In Memoriam

Antonio Gil Mainar: un sindicalismo de clase, asambleario, unitario, solidario e internacionalista

[El próximo 20 de noviembre tendrá lugar en Barcelona un acto de homenaje a Antonio Gil Mainar (1947-2017), trabajador de SEAT, activista social y revolucionario que militó muchos años en la LCR. Bajo el lema de Memorias de otro sindicalismo varias personas, desde la mesa y desde el público, recordarán la actividad de Antonio y sus camaradas para impulsar un sindicalismo combativo y unitario, partícipe de las luchas de otros movimientos sociales e internacionalista. Al final habrá un debate sobre cuales deben ser las tareas de este sindicalismo alternativo en la actualidad.

Se ha abierto el canal de Telegram Memorial Antonio Gil en el que las personas que lo conocieron pueden compartir sus recuerdos y reflexiones que hayan enviado a: memorialantoniogil@gmail.com

El artículo que sigue es una contribución al homenaje a Antonio.]

Para comprender la trayectoria y legado sindical de Antonio Gil en SEAT, hemos de tener en cuenta el contexto político e histórico de su juventud. El impacto de la revolución rusa, la guerra civil en España, la lucha contra el fascismo y el nacionalsocialismo, la historia del movimiento obrero en España, para entender su apertura al pensamiento marxista revolucionario y compromiso militante en la lucha contra la dictadura franquista y por la revolución socialista.

Hijo de familia obrera, nunca renegó de su extracción social en la época estudiantil y comprendió el papel esencial de la clase trabajadora en la lucha contra el franquismo y por la transformación social. Su espíritu crítico le permitió abrirse a los debates más avanzados en el seno de la izquierda en aquella época. Los acontecimientos de Mayo 68 en Francia, la Primavera de Praga, la gran lucha estudiantil en Méjico, durante ese mismo año, y en 1969 el Otoño Caliente en Italia, confirmaban que los procesos de cambio y transformación no eran un sueño o pura teoría, sino algo real y posible.

Los debates políticos que alimentaron tales eventos confirmaron en Antonio Gil tanto la teoría de la revolución permanente y el programa y estrategia para la revolución socialista, como la apuesta de construir el frente único capaz de derrotar la dictadura y el capitalismo aprendiendo de las enseñanzas de la historia, y la crítica del estalinismo y su papel sectario en la guerra civil.

De estas convicciones surgió su primer compromiso político con el POR (Posadista) y su implicación en la lucha obrera contra la dictadura, participando como trabajador de la empresa prestamista RAMEL en SEAT en las grandes movilizaciones de octubre 1971 donde la policía asesinó al trabajador Ruiz Villalba.

Forjado por esta experiencia directa de lucha, en la solidaridad con los conflictos laborales de aquellos años, golpeado por la represión de la dictadura y la cárcel, Antonio Gil se unió a la lucha por la amnistía laboral en SEAT tras la muerte del dictador. Para él, significó un paso importante, dejar atrás la labor como enseñante y reincorporarse al trabajo y la lucha en SEAT, también en la acción política como militante de la LCR.

Su convicción sobre el papel central de la clase trabajadora en la liberación y transformación social fue decisiva, y marcará su dedicación y compromiso en su trayectoria sindical.

Un sindicalismo asambleario, unitario y combativo

Antonio junto a sus compañeros de la LCR en los centros de SEAT defendían un modelo de acción sindical enraizado en las mejores tradiciones del sindicalismo de clase en España, Francia e Italia, que cristalizó en aquella época en Comisiones Obreras. Un sindicalismo de dimensión social y política (no partidista) que no se limitaba a la problemática del centro de trabajo o meramente laboral, un sindicalismo abierto a apoyar y participar en los movimientos reivindicativos por causas justas, en defensa del conjunto de derechos sociales, solidario con las luchas obreras y sociales del momento. Esta práctica sindical fue compartida en otras fábricas y empresas como Miniwatt y el equipo liderado por Juan Montero, Numax y su referente José Borrás, etc.

La propia experiencia enseñaba que la mejor manera de defender las reivindicaciones obreras frente a las agresiones y maniobras de la empresa hacía necesario un movimiento obrero activo y consciente, informado, participando en los debates y decisiones. En resumen, un sindicalismo asambleario, que en SEAT cristalizó en 1980 con la constitución del Consejo de fábrica en la factoría de Zona Franca. La práctica asamblearia, con reuniones diarias durante el bocadillo, perduró durante muchos años; posteriormente, tras la creación de salas para el bocadillo en la nueva factoría de SEAT en Martorell en los años 90, prosiguió con asambleas semanales. El funcionamiento asambleario perduró mientras el sindicalismo de clase, representado en los últimos años por CGT, tuvo la fuerza para garantizar su convocatoria y dinamización. Antonio y el equipo de sindicalistas que compartieron el proyecto de un sindicalismo de clase y asambleario, formado por Antonio Sánchez, Ernesto Barba, Sito, Pedro Jiménez, Diego Rejón, Wenceslao Calero, Armando Varo, Jorge Cortegana, Manuel Moyano, Nuria Margais, Alberto Herbera, Bruno Valtueña, Diosdado, y muchos más, contribuyeron a llevarlo a la práctica y mantenerlo vivo.

Otra característica del sindicalismo de Antonio y el conjunto de compañeros aludido fue la búsqueda constante de la unidad de acción en defensa de las reivindicaciones, para afrontar la negociación colectiva, o defender la plantilla de las agresiones de la multinacional. Tanto en la época que tuvieron responsabilidades en la dirección de CCOO en SEAT Martorell, como en la etapa de CGT, fueron capaces de promover la mayor participación y unidad en las luchas reivindicativas, empujando a las direcciones del resto de sindicatos a defender objetivos que superaban sus compromisos con la empresa, combinando la crítica constructiva y el desbordamiento siempre que tuviera un apoyo suficiente. Nunca confundieron la responsabilidad y traiciones de las cúpulas sindicales con las bases de los sindicatos, ganando la simpatía de amplios sectores críticos de los sindicatos mayoritarios y evitando las derivas antisindicales.

La acción sindical cotidiana, atendiendo de manera comprometida y eficaz las situaciones y problemas particulares de los trabajadores y trabajadoras de SEAT, siempre fue acompañada por la creación de las condiciones de lucha para conseguir las reivindicaciones y objetivos de un colectivo específico de la plantilla, sea en una cadena de montaje, el sector de mantenimiento, logística, un taller, buscando generar la solidaridad; o del conjunto de la plantilla ante la negociación colectiva, expedientes de regulación de empleo y despidos, etc. El promover la acción, la participación, el empoderamiento de los trabajadores/as para conseguir las reivindicaciones, evitando la delegación en los representantes o cúpulas sindicales, siempre dio resultados positivos y fue otra característica del sindicalismo practicado por Antonio y el amplio equipo de sindicalistas que lo compartieron.

En la amplia trayectoria de Antonio como sindicalista queremos destacar algunos episodios por su trascendencia y el contenido de las alternativas.

Defensa de SEAT como empresa pública o nacionalizada

En junio de 1979 la empresa FIAT intentó hacerse con el control mayoritario de SEAT. Ante el riesgo de perder su carácter público bajo la administración del INI, Antonio y su equipo impulsaron un debate y posicionamiento contra dicha integración, conscientes de la reestructuración y despidos que vendrían a continuación.

En efecto, en 1980 FIAT no solo retira su proyecto hacia SEAT, sino que aplica una brutal reducción de 14.500 empleos en la principal factoría de Mirafiori en Turín. La intención de la multinacional era aplastar el potente movimiento obrero organizado desde el impulso del otoño caliente en 1969.

Paralelamente la dirección de SEAT aprovechó la oportunidad para hacer una reducción de empleo que motivó un serio conflicto laboral.

La suspensión de la venta de SEAT a FIAT solo significó un aplazamiento en la intención del gobierno de España de privatizar SEAT, aunque en dicha transición quedó demostrado con la adquisición del motor Porsche que SEAT era viable como empresa pública. Más tarde se privatizó con su venta a la multinacional VW.

En el debate sobre la viabilidad de SEAT, con el automóvil como único objeto de producción, que comportaba riesgos evidentes de todo tipo (también sobre el impacto ecológico), Antonio y su equipo defendieron la necesidad de diversificar la producción en SEAT.

Organización de la solidaridad entre los trabajadores de SEAT y FIAT

En este periodo se establecen contactos y reuniones con los compañeros de la IV Internacional en FIAT, especialmente con Rocco Papandrea y Rafaello Renzacci. De estos encuentros surge el proyecto de editar una revista para poner en común las informaciones y coordinar las luchas que se titulará Misma Lucha-Stessa Lotta.

Además de impulsar una campaña de solidaridad, Antonio Gil intervino como orador en la gran concentración de decenas de miles de trabajadores/as en la factoría de Mirafiori, mientras Diosdado lo hizo en la factoría de Lingotto.

Respuesta al golpe de estado de Tejero

Ante el golpe de Tejero en el Congreso de Diputados el 23 de febrero de 1981, Antonio, que era delegado del comité de empresa y el líder de la sección sindical de CCOO en la factoría de SEAT Martorell, promovió con sus compañeros asambleas para condenar el golpe y, a pesar de las dudas y resistencias de los responsables de UGT, propusieron organizar una huelga y la resistencia consiguiente. Finalmente, el fracaso de los golpistas evitó la respuesta obrera.

Referéndum de mayo 1985 en SEAT Martorell contra la OTAN

En el contexto de la campaña contra la OTAN, que finalmente culminó con el referéndum de 31 de enero de 1986 convocado por el gobierno de Felipe González, Antonio participó y promovió la constitución del Colectivo Paz y Desarme en la factoría de SEAT Martorell.

El referéndum convocado el 8 de mayo de 1985 participaron 1.534 trabajadores, el 61 % de la plantilla, de los cuales 1.374 votaron por la salida de España de la OTAN, 80 a favor de la permanencia, 74 en blanco y 6 nulos.

La conciencia pacifista y antimilitarista de la gran mayoría de la plantilla de SEAT Martorell fue el resultado de una gran labor de información y debate. Antonio siempre tuvo una gran conciencia y responsabilidad en la defensa de la paz y contra la OTAN, que se expresó de nuevo años más tarde en su actividad contra la guerra de Irak en el marco de la plataforma Aturem la guerra.

Referéndum por la revocación del comité de empresa de SEAT el 28 de mayo de 1988

La revocación del comité de empresa de la fábrica de SEAT en Zona Franca de Barcelona, en pleno proceso de asentamiento de la transición, significó un hecho histórico sindical, sin precedentes.

En un comité formado por 23 delegados de CCOO y 18 de UGT, con una actuación burocrática de los sindicatos mayoritarios, prescindiendo de la participación de los trabajadores en la toma de decisiones, se firmó un acuerdo con la Empresa para el desmantelamiento de la fabricación integral, empezando por deshacerse de secciones donde fundamentalmente trabajaban mujeres: Tapizado y Cableado.

CNT con solo 5 delegados en el comité y la ayuda fundamental de los delegados de LCR represaliados de CCOO consiguieron, de una plantilla de 14.705 trabajadores, 8477 votos, superando en mucho la mitad más uno que exigía la Ley, decidiendo, por tanto, revocar el comité de empresa.

El sindicalismo de base de los/as compas de LCR en SEAT volvió a marcar un hito en la lucha sindical del país.

Oposición al giro clientelar del sindicalismo de UGT y CCOO en SEAT y la represión como respuesta

La independencia del sindicalismo de clase respecto de las empresas y los gobiernos estaba en la categoría de los principios para Antonio. De manera constante, la dirección de la empresa buscaba corromper a los delegados sindicales con prebendas, categorías y privilegios, creando la figura del "conseguidor" para canalizar concesiones a cambio de contrapartidas de las cúpulas sindicales en las grandes negociaciones.

Dicha estrategia clientelar dio un salto cualitativo en SEAT con las nuevas contrataciones en 1988-1989. La dirección de la empresa concedió a las direcciones de UGT y CCOO en la factoría de Zona Franca de SEAT, en aquel entonces todavía el centro de trabajo más importante y donde estaban las secciones sindicales más importantes, el acceso a la gestión de las contrataciones.

Las consecuencias negativas fueron inmediatas. Las cúpulas sindicales obtuvieron un poder importante, numerosos afiliados en otras ocasiones críticos, se arrastraban ante los delegados sindicales sirvientes de las cúpulas, para solicitar la contratación de hijos, amigos y familiares. Pero era un poder con los pies de barro, la dirección de la empresa exigió concesiones a los sindicatos en la negociación colectiva y los conflictos laborales.

La discriminación en las contrataciones generó división y malestar. En esta situación Antonio y su equipo exigieron transparencia en las contrataciones y justicia, considerando la situación de quienes tenían más hijos sin empleo o más necesidades, defendiendo que las contrataciones no podían limitarse a los familiares de trabajadores de SEAT por principio de solidaridad.

La respuesta del aparato sindical fue rápida y contundente. De las advertencias y amenazas, se pasó a la represión sindical.

Antonio y su equipo no cedieron y fueron expulsados de CCOO de SEAT en 1989. Con ellos marchó una gran parte de la afiliación. Fue el principio del fin de la hegemonía de CCOO en el conjunto de SEAT y abrió las puertas de par en par al clientelismo, debilitando enormemente la independencia de los grandes sindicatos.

Reorganización del sindicalismo de clase y asambleario en SEAT Martorell

Para Antonio la expulsión de CCOO fue un hecho doloroso. Tantos años de lucha para ver como su sindicato se degradaba y contemplar como la empresa reforzaba su poder. Pero, tenía la convicción que las organizaciones son instrumentos y no un fin en sí mismo. En respuesta, reorganizaron las fuerzas constituyendo el CIS (Colectivo de Izquierda Sindical). Su voluntad no era constituir una organización más y a continuación se promovió una aproximación con la organización de CNT (congreso de Valencia) en SEAT. Tras comprobar que había grandes coincidencias con el modelo sindical de clase y asambleario, y tras un diálogo donde se concluyó con la necesidad de respetar la pluralidad de ideas en la organización sindical, se produjo la unificación en la organización que más tarde se denominó CGT.

Antonio fue reconocido como el portavoz de CGT en SEAT Martorell y dicha sección sindical incrementó su afiliación hasta acercarse al millar. En las elecciones sindicales superó ampliamente los 2.000 votos, consiguiendo una presencia minoritaria, aunque significativa, en el comité de empresa que permitió tomar importantes iniciativas de lucha y en ocasiones desbordar al sindicalismo representado por UGT y CCOO.

Defensa de la igualdad de género en SEAT

La defensa de la igualdad en las condiciones de trabajo entre mujeres y hombres fue un objetivo fundamental para Antonio y su equipo. En los años 90 en la factoría de SEAT Zona Franca las compañeras no tenían las mismas posibilidades de acceder a los lavabos que los hombres. La lucha de las compañeras, entre las que destacamos a Nuria Margais, y el apoyo del sindicalismo de clase que conectó con el movimiento feminista de aquellos años, junto con la campaña de denuncias y acciones delante de la fábrica, forzó a la dirección de la empresa a rectificar y poner en marcha más lavabos para las compañeras.

Contra el Toyotismo en SEAT y la flexibilidad laboral

La multinacional VW intentó repetidamente avanzar hacia el modelo de producción y relaciones laborales denominado Toyotismo, por ser el modelo que funcionaba en la multinacional japonesa Toyota.

Dicho modelo incrementaba la explotación laboral al eliminar derechos laborales adquiridos, imponía una polivalencia que facilitaba la movilidad del personal a conveniencia de la empresa, estimulaba el control del trabajo y la insolidaridad, el incremento de los ritmos de trabajo, lo cual aumentaba los beneficios de la empresa.

El sindicalismo de clase, representado especialmente por Antonio y su equipo, hizo una gran labor de denuncia que facilitó la resistencia de la plantilla en SEAT, y frenó en gran medida la aplicación de este modelo.

Lucha por la reducción de jornada y contra el abuso en las horas extras

El objetivo de reducir la jornada de trabajo, sin reducir el salario, fue una constante en el compromiso del sindicalismo de clase en SEAT liderado por Antonio, incorporando dicha reivindicación en las plataformas de la negociación colectiva.

Para la multinacional, flexibilizar la jornada y el calendario laboral permitía incrementar la capacidad de producción sin aumentar la plantilla, lo cual significaba aumentar las horas extras, en definitiva, empeorar las condiciones de trabajo.

La organización de la oposición de la plantilla a tales prácticas injustas y abusivas dio lugar a importantes conflictos laborales.

La Huelga General como instrumento de lucha unitario de la clase trabajadora

Ante las reiteradas agresiones de los gobiernos de turno contra los derechos e intereses de la clase trabajadora en España, Antonio siempre impulsó el apoyo a las convocatorias de Huelga General convocadas por las direcciones de los sindicatos mayoritarios, a pesar de que en la mayoría de las convocatorias no tuvieron en cuenta la opinión del sindicalismo alternativo de clase, y despreciaban la ampliación del frente sindical para preparar mejor y asegurar el éxito de la Huelga General.

Para Antonio y su equipo siempre prevalecieron los intereses generales de la clase trabajadora, dando un apoyo incondicional a las luchas por objetivos justos, independientemente de las diferencias o lógicas desconfianzas hacia las cúpulas sindicales.

Conclusiones para la memoria histórica de la lucha sindical

El compromiso de Antonio Gil, también de su equipo de compañeros y compañeras en SEAT, con la lucha de la clase trabajadora y la convicción sobre su papel como sujeto central para la transformación social, fue muy importante en la construcción del sindicalismo de clase y las luchas obreras que se sucedieron en SEAT durante su presencia como trabajador en la fábrica.

La comprensión sobre los diversos factores que explican el debilitamiento del papel de la clase trabajadora, algunos de carácter sociológico como la reducción del peso de la industria y el incremento del sector servicios, las deslocalizaciones, la precarización laboral, y otros de tipo ideológico y subjetivo como la actitud de sometimiento y pérdida de la independencia de las cúpulas sindicales en el conflicto con la patronal y los gobiernos, teorizando la inutilidad de las Huelgas Generales en la época del secretario general de CCOO Antonio Gutiérrez, o la claudicación en la reforma de las pensiones públicas de 2011, nunca llevó a Antonio a cuestionarse el papel central de la clase trabajadora, sino todo lo contrario, a esforzarse más en la construcción del sindicalismo de clase y asambleario.

Esta voluntad es un claro mensaje a las generaciones futuras de la clase trabajadora, tarde o temprano, las crisis del sistema capitalista abren nuevas oportunidades para la lucha social. Cuanta más conciencia de clase y más organización, más posibilidades que la alternativa de la transformación social se haga realidad.

La lucha del movimiento de los indignados del 15M, las marchas de la dignidad en España, el movimiento de los chalecos amarillos en Francia, expresan la existencia de un movimiento de contestación social de fondo. Los efectos económicos y sociales de la pandemia del Covid-19 que golpean brutalmente a la clase trabajadora ponen de actualidad los conflictos de clase.

La aportación de Antonio a la lucha de la clase trabajadora ha estado basada en la defensa de los principios y las lecciones del sindicalismo de clase, la independencia del sindicalismo de clase ante las maniobras de la patronal y los gobiernos para comprarlo y domesticarlo, la defensa de la unidad en la acción, anteponiendo los objetivos comunes a los intereses de grupo o parte, el empoderamiento de la clase a través de su participación en los debates y decisiones en las asambleas de fábrica, o en el interno de la organización sindical, y una gran capacidad para integrar la pluralidad de corrientes y opiniones, siempre desde la clarificación de posiciones, sin rehuir los debates, pero con una actitud fraternal y responsable.

Más que nunca, ante el horizonte convulso que se adivina, la recuperación de la memoria de la trayectoria sindical de compañeros y compañeras como Antonio Gil, es una labor muy útil en la tarea de reorganizar el movimiento obrero y fortalecer el sindicalismo de clase, unitario y asambleario.

2/11/2021

Diosdado Toledano González, trabajador jubilado de SEAT y compañero de Antonio Gil.



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La fuente original de este documento es:
Viento Sur (https://vientosur.info/antonio-gil-mainar-un-sindicalismo-de-clase-asambleario-unitario-solidario-e-internacionalista/)



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