(VIDEOS) La gran mentira del 11 de septiembre

Mentiras, montajes y cintas de vídeo

Desde los trágicos sucesos del 11S de 2001, Internet ha sido un hervidero de noticias, reportajes, leyendas urbanas o artículos de opinión que ponían en duda la versión oficial de los ataques a Washington y Nueva York. Sin embargo, tal y como propone Chomsky en la definición del modelo de propaganda que rige el hacer de la mayoría de los medios de información actuales, el debate no ha trascendido a la opinión pública quizá un poco con la excepción de Francia. En el país galo el encumbramiento hasta el número 1 de ventas del controvertido libro de Thierry Meissan, La gran impostura, ha creado cierta alarma social y un aluvión de réplicas y contrarréplicas que ha hecho que el tema trascienda las tertulias de café hasta lugares destacados en de medios como Le Monde o C+.

En España, el debate no ha salido de los círculos llamados de pensamiento alternativos, donde ni siquiera ha tenido un eco destacable a pesar de que la citada publicación está situada entre las 10 más vendidas del verano. Un artículo de opinión de El País se limitaba a criticar las hipótesis vertidas por Meissan por descabelladas, pero hacía una llamada al esclarecimiento de multitud de las dudas que la lectura le había provocado en su interior.

En cualquier caso, cuestionar el modus operandi y la propia autoría de un hecho que prácticamente todo el mundo vio por televisión más o menos en directo parece arriesgado, aunque como indica brillantemente Ignacio Ramonet en su ensayo La Tiranía de la Comunicación, las televisiones y, por ósmosis o añadidura los demás medios buscan únicamente impactar con la imagen del directo para llegar al corazón o la sensiblería del espectador. Son cada día más manifiestamente incapaces del análisis profundo de los hechos y se han convertido en meras correas de transmisión de los gabinetes de prensa de las administraciones o las grandes corporaciones.

Así las cosas todos vimos con nuestros propios ojos lo que sucedió y casi simultáneamente oimos miles de declaraciones oficiales de condena, repulsa y “explicación” de los hechos que nos han hecho asociar en nuestra mente ambos aspectos de un mismo hecho noticiable que, a priori, pueden o no estar directamente relacionados.

Como explicitaba Fromm en su ensayo “El miedo a la libertad”, luchar contra la opinión imperante, aunque se haya interiorizado cual dogma de fe es, cuando menos, laborioso. Exige grandes dosis de esfuerzo e ingentes cantidades de tiempo para recopilar, seleccionar, leer y analizar toneladas de información que pueda ayudar a formarnos una sólida opinión, bien asentada en pilares veraces, más o menos impolutos. Pero sobre todo, exige una actitud mental que, desde planteamientos cartesianos, usando la duda continuamente como método de trabajo, modifique nuestro acercamiento a la realidad de una manera abierta, liberándonos de los prejuicios y ataduras creadas tras lustros de aplicación del modelo de propaganda imperante en los media.

Los hechos
Sabemos que dos aviones chocaron contra las Torres Gemelas del WTC, eso es un hecho incontestable que ha quedado grabado en millones de retinas y pasará a los anales de la historia como uno de los momentos que hicieron cambiar el destino del planeta. También sabemos que, presumiblemente, otro avión impactó contra un ala del Pentágono y que otro cayó en Pensilvania en extrañas y contradictorias circunstancias.

Parece igualmente demostrado que una serie de ciudadanos árabes tomaron clases de vuelo y dejaron una serie de ineludibles pruebas de su fiiación e intenciones. En el mundo árabe integrista, además de algún estado, sólo la red Al-Qaeda de Bin Laden tenía suficiente infraestructura para perpetrar unos atentados de esta naturaleza, por lo que las sospechas se dirigieron desde las primeras horas después de los atentados contra esta organización y el país que la cobijaba, Afganistán.

El cúmulo de pruebas presentadas por Bush a Blair y otros mandatarios occidentales, parece no dejar duda sobre la autoría de los hechos, la guerra es inminente. El desenlace final es de sobra conocido. Este país es destruido por enésima vez, las víctimas civiles de esta desigual guerra sobrepasan con creces las del World Trade Center… pero el Mullah Omar y Osama Bin Laden siguen vivos y dirigiendo sus odios hacie el occidente cristiano.

Norteamérica vive aterrada por la posibilidad e réplicas del terremoto del 11S. Cuando el miedo decae, las autoridades se encargan de recordar la amenaza o la inminencia de nuevos ataques a edificios de viviendas, a centros financieros, etc. La temida guerra bacteriológica hace acto de presencia en forma de cartas con anthrax.

Los estadounidenses aceptan gustosos recortes a sus derechos civiles a cambio de seguridad. A la Patriot Act, cuyo sólo nombre haría sonrojar a cualquier europeo medio, le siguen una serie de iniciativas de espionaje electrónico y ridículas tentativas de convertir a Estados Unidos en “un país de soplones” en palabras del sociólogo James Petras.

Las pruebas, directas o circunstanciales
Pero detrás de tanta evidencia subyacen multitud de preguntas, dudas y cuestiones insatisfechas. En esta tesitura es hasta lógico que surjan las más variadas hipótesis que intenten llenar las lagunas que las versiones oficiales no cubren. Resumidamente, el cúmulo de lapsus que encontramos en las explicaciones de los portavoces occidentales se refieren a:

1. El conocimiento previo de lo que iba a suceder
La prensa árabe hablaba desde los primeros días de que mucha gente que trabajaba en las torres no acudió ese día a su centro laboral. Concretamente hablaban de empresas o gente de religión / nacionalidad judía. En los mentideros de internet se repetía hasta la saciedad la noticia de un conflicto diplomático con agentes del Mossad que fueron expulsados silenciosamente de Norteamérica acusados de espionaje poco después de los atentados. Conforme se han ido conociendo detalles, otras publicaciones hablan de que hasta 5 servicios secretos estaban al corriente de lo que iba a suceder. Dejando a un lado la veracidad de estas informaciones, difícilmente contratables, enfrentar un hecho incontestable. Desde tempranas horas del martes negro, soldados permanecían apostados sobre los tejados de la base aeronaval de Rota totalmente pertrechados para entrar en combate. El personal civil español fue invitado a abandonar zonas sensibles de la base tal y como recogió la prensa local y podido constatar personalmente a través de testigos directos. Está claro que algo –o todo-- sabían. Si estaban al corriente porque fueron avisados o porque se tratase de una conspiración desde el interior del establishment, eso ya es otro cantar.

2. Los movimientos de tropas previos al 11-S
La decisión de invadir Afganistán hacía mucho que ya estaba tomada. Según un informe de la petrolera Unocal, era necesario un gobierno “amigo” en la zona para que con la estabilidad necesaria, facilitaran la construcción del gasoducto que evacuaría las reservas petroleras del Asia Menor, las segundas en importancia del planeta. Los meses previos a los atentados, Egipto y el mar de Omán eran escenario de un despliegue de varias decenas de miles hombre de la OTAN y el Reino Unido. Todo se estaba fraguando. Los talibán intentaron negociar con los USA a la desesperada su reconocimiento a cambio del oleoducto. Pero era demasiado tarde, la maquinaria militar estaba a punto en el verano de 2001.

3. Los movientos bursátiles
El 11-S vino de perlas para encubrir el pinchazo de la burbuja tecnológica y la misma entrada en un ciclo recesivo más o menos profundo. En buena parte, se culpó a Bin Laden de la crisis económica global. Pero nada más lejos de la realidad, gracias a los atentados es bien posible que se comience a remontar la recesión por un aumento desmesurado del gasto público norteamericano. Es evidente que no se trata de consolidar el precario estado del bienestar de los USA, sino de aumentar los gastos militares y los derivados del control interno de su sociedad. Política peligrosa donde las haya porque Europa, que ya supera ampliamente a EEUU en PIB y se niega a entrar en el juego que considera acabado tras el fin de la guerra fría.

Lo realmente sospechoso es que pocos días antes del atentado muchos y poderosos inversores abandonaron los siempre seguros valores de las aseguradoras y reaseguradoras y los de las compañías aéreas, migrando sus capitales hacia empresas de armamento y, sobre todo, petroleras. El volumen de transacciones ha sido tan elevado que muchas voces creen que los dolosos sucesos son achacables a operaciones financieras de alto nivel. La mayor parte de las compras y ventas vinieron de una sociedad de inversiones presidida hasta hace poco por un consejero del director de la CIA. La cosa se sigue complicando, máxime cuando es público y notorio de Bin Laden y su gente tenía bloqueadas sus cuentas desde 1998.

4. La autoría de los hechos
A las pocas horas -minutos según alguno de los instructores de vuelo de los suicidas- de los trágicos sucesos y sin una prueba tangible que soportara el veredicto previamente dictado, se confeccionó rápidamente un culpable a quien dirigir toda la rabia generada por las muertes de inocentes en los atentados. Posteriormente, los intentos de búsqueda de las pruebas necesarias para que la opinión pública no dudara del veredicto apriorísticamente dictado han sido realmente patéticos. El baile de informes probatorios que no pueden mostrarse por afectar a la seguridad nacional de los EEUU que únicamente son revisadas por lo mejores e incontestables aliados de la política exterior del imperio, ha rayado el puro histrionismo. Los informes prometidos que nunca vieron la luz trataron de acallarse con el grupo de famosos vídeos de Osama Bin Laden. De dudosa interpretación, alguno de ellos incluso de imposible audición, verdaderos expertos en psicofonías del gobierno americano apoyados en tecnologías de última generación, desvelaron lo que nadie más era capaz de oir: la confesión final del acusado en el acto final de la guerra de Afganistán.

Pero incluso admitiendo la autoría de Bin Laden, como prueba el último de los vídeos publicado durante los fastos del 1 aniversario, existen multitud de lagunas sobre los ejecutores de los atentados. Parece absurdo plantear cómo alguien con escasísimas horas de vuelo y algunas partiditas en simuladores informáticos sea capaz de acertar con los objetivos marcados con tanta y mortífera precisión. Ocho meses después, en un loable intento de parcheo de la versión oficial, apuntaban que Mohamed Atta, el líder de los suicidas estuvo previamente en las torres gemelas y señaló el objetivo con un GPS cuyas coordenadas --una vez corregidas en sus desviaciones-- fueron introducidas en los pilotos automáticos de los aviones. Otras versiones recientes apuntan incluso al uso de balizas activadas en las mismas torres del WTC para iluminar el objetivo. Lo que está claro es que ya ningún analista serio puede creer en la efectividad de unos pilotos noveles que manejaban por primera vez un aparato de esas características.

Las pistas dejadas por los presuntos autores son poco menos que esperpénticas. Las maletas de Atta en un inverosímil trasbordo previo al vuelo definitivo, un manual de pilotaje de aviones de pasajeros en el aparcamiento, unos rezos coránicos burdamente falsificados para las horas previas al suicidio… y un impecable pasaporte que milagrosamente se salva de las llamas en un incendio y derrumbes posteriores donde casi nada permanece reconocible, ni siquiera las cajas negras (¿?)

Pero Atta tampoco da el perfil de un suicida integrista, frecuentaba bares y cabarets y bebía alcohol. Nada comparable a un clásico barbudo. Su pasado como agente de la ISI, el servicio secreto pakistaní y auténtica sucursal de la CIA en la zona presupone que tuvo (¿o tiene?) contactos con las cañerías del gobierno americano de quien recibió ingentes cantidades de dinero meses antes de los atentados.

De la lista proporcionada por el FBI, varios de sus compañeros que presuntamente iban en los aviones secuestrados han afirmado en Internet que siguen con vida en Arabia Saudí, algo que ha sido refrendado por el propio gobierno sin que se conozcan desmentidos posteriores. ¿Secuestradores, señuelos, hombre de paja, o simplemente asesinos virtuales?. La asociación de víctimas de los atentados ha acusado al gobierno saudí de los mismos, ya que considera que es imposible que Osama trabajara sin el apoyo de un estado fuerte que los apoyase. Desde las “tecnificadas” cuevas de Tora Bora, esas que nunca nos mostraron salvo en magníficas infografías virtuales, un puñado de desarrapados no podría haber dirigido tan magna salvajada.

5. Los daños
Por motivos de extensión, es imposible aquí entrar en profundidad sobre el cúmulo de dudas que suscitan las reacciones de los edificios afectados tras los choques. Brevemente puden resumirse en:

· Un avión de aluminio y fibra de carbono no puede atravesar como su fuera mantequilla una estructura de acero, es pura física. Incluso las alas penetraron profundamente en el edificio, algo que han puesto en duda arquitectos, bomberos y expertos en estructuras y resitencia de materiales.

· La hipótesis de que un avión perforara 3 anillos de edificaciones del Pentágono, se derritiera y evaporara sin dejar rastro alguno es un puro absurdo. Mienten, mienten y mienten. Algunos sondeos no científicos realizados en internet arrojan datos de desconfianza de la versión oficial de lo acontecido en el Pentágono no es aceptada por casi un 80% de los españoles. Atravesar 3 cinturones de baterías antiaéreas sin sufrir daño alguno tampoco es creíble por alguien con algo de sentido común. Si se observan los daños en las fotografías proporcionadas por el US Army, la perforación inicial previa al derrumbe era poco más grande que la puerta de un garaje. De las alas, las mismas que se colaron hasta la cocina en las torres del WTC, ni rastro de sus efectos sobre el edificio.

· La caída de la torre VII anexa a las gemelas y una base vital para la CIA en sus actividades de espionaje económico, también está llena de misterio. Numerosos testigos afirman haber visto un fuerte incendio en la planta ocupada por la Inteligencia momentos antes del derrumbe achacable a una explosión, que en un principio, pareció oírse igualmente antes del colapso de la primera torre del WTC.


6. Los antecedentes
Prácticamente en la totalidad de los conflictos en los que Estados Unidos ha participado en la historia reciente se han desencadenado tras una acción de dudoso origen. La voladura del Maine en la guerra de Cuba o los ataques en la bahía de Ton Kin en la guerra de Vietnam son los más paradigmáticos, aunque las sombras afectan a muchos más, incluida la II Guerra Mundial. Sorprende ver desclasificado y publicado el plan Northwood, que planeaba invadir Cuba usando como pretexto un atentado castrista contra un edificio civil norteamericano con un avión previamente “secuestrado” que, durante el vuelo es sustituido por uno militar dirigido por control remoto de similares características con la misma señal localizadora para los radares. Hoy, desde el punto de vista técnico, esta solución sería bastante más fácil de llevar a cabo.


7. Los réditos
En todo juicio de esos a los que nos tiene acostumbrado Hollywood el tema de las pruebas circunstanciales siempre juega un importante papel en el desenlace de este soporífero género del cine de consumo. Veamos los beneficios del atentado a dónde han ido dirigidos. El tema del control de los yacimientos de Asia Menor y cercar a Rusia con bases militares en antiguas repúblicas, aislándola de las rutas de transporte de gas y petróleo no es baladí. Tampoco lo es el tener pretextos más o menos presentables ante la opinión pública para terminar por controlar las reservas de crudo iraquí y más adelante las de Libia u otras, antes de que la Unión Soviética o Francia lo hagan con sus respectivas empresas y lobbies.

Para el consumo interno, la lábil democracia liberal ha sido herida de muerte a nivel planetario. La promulgación de la Ley Patriótica en EEUU, las excepciones al cumplimiento de los derechos civiles en el Reino Unido o Canadá, la adopción masiva del espionaje a la mensajería electrónica en los servidores de correo (Carnivore) o la bendición de las interceptaciones de todo tipo de comunicaciones (Echelon) o la propia LSSI en nuestro país responden a un modelo más o menos homogéneo de control social de corte fascistoide y ámbito mundial, deseado por gobernantes atados a corporaciones transnacionales que necesitan de la docilidad

El veredicto
Visto lo que antecede, con las graves sospechas que sobrevuelan en el caso, denunciando la falta total de colaboración en el esclarecimiento de los hechos que han demostrado en los Estados Unidos, denunciando el uso atemorizador que hacen del 11S como medio de control social interno, denunciando el uso que hacen continuamente de los atentados para justificar la invasión de países y el robo de sus recursos... me atrevería a condenar al gobierno americano como NO INOCENTE de los hechos

*******************************************************************************************************

La célebre e impactante conferencia de 20 min. del profesor David Griffin acerca de las falsedades del informe de la Comisión del 11 de Septiembre.

Dividida en cuatro partes de 5 minutos cada una, subtitulada en español por Carlos Sicilia.

Videos fuente: http://www.youtube.com/csicilia


Video # 1




Video # 2




Video # 3




Video # 4




Esta nota ha sido leída aproximadamente 98301 veces.


La fuente original de este documento es:
Indymedia Argentina (http://www.nodo50.org/bitsrojiverdes/wordpress/)



Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter



Notas relacionadas



US mp N GA Y ab = '0' /tiburon/n83443.htmlCd0NV CAC = Y co = US