Ruralidades

El trío: Uribe, Santos, Ravell

Son ustedes los actuales santos rebeldes que infiernizan el mundo por encargo del viejo diablo, reencarnado como transitorio inquilino de la Casa Blanca. Gozan el garabato de la guerra cuando se lleva a las madres con sus niños, siempre que no sean los suyos. Mientras tanto un consejo: échense fresco donde alguna vez tuvieron testículos, para que el disfrute sea completo.

Pero de lo que si pueden ustedes estar seguros es que los seguidores de Jesucristo, el hombre, que como tal murió; que los hijos del Libertador Simón Bolívar, con Hugo Chávez Frías a la vanguardia, no vamos a caer en provocaciones guerreristas de un asesino a mansalva y por mampuesto, que los dos traidores al pueblo de Gaitán emulan, mientras el antipatriota de Globovisión hace el coro a las mil mentiras y, en conjunción diabólica con el babieca de Otero Castillo, ruega porque la bota yanqui se encarame en las butacas de nuestro capitolio.

Señores del trío de la guerra y acólitos, nosotros socialistas no poseemos ni la cuarta parte del arsenal de guerra que sí tiene el gobierno de los Santos y de Uribe, suministrados por los gobiernos de USA y de Israel. Pero sí tenemos vergüenza bolivariana y las uñas de Josefa Camejo y de Manuela Sáez, entre todas las mujeres. Un ejercito, ahora sí de hombres y mujeres del pueblo, al servicio y defensa de la Patria y no de barraganas con apellido Ibáñez como las que pretendieron ser las descuelladoras en la Colombia de Santander, como lo fue la judía Judith contra las amalecitas.

Sigan ustedes mintiendo como eunuco que defiende al amo. Es su oficio. Ya no tienen otro que le de tanto dividendo a la vagancia como el eco a la guerra contra los mismos países que, en la mala hora, les tendieron la cuna para que vuestras madres les arrullaran, como lo hacen todas las madres con sus hijos hasta que mueren bajo las bombas asesinas que ustedes piden que el imperio nos lance.

Esto no es un lamento, señores eunucos. Tampoco un ruego a que digan ustedes la verdad. Sería como pedirle peras a “hornos”, cual filósofo Rosales. Los pueblos saben más de vuestros subterfugios, así sean electrónicos, no sale más que un títere parecido a Goebbels, o un bundista hebreo de esos que tiran la piedra y esconden la mano.

Los pueblos intuimos que el cizañero detrás de Uribe, fue quien acordó con los yanquis de Manta en Ecuador, la masacre contra el campamento de Raúl Reyes. Que los pistoleros que remataron resuellos, después de gritar como guapetones sobre el moribundo: “ríndanse; ustedes no son hombres pa’ nosotros”, recogieron el cuerpo del luchador contra la asesina oligarquía colombiana, para desaparecerlo. Muerto y desaparecido, despojos no hablan. Hablar por y de ellos, es un sacrilegio, de lo que la jerarquía eclesiástica no ha dicho nada. Pero sí, hasta la saciedad de la supuesta computadora que, en las manos de la sumisa interpol y lector del diets, (texto impuesto a los libertos, antecesores de Colin Powell, quien lo reconoció ante Ariel Sharon) parece más bien una laptop recién adquirida, sin rasgos de maleza ni de la tierra que removieron las enormes bombas.

Algún día, mas temprano que tarde, sabremos de la mano que escribió los mil años de mentiras en esa nueva y reluciente computadora. Mentiras que, a pesar del propósito, no arrojaron los testimonios que el tergiversador de la policía mundial pretendió que la audiencia le creyera.

De nuestra parte sólo tenemos que reiterarle al señor Uribe que los pueblos de Venezuela y Colombia excepción hecha, por supuesto, de las oligarquías, somos gente de paz, pero no resignados ni resignadas. Y que se cuide del Santo atrás, porque de frente, hasta las víboras se repelen

Patria, Socialismo o barbarie. Venceremos.

pedromendez_bna@yahoo.es


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Pedro Méndez


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