¿Cuantas viviendas se podrían construir con lo que se paga?

Pagar la deuda externa no nos "libera" ni es antiimperialista

El gobierno, a través del Ministro de Finanzas y del propio Presidente de la República, acaba de anunciar con bombos y platillos, el pago de la deuda con el Banco Mundial y el FMI, la cual ascendía en 1998 a unos 3 mil millones de dólares. El ministro Rodrigo Cabezas al hacer el anunció afirmó que ahora “Venezuela es libre y soberana”. Veamos hasta que punto esto es cierto o no.

¿Cuál es el origen de la deuda externa venezolana?

Debemos recordar que la deuda externa fue contraída fraudulentamente por los gobiernos corruptos que durante 40 años disfrutaron de las mieles del poder. Debemos hacer memoria, y saber que esta deuda ilegal se contrajo gracias a los buenos oficios de adecos y copeyanos, y que favoreció a los mismos empresarios que luego organizaron el golpe de abril de 2002 y el paro-sabotaje contra PDVSA. Los mismos que fueron beneficiarios del “mejor refinanciamiento del mundo” de Lusinchi, mediante el cual el gobierno reconoció la deuda de los empresarios privados a tasas preferenciales, echando ese pesado fardo en los hombros de los trabajadores y el pueblo, quienes hemos tenido que pagar con nuestro esfuerzo y sacrificio esa criminal decisión. Entre los beneficiados por estos refinanciamientos se encontraban los banqueros que se fueron con la “cabuya en la pata”, después que Caldera les otorgara los tristemente célebres “auxilios financieros”.

¿Qué ha pasado en los últimos años con la deuda “eterna”?

El actual gobierno del presidente Chávez, ha sido uno de los que más fiel y puntualmente ha pagado la deuda externa, tanto en América Latina como en la historia de la deuda en nuestro país. A pesar de que siendo candidato a la presidencia, en más de una ocasión afirmó que no la pagaría y declararía una moratoria. Veamos los datos fríos, los cuales hablan por sí solos.

Cuando el presidente Chávez ascendió al poder en 1999, la deuda externa venezolana era de 23.314 millones de dólares, hoy, 8 años después, la deuda “eterna” es de 27 mil 236 millones de dólares, es decir, lejos de pagarse, se ha incrementado en 3.922 millones de dólares.

Pero el asunto resulta más grave si consideramos el total de dólares pagados a la banca transnacional acreedora en los últimos 8 años. El gobierno del presidente Chávez ha pagado a lo largo de este período, una cantidad similar al total de la deuda que el país tiene actualmente (27 mil millones de dólares).

Precisemos un poco más el tremendo costo que esto tiene para los venezolanos. Desde 1999 hasta el 2006, la transferencia neta de recursos a la banca y a los organismos financieros internacionales –correas de transmisión del imperialismo-, ha sido la bicoca de 16 mil 980 millones de dólares, es decir, aproximadamente un 60% de la deuda actual, y aún así, la deuda aumentó con respecto al primer año de gobierno. Esta transferencia es la diferencia entre los intereses pagados y el capital reembolsado. Ahora veamos, sólo en intereses se pagó en ese mismo período la cantidad de 17 mil 299 millones de dólares. Es bueno que quede claro que pagar intereses al capital no rebaja la deuda. Es por ello que se paga, se sigue pagando, y nunca disminuye, por el contrario, aumenta, como ya vimos previamente. Efectivamente, esta deuda es “eterna”.

¿Pagar al FMI y al Banco Mundial nos liberó?

El gobierno presenta como un gran logro haber pagado la deuda al Banco Mundial y al FMI. En primer lugar, esto representa sólo una mínima parte del total de la deuda, pero sin embargo, tuvo un gran costo para el pueblo y los trabajadores, que al final de cuenta son los que la pagan, veamos por qué: entre 1999 y el año 2006, el gobierno pagó sólo en intereses al Banco Mundial y al FMI un total de 2 mil 30 millones de dólares, es decir, un poco menos de lo que se les adeudaba en 1998 (US$ 3.314 millones). Esto significa que el gobierno al final pagó más de lo que se les debía a estos organismos que son parte del imperialismo que tanto critica el Presidente en sus discursos. Pagar a estos organismos, más allá de lo simbólico que pueda haber en ello, no nos ha liberado, ya que todavía sigue pesando en los bolsillos de los trabajadores y el pueblo el pago de lo que aún se adeuda a los bancos transnacionales. Por ejemplo, ya el gobierno tiene destinado pagar este año la cantidad de 1.432 millones de dólares por servicio de deuda externa. Y sólo entre enero y febrero del presente año ya pagó 159 millones de dólares. Nos preguntamos: ¿cuántas viviendas se podrían construir con estas cantidades? ¿Cuántos liceos y escuelas? ¿Cuánto de este dinero se podría destinar para aumentar salarios o para cubrir los beneficios de los empleados públicos o de los trabajadores petroleros, que tienen vencidos sus contratos colectivos?

Pagar o no pagar, he allí la cuestión

Pero lo anterior no es el principal problema. La cuestión planteada es si se sigue pagando una deuda ilegal, contraída por los gobiernos corruptos de AD y COPEI. Una deuda que ya se ha pagado varias veces y sin embargo, sigue aumentando.

Creemos que Venezuela no se está liberando ni es más soberana porque le haya pagado con creces al FMI y al Banco Mundial. Precisamente lo que quieren estos organismos es que se les pague, y nuestro gobierno, lamentablemente, lo hace religiosamente, y nos lo quiere vender después como un gran triunfo.

Pagar la deuda externa no sólo significa desviar recursos a bancos y organismos financieros internacionales en lugar de utilizarlos para pagar la deuda social. No sólo es un problema moral en la medida que se sigue pagando una deuda ilegal y fraudulenta contraída por los gobiernos de la IV República y por empresarios golpistas enemigos del proceso revolucionario. También es un asunto que afecta la independencia y soberanía del país frente al imperialismo.

Enfrentar al imperialismo pasa por no pagar la deuda externa

Efectivamente, no pagar la deuda externa está relacionado con la defensa de la soberanía del país frente a las constantes agresiones del imperialismo. Es un problema político, no sólo económico.

La deuda externa es un mecanismo económico de dominación e injerencia política del imperialismo en los asuntos internos de los países, en la medida que, mediante la presión y el chantaje de los bancos transnacionales y los organismos financieros internacionales, como el Banco Mundial o el FMI, se determinan y condicionan las políticas públicas que en el ámbito económico, formulan las naciones.

Por otra parte, los recursos que pagamos a la banca internacional, son utilizados por el imperialismo para agredir y someter a otros pueblos. Esos miles de millones de dólares cancelados por nuestro país sirven para pagar el combustible que mueve las máquinas de guerra norteamericanas en Irak, Afganistán y el Medio oriente, o para invadir a Haití.
De allí que nos opongamos a pagar la deuda externa, aunque sólo sea una parte, como se acaba de hacer con el Banco Mundial y el FMI. En esa misma medida, “ayudar” a otros países a pagar la deuda externa con el FMI, como ha sido el caso de Argentina, no es para enorgullecerse o sentirse “contento”, como recientemente afirmó el presidente Chávez. Simplemente se está cooperando en mantener los lazos de sojuzgamiento con esos organismos financieros del imperialismo, que gustosos reciben estos recursos que servirán para mantener su dominio sobre los pueblos, a costa de la cuantiosa deuda social que aún se tiene tanto con nuestro pueblo como con el pueblo argentino.

El presidente Chávez, en lugar de pagarle a estas agencias del imperialismo, y de “ayudar” a otros a cancelar sus compromisos con estos pulpos explotadores, debería utilizar su liderazgo continental para convocar a una cumbre de presidentes latinoamericanos, especialmente a los que se reivindican “progresistas”, para declarar una moratoria conjunta de la deuda, y exhortar a dichos gobiernos a realizar una auditoría de la deuda externa.

miguelaha2003@yahoo.com






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Miguel Angel Hernández

Profesor de Historia en la UCV y miembro del comité impulsor del Partido Revolución y Socialismo. Como marxista, Hernández aboga por el definitivo rompimiento con el capitalismo en Venezuela y por la construcción del socialismo.


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