Un aporte a la nueva Ley del Trabajo

La nueva Ley del Trabajo, o como se llame, debe de prever un mecanismo eficaz para que los trabajadores al servicio de la administración pública, que no sean funcionarios públicos, no sean víctimas de unos privilegios de dicha administración que la coloca por encima de la propia Constitución en detrimento de los derechos de los trabajadores.

Me explico, un trabajador despedido por un organismo público al cual, como es costumbre no se le pagan sus beneficios sociales, se encuentra con una pared de concreto armado para poder cobrarlos. La Administración Pública tiene unos privilegios según los cuales si no se presenta a las audiencias, pues no importa, igualmente se dan por contradichos los alegatos del trabajador, si no contesta la demanda, en el caso de los juicios, igualmente no importa, están contradichos los alegatos del trabajador, el problema pasa, en los casos judiciales, a la audiencia de juicio prolongando la agonía del trabajador. Aunque estén a derecho a los Organismos públicos hay que notificarlos expresamente de todo y por último para ejecutar la sentencia, si es que sale a favor del trabajador, hay que esperar a que se prevea la deuda en el próximo presupuesto. Es decir después de dos o tres años de lucha, a veces pagando abogado, todavía hay que esperar y muchas veces en vano, para cobrar.

Por supuesto el funcionario encargado de atender los reclamos y juicios (para el cual se preveen sanciones que desde luego nunca se aplican), jamás se ocupa de ellos, y el trabajador despedido, bien gracias esperando.

La administración pública puede conservar sus privilegios en los casos de otra índole, mas en los laborales es por demás injusto pues estamos frente a débiles jurídicos que debían ser los privilegiados.

Aunque la carga burocrática no es atribuible a la Ley, tenemos que insistir que hay que racionalizar las nóminas, los Ministerios, las gobernaciones, las Alcaldías no pueden tener una cantidad de gente sin hacer nada que luego, al llegar el nuevo "jefe" los bota y no les paga y los sustituye por otra cantidad de parásitos, en cambio los Tribunales, los hospitales, por ejemplo están escasos de personal lo que redunda en retrasos y mal servicio.

Igualmente quiero expresar mi humilde opinión sobre la jornada de trabajo, entendamos que hay beneficios que no pueden ser mejorados, por ejemplo la jornada, si hoy la pusiéramos en 6 horas, pues mañana a lo mejor habría que ponerla en 4 y después en 2 y más tarde pues a quedarnos todos en casa durmiendo, absurdo. La jornada de 8 horas diarias, sobre todo entre nosotros que no somos ni chinos ni japoneses (es decir llegamos tarde, hablamos y tomamos café hasta por los codos, chateamos continuamente, etc. etc.) y no me digan que es mentira porque yo, como todos nosotros tenemos que esperar en los bancos, en los Tribunales, en las tiendas, en los cafés, en todas partes hasta que el que nos tiene que atender llegue, le cuente a sus compañeros lo que le pasó, chatee, hable con el novi@ y demás, para que nos atienda y muchas veces de mala manera.

La jornada de 8 horas que yo trabaje por más de 30 años y aunque me esté mal el decirlo, la trabaje completa sin esas aberraciones, es más que apropiada, más aún si contamos con una semana de carnaval, otra de semana santa, tres o cuatro puentes en el año, 12 días feriados, lunes bancarios, 2 meses y medio de vacaciones escolares, y casi un mes de vacaciones tribunalicias amen de las vacaciones particulares de cada uno de los funcionarios de los Tribunales, los días de ferias y un sin fin de días que no se trabaja por cualquier causa, debemos mejor crear conciencia de la necesidad de cumplir con nuestro trabajo durante toda nuestra jornada, dando los funcionarios públicos, los maestros, los jefes, el ejemplo.

veoch@hotmail.com


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Victoria Elena Otero de Chacín


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