Human Rights Watch: camino a la desestabilización en Venezuela

Con su pretendida imparcialidad en materia de derechos humanos, la organización no gubernamental Human Rights Watch (HRW) se encuentra hoy en franco camino hacia la desestabilización en Venezuela.

Como si intentara sumar puntos a su expediente contra proyectos progresistas en América Latina, directivos de HRW protagonizaron hace cuatro días en Caracas un episodio abiertamente provocador contra la institucionalidad en el país suramericano.

De inmediato las autoridades venezolanas decidieron expulsar al director para las Américas de la organización, José Miguel Vivanco, y su colaborador Daniel Wilkinson por realizar campaña política violando sus status de turistas.

Ambos divulgaron un informe de 300 páginas intitulado “Una década de (presidente Hugo) Chávez” con el propósito de validar acusaciones repetidas hasta el cansancio por la Casa Blanca y en el que aseguraron que la institucionalidad había retrocedido.

Con la presentación del documento, el Observatorio –surgido en 1978 para desestabilizar a la entonces Unión Soviética en tiempos de guerra fría- puso al descubierto que no es más que uno de los tantos apéndices de la injerencia estadounidense.

Su etapa de mayor influencia fue entre 1991 y 1995 cuando fue promotora y defensora de la guerra de Yugoslavia que terminó con la fragmentación de ese país.

Tom Malinowski, director de la Oficina de Washington de HRW, declaró que el objetivo de su organización “no es acabar con la guerra; se trata de cambiar la manera en la que los Ejércitos hacen la guerra”.

Entre los directivos de HRW se encuentran ex funcionarios diplomáticos y legisladores norteamericanos, miembros de equipos de propaganda anti-soviética durante la guerra fría, ex funcionarios de inteligencia, grandes empresarios, pero muy pocos militantes del movimiento de derechos humanos.

Su principal financista es el multimillonario norteamericano de origen húngaro George Soros, a quien se relaciona con movilizaciones masivas de recursos que provocaron la crisis financiera en México de los años 90.

Pero la principal obsesión de HRW en los últimos años, sin dudas, lo ha sido Venezuela. Al principio intentó convertirse en analista objetiva del proceso de cambios que vive el país desde la toma de posesión de Chávez en 1999.

Durante el golpe de Estado contra el mandatario venezolano en abril de 2002, al Observatorio de Derechos Humanos comenzó a caérsele su careta. Pero un año después ya no pudo ocultar sus intenciones contrarias al gobierno.

Si revisamos la actuación de esta organización, vemos que dos meses antes del golpe hicieron un llamado a la Organización de Estados Americanos (OEA) para que tomara cartas en Venezuela, recordó el ministro de Comunicación e Información, Andrés Izarra.

Al año siguiente, continuó, desató una campaña feroz contra la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión siguiendo las órdenes y la línea política del departamento de Estado norteamericano.

“Ya basta, este gobierno está decidido a defender la dignidad del pueblo de Venezuela, a proteger los intereses del país y a no permitir una nueva estrategia de desestabilización, en la cual HRW es una herramienta activa”, afirmó.

Vivanco, hoy un defensor a ultranza de sus derechos humanos, fue funcionario diplomático de la dictadura de Augusto Pinochet entre 1986 y 1989 ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Al llegar la democracia a Chile en 1990 se desvinculó de la función diplomática y fundó el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional, con sede en Washington.

Desde septiembre de 1994 se desempeña en su cargo de Human Rights Watch desde donde ha sido un feroz opositor a todo lo que huela a progresista en la región.

Curiosamente la expulsión el jueves de este personaje y su ayudante generó airadas protestas de diversos sectores gubernamentales y parlamentarios en Chile, lo que reforzó la idea de que era parte de la campaña internacional contra Venezuela.

La respuesta de la mayoría de los venezolanos, en cambio, fue de apoyo incondicional al gobierno que vio como los caraqueños se movilizaron para respaldarlo.


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Roberto Hernández (Prensa Latina)


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