Genial bellacada imperial

Desde el punto de vista del decadente Obama, el promesero incapaz, una manera segura de recuperar respaldo e imagen entre el pueblo usano y los que siguen creyéndole al arruinado Imperio, es unir a republicanos y demócratas mediante una fórmula genial, magistral, sublime...

Dicha maravilla consiste en la creación de un sitio web, a nombre de Bill Clinton y George W. Bush, que se encargaría de canalizar toda la ayuda posible, de todas las fuentes, destinada para Haití.

Buscando darle respetabilidad a la marrulla, la han denominado “Fondo Clinton-Bush”, aunque al invocar la página, el apellido Bush se antepone al Clinton, como lo deben haber exigido los republicanos para resarcirse del premio Nobel de Paz concedido a Obama sin merecerlo en absoluto.

Tan meritoria tarea debe conmover al mundo, si es que la mayoría de la población sigue siendo idiota (o cobarde y “prudente”) y quiere continuar de rodillas.

La desproporción del abuso pretende notificar al universo que USA es la gran potencia, y los demás países, sus obligados siervos, a los que no se les consulta ni se les tiene en cuenta. Sólo los utiliza en su beneficio y a su arbitrio.

La invasión del idiota a Irak, desoyendo a la comunidad internacional y pisoteando la carta de la ONU, lo demuestra de sobra, y confirma que es una práctica inveterada del ahora tambaleante Imperio.

A los organismos internacionales idóneos, que cuentan con el respaldo de los demás países y con cierta confianza de la población, se los pasa por la faja; los desconoce olímpicamente.

No le merecen ningún respeto la Cruz Roja, la ONU, la OEA, pero pretende que el criminal tarado y mitómano, George W. Bush, todavía impune, resucite como un benefactor de la humanidad, después del reposo en su año sabático.

Semejante iniciativa de Obama demuestra que está ahogado por los halcones, quienes lo manejan como a un títere, inspirándole e imponiéndole sus asombrosas iniciativas.

El protagonismo de los republicanos es mayor día a día, pero no se niegan a aliarse con los demócratas, al menos en los niveles de los potentados empeñados en impulsar la guerra mundial que les permita resolver su crisis desplegando su enorme y letal arsenal militar.

Desde luego, de prosperar, la piadosa y previsiva iniciativa permitirá que la reconstrucción de Haití sea controlada por la feliz pareja de genocidas; ambos, bombardeadores de la cuna de la civilización.

Sin dudas, no dudarán en contratar la reconstrucción de la castigada republiqueta con las firmas usanas encargadas de reparar lo que la flamante pareja de asesinos destruyó, sobre todo lo que corresponde al idiota despreciable Bush, con sus impresionantes bombardeos sobre Afganistán e Irak, transmitidos en vivo y en directo por la televisión.

Lo de Clinton es viejo. Su gran motivo parece haber sido el intento de ocultar el escándalo -tan grave para la sociedad pacata y criminal-, de sus relaciones sexorales con una pasante en la Casa Blanca, Mónica Lewinsky. A estas alturas, lo que destruyó es posible que ya haya sido reconstruido.

Y lo del papá de Bush, primer bombardeador usano de la Mesopotamia, con mayor razón. El motivo de este ex director de la CIA, fue la invasión de Kuwait por su hasta entonces protegido Hussein.

Actualmente, lo que recuerdan las generaciones más recientes son los bombardeos del mentiroso bobo asesino, George W. Bush -digno heredero de su homónimo y criminal padre, también ex presidente-, sobre Afganistán e Irak, que ha continuado el demagogo hawaiano, extendiéndolos a Pakistán.

Este “parto de los montes”, o “monigote de los halcones” (el inverosímil presidente negro en USA) está interesado en aplicarles tan rentable pirotecnia a Venezuela, Uruguay, Argentina, Paraguay, Brasil, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, y unas cuantas islas caribeñas, cuando menos.

Busca cobrarles su insubordinación a los gobernantes díscolos y, de una vez, abandonar cualquier escrúpulo para apropiarse de las riquezas de los países, expropiando a sus legítimos dueños, los respectivos pueblos.

En cuanto a Haití, USA y los halcones, por su arrogancia de única gran potencia imperial, consideran natural asumir totalmente el control de la sufrida nación, imponiéndole el futuro que les parezca y convenga, independientemente de lo que piense el pueblo.

Recogerá -y los manejará a su criterio y en su propio beneficio- los recursos donados por la humanidad, adolorida con la tragedia. Adelantará la reconstrucción a su conveniencia y con sus potentados, sin importar los interese y conveniencias de las víctimas.

Y garantizará el cumplimiento de su decisión imperial con la invasión militar, inicialmente integrada por 10.000 efectivos o “héroes americanos”, como les gusta denominar a sus jóvenes convertidos de “personas honorables” en asesinos por obra de los halcones.

Así se lo espetó en la cara Cindy Sheehan al despreciable Bush Jr., al acusarlo de la meurte de su hijo, víctima de sus abusivas guerras.

Mientras tanto, el resto del mundo, boquiabierto y tembloroso, considera si le conviene aplaudir la medida -que reivindicará al criminal Bush como una mansa oveja, altruista y generosa- para no darles motivos de enojo a los ogros desesperados por esconder la crisis que han causado y cada vez los debilita más.

La guerra es la única heroína capaz de salvar a héroes tan de pacotilla, mentirosos, ladrones, asesinos y desalmados. Se alimentan del crimen, y están hambrientos y sedientos. Lo ideal sería dejar que los consuma su merecida inanición, en vez de seguir cediéndoles los derechos de la humanidad a vivir con dignidad y ser dueña de su destino.

Pero esto jamás lo intentarán los gobernantes. Es cuestión que sólo puede resolver la humanidad, esos seres comunes y corrientes, si despiertan y ejercen como ciudadanos dignos y no como párvulos en busca de redentores y protectores.

Cada uno de nosotros es parte de esa indolente pero poderosa humanidad. ¡Ejerzamos!

Conquistemos nuestra dignidad, nuestra igualdad, nuestra libertad; todos nuestros derechos.

Reconozcámonos como personas evolucionadas y no como lobos.

Erradiquemos la violencia; construyamos la paz; detengamos a los halcones.


d.botero.perez@gmail.com


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