PDVSA: Entre producción, descontento y hambre

Resulta común en estos días, al mirar o revisar la prensa digital o impresa, encontrarse con artículos de opiniones ó entrevistas de miembros del gobierno, y hasta de propios y extraños del que hacer de la vida petrolera venezolana, haciendo proyecciones, planes o estableciendo las formas o formulas que debemos seguir para lograr el tan anhelado objetivo planteado por el alto gobierno y exigido por nuestro principal aliado capitalista, China, de incrementar los niveles de extracción de crudo o remontar la cuesta negativa que día a día se acentúa. Lo que al parecer no han considerado estos señores es que para llegar a la meta debemos contar con una serie de factores o elementos en la proporción y condición mínima necesaria para: primero, detener el declive; segundo comenzar a recuperación de las instalaciones y tercero, la remontada de la cuesta. Pero, ¿Qué necesitamos para que estas tres fases se den?

Las respuestas a lo planteado en el párrafo anterior, de manera sucinta, están directamente relacionadas a: 1.- Inversión (inyección de capital), para la recuperación de instalaciones y detener el declive; 2.- Atención al personal profesional, técnico y artesanal, es decir, cómo tanto lo han publicitado en prensa, radio y televisión, atención al principal recurso de nuestra industria petrolera: Sus Trabajadores.

Entonces, ¿Qué ha pasado con los trabajadores petroleros venezolanos? ¿Por qué pedir atención si fueron éstos la bandera de propaganda de la revolución? ¿Dónde quedó su gallardía, capacidad de lucha y trabajo? ¿Qué relación existe entre el trabajador y la caída de la producción de crudo?.

Muchas son las preguntas que surgen, por ahora tocaré un pequeño aspecto de la metamorfosis del trabajador petrolero en tiempos de revolución, para ello tomaré como ejemplo el caso de lo que hoy se vive en las instalaciones del comedor industrial de PDVSA Gas Anaco.

Es deplorable la situación de enfrentamientos, humillaciones, entre otras, a las cuales debe someterse un trabajador, sin importar la industria en la que éste se desempeñe, para lograr alcanzar un plato de comida. Realmente inaudito como el símbolo del trabajo, del trabajador de otrora sea hoy por hoy motivo de pena. Es denigrante ver a los niveles a los que ha llegado el trabajador petrolero en su búsqueda necesaria de cubrir una necesidad vital como lo es la comida. Podemos extendernos en comentarios y puntos de vistas cercanos o lejanos a la realidad que hoy viven muchos trabajadores en PDVSA Gas Anaco pero nada como vivirlo para saber lo que se siente y lo que puede pasar por la mente de estas personas que deben a diario dejar su dignidad humana a un lado para poder obtener un bocado, que en muchos de los cuales, quizás en la mayoría, carecen de las condiciones nutricionales necesarias para satisfacer realmente la necesidad o demanda alimenticia de una persona, de un ser humano. Cabe preguntarnos en este punto, ¿a que obedece esta situación, por qué, a pesar de todos los contratiempos y malestares que esta situación ha generado, no se ha hecho nada al respecto pero no algo para amedrentar al trabajador sino para dar solución justa, precisa y de calidad a esta situación?. Raya en lo aberrante la actitud de los que hoy tienen en sus manos la dirección de la empresa, muchos de los cuales llegaron a criticar los hechos de una llamada "PDVSA de la cuarta" pero que hoy llevan a cabo prácticas que socavan la dignidad humana. Recuerdo como en los albores de las expropiaciones petroleras se hablaba de dignificar a los trabajadores de las empresas trasnacionales y sin embargo hoy vemos como la situación es ignorada o simplemente invisibilizada por esos mismos que hablan de luchas y de dignidad del pueblo. A estos tipos cabe preguntarles, ¿a que planeta pertenecen los trabajadores petroleros que son ignorados o simplemente excluidos de los beneficios, planes o acciones que a según están destinados a resolver las problemáticas sociales?.

En conversación con un compañero de labores, intercambiando opiniones sobre la problemática actual, éste expresó, a modo de interrogante, ¿y si todo esto realmente es un plan para llevar a la empresa a la situación actual? Por supuesto que en este punto cambian las argumentaciones y cobran sentido la relación de semejanza, causa y efecto.

¿Es que existe un plan, ajeno a los trabajadores, dentro de PDVSA que busca el colapso total de la empresa? ¿Cuál es el objeto de este plan?.

Todo parece indicar que así es. En el asunto particular que nos atañe, el enfrentamiento entre dos fuerzas representaría la excusa perfecta para cualquier intervención y la justificación para la neutralización de las fuerzas, el enfrentamiento permanente, activo o pasivo, de los grupos y por supuesto el desvío de la atención de éstos y el camino libre para los ideólogos para seguir recogiendo lo que tanto han planeado.

El Hambre como mecanismo, el enfrentamiento como excusa

Lo que ayer se dibujaba como una solución justa, consciente y necesaria hoy se ha convertido en una carga para trabajadores y comunidades. A diario se dan choques que por su magnitud no deben dejar de llamarnos la atención.

Los servicios médicos colapsados, falta de medicinas para empleados, familiares y comunidades ha llevado al personal trabajador a quejarse en pasillos, oficinas y demás espacios de la empresa donde la convivencia entre industria y comunidades se ha vuelto una batalla constante. La capacidad de atención ha sido rebasada, trabajadores y familiares que aducen a un supuesto beneficio que les corresponde, luego de décadas de luchas, hoy los ven perdidos ante comunidades que esgrimen ser el alma y corazón de la revolución sin mediar en respeto ni límites.

El comedor industrial no es la excepción. A diario comensales de las comunidades aledañas se apostan a la entrada esperando a ser atendidos, mientras trabajadores hacen los propio para obtener un plato de comida. En esta competencia se suman los jubilados, quienes luego de entregar años de trabajo y esfuerzo a la empresa y el país deben seguir luchando para obtener una comida porque el fruto de su entrega hoy sólo les alcanza para morir lenta y tortuosamente, muy lejos de lo que la jubilación significó y fue en otrora. Esto se ha vuelto una calamidad en la que obtener el anhelado almuerzo pasa por obtener un puesto entre los primeros de la fila ya que de o ser así se corre el riesgo de quedarse sin comida, o que esta ya no cuente con las porciones con las que contaban los primeros platos. ¿Cómo se logra esto? Simple, llegando temprano para ser primeros; esto ocasiona malestar entre las dirección y los trabajadores quienes en la competencia, que no es mas que una forma de batalla, deben salir cada vez mas temprano para lograr su objetivo que no es otro que el de cubrir una necesidad vital como lo es la comida y que negársele, aunque no descabellado para la dirección, representaría un acto de barbarie. Así día a día jubilados, empleados y comunidades se reúnen en una confrontación a celebrar o reclamar triunfos o fracasos basados en el hambre de un pueblo que no se distingue como tal sino que se precisa como castas, grupos o tribus como así se lo han hecho saber los responsables de sus atenciones y dirección.

Al final de la repartición sólo quedan mujeres, hombres y niños con el gozo de la necesidad cubierta a expensas de las penas de otros que no alcanzaron el objetivo pero que mañana volverán para seguir batallando por un día más de vida.

Al final de la jornada hombres y mujeres continúan trazando límites invisibles entre unos y otros de manera de seguir alimentando las diferencias que tanto prometieron políticos profesionales borrar pero que ante las calamidades y miserias a las que son sometidos los diferentes bandos es imposible hacerlo. Estas diferencias, al calor de las dificultades, día tras día se acrecienta regido por el inexorable enfrentamiento que justifique la culminación de un servicio, la destrucción de los trabajadores de forma física, mental, moral, y la intervención por parte de un orden anárquico-militar amparado en un justificativo estratégico.

Esta realidad que viven los compañeros de PDVSA Gas Anaco es la realidad que vivimos todos los trabajadores de PDVSA ya sea en este u otro escenario de la industria, que se hace lamentable dada la indolencia a la que fuimos inducidos a través del cultivo de nuestras miserias, envidia, egoísmo, que no nos permiten ver como lo que tanto pregonamos salvar y ser nuestro cada día esta mas lejos de ser…

Perderemos PDVSA así como perdimos la dignidad humana…

 

 

noelmarinna@gmail.com



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