Que vergüenza

Es una vergüenza mundial que EEUU tenga prisiones secretas en distintas partes del mundo, en las que practica la tortura en forma rutinaria contra gente detenida en países invadidos o a través de actividades de sus cuerpos de inteligencia con la CIA a la cabeza. Esta conducta es totalmente inaceptable, mucho más en nuestros tiempos, cuando el desarrollo de la humanidad ha originado una cultura mundial de respeto y consideración por los seres humanos, que incluso se ha extendido a otros seres vivientes. Hoy existen acuerdos internacionales que prohíben y condenan este tipo de conductas, las cuales eran frecuentes en períodos anteriores de la historia del mundo, en los que el avance cultural de las sociedades era de mucho menor grado que el supuestamente hoy existente.

En un sistema mundial verdaderamente racional, sería inentendible que un país desarrollado, como EEUU, retrotrajera sus prácticas con prisioneros de guerra o de rapiña, a las ejecutadas en períodos históricos que se pensaba superados hace ya varios siglos. Totalmente inaudito que al Presidente de ese país, responsable de la permanencia de ese tipo de prácticas, se le haya otorgado el Premio Nóbel de la Paz, lo que simplemente significa que, para por lo menos parte del mundo desarrollado, esas prácticas siguen siendo perfectamente válidas cuando se aplican a determinados grupos humanos, los cuales no son considerados realmente humanos. De hecho, las mascotas en EEUU, Inglaterra, España y otros países, son objeto de mayores consideraciones y de mayor preocupación gubernamental y de la gente común.

Sin lugar a dudas, el Nóbel de Obama es una burla y una bofetada para la mayoría de los pueblos del mundo, a la vez de ser una demostración de soberbia y autosuficiencia y un mensaje de dominación. La vergüenza que sentimos es mayor, cuando sabemos que los tres países, principales sedes de estos aberrantes establecimientos, fueron en el pasado parte de un sistema que constituyó la esperanza de un mundo mejor, más humano, justo y solidario. Lituania, Polonia y Rumania, formaron parte del llamado socialismo real y hoy nos avergüenzan con su pervertida conducta, al permitir la instalación y funcionamiento de estas cárceles de la indignidad. No sólo no construyeron el hombre nuevo que decían formaban, sino que retrocedieron creando inquisidores medievales o de épocas anteriores.

Nuestra vergüenza radica en haber apoyado lo que decían se estaba construyendo en esos estados, víctimas de su propaganda, de nuestro consecuente antiimperialismo y de los deseos por lograr el definitivo triunfo de un mundo mucho mejor al actual.




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Luis Fuenmayor Toro


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