discotecas y licorerías, como lo tenían planificado.

Los neogranadinos han asestado un duro golpe, junto con nuestra FANB, para acabar con el bachaqueo y tráfico de combustible, pese a que ellos son, ahora, víctimas de las recetas del ALCA, que golpea y agrede a los productores neogranadinos y al Pueblo, hermano nuestro.

Ellos, en la diferencia, respetan a nuestro Presidente, Nicolás Maduro y eso es respetar a nuestro Pueblo. Ellos, pese a las bases militares de EEUU en suelo neogranadino, estamos seguros de que no permitirán que de allí parta y se surtan para el ataque contra Venezuela, que viene preparando Barak Obama.

En fin, lo malo de esta hermandad con los neogranadinos está en que su gente es tan bella, que sus mujeres compiten con las nuestras y nos ponen de cabeza con tanta belleza y sensualidad. Así es que, los hermanos colombianos saben y sienten que somos indivisiblemente uno, más allá de cualquier hecho subalterno. Cuidaremos por siempre nuestra hermandad.


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Luis Alexander Pino Araque


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