Binóculo N° 403

La política rastrera

Va a ser difícil encontrar gente de la calidad de Hugo Chávez, Néstor Kirchner o Lula Da Silva. Fue una generación de oro de la política latinoamericana. Y fue tan efectiva y con tanto futuro que el enemigo actuó de inmediato: acabó con ese gen de raíz. Claro que no sabríamos qué habría pasado a futuro, pero no hay duda de que el avance -con tan solo diez años más- hubiera sido enorme. Lo suficiente tal vez para desprenderse y avanzar como un bloque.

Pero la historia es así. Hay que contarla hacia adelante para poderla entender hacia atrás. Por eso apareció un militar en Venezuela a reivindicar la historia. No fue el primero. Ya antes lo hicieron Omar Torrijos en Panamá, asesinado por la CIA, Francisco Alberto Caamaño de Ño en Santo Domingo, también asesinado, los militares nacionalistas y revolucionarios peruanos con Juan Velasco Alvarado al frente, y una pléyade (permiso por el término) de dirigentes civiles, encabezados por el ecuatoriano Jaime Roldós Aguilera, Luis Carlos Galán, que, aunque no siendo marxistas, entendieron el proceso político de la región de manera diferente.

Ese valioso proceso histórico de reivindicación de la patria grande, fue duramente torpedeado por el Big Brother, que se encargó de diseñar, primero, campañas sumamente agresivas con oposiciones tarifadas de nuestros respectivos países. En ese contexto, se incluyó a lo peor de la canalla: los terroríficos medios de comunicación, ahora perfectamente orquestados y financiados por los organismos estadounidenses del sabotaje y el espionaje. Un aspecto de esa canalla siempre me pareció curioso: mientras los lideres hablaban de la integración, la oposición hablaba de nacionalismo. Sin duda una receta del imperio. Cuando nada de eso dio resultado, apelaron a la planificación rubicunda, casi transparente y morsal del asesinato. Y por supuesto que no requirieron al casi prehistórico disparo en la cien por un francotirador, sino a métodos mucho más melífluos y sutiles.

Recuerdo la cumbre de la Celac entre el 2 y 3 de diciembre de 2011 en Caracas, en donde Chávez se lanzó uno de los mejores discursos que yo haya escuchado en los últimos 40 años de la política latinoamericana. Durante esa gran cumbre de Jefes de Estado, pareció entenderse la necesidad de que la unidad como única salida. También el imperio entendió la necesidad de matar ese bebé (la Celac), porque adulto sería enemigo.

Unos años antes, por allá en el 2004, recuerdo que, en plena crisis argentina, Chávez le pidió que le fabricaran a Venezuela ocho supertanqueros petroleros, en los astilleros albiceleste. "Tenemos la voluntad política de construir los ocho buques en la Argentina. Pero todavía se deben hacer los estudios técnicos para verificar si existen las condiciones técnicas para ello", dijo Chávez en ese momento. La realidad era que Venezuela le estaba sacando la pata del barro a los argentinos, sumidos en una profunda crisis económica entonces.

Fue planificada la desintegración de esa generación de líderes que sin duda encaminaban al continente por otros rumbos. Los asesinatos funcionaron, al menos el de Chávez y el intento a Lula. Y después, el liderazgo fue sometido a una serie de subterfugios jurídicos que buscaban anular y desintegrar esa capacidad de conducción. Así cayó Dilma Rousseff, quien fue destituida por una acusación que a todas luces evidenciaba la tramoya.

La muerte de Kirchner, la prisión de Lula y el asesinato de Chávez, dieron al traste con los sueños de un mundo mejor. Y para sentenciar definitivamente los hechos, pusieron mandatarios signados por el reptilismo, el celestinaje y el complejo de asesinos, sin escrúpulos, dispuestos a cualquier cosa por los amos.

Si hacemos un balance de todo ese proyecto, solo queda Cuba que lastimosamente no es más que eso, una isla, acorralada por el Big Brother y sin mucha posibilidad de influencia, Nicaragua que batalla todos los días por no sucumbir a las presiones, sabotajes y bloqueos económicos; y Venezuela, sometida a la más descarnada, cínica y brutal agresión económica que cualquier país pueda tener. Incluso podríamos hablar de genocidio porque el hecho de que no se permita la compra de medicinas y alimentos, lo hace aún más crítico, y más cruel.

Y en el caso de Venezuela, ha sido mucho peor aún, puesto que la presencia de una nueva generación de "dirigentes" sin criterios, sin formación política, sin cultura, sin concepto, sin amor por la historia y por el país, desataron un comportamiento que dirigentes de la Cuarta jamás se hubieran atrevido. No solo con la entrega de bienes del Estado, sino con la exigencia a fuerzas extranjeras que actúen contra Venezuela. Un ensañamiento más allá de la imaginación. Porque además es gente que ni siquiera tiene idea de lo que es un país.

Así, la región se ha convertido en una especie de "sálvese quien pueda", donde pululan los gobiernos entreguistas; y los que pretenden salvar a sus pueblos, hacen cualquier cosa en aras de conseguir los recursos internacionales para ejecutar políticas en sus naciones, que en la mayor parte de las veces en nada ayudan a sus propios pueblos. El voto de Argentina en contra de Venezuela en la Organización de Naciones Unidas (ONU) en torno a si en Venezuela se viola los derechos humanos, es una demostración de la bajeza a la que llegó la política. Lo que ignora el lector, es que seguirá bajando. No existe ya la deontología en la política (yo diría que ni en las profesiones). Por lo pronto, tanto Paraguay como Colombia, son ya narcoestados, casi abiertamente declarados. ¿Cuánto falta para que los demás se arrastren a los designios del Big Brother? No creo que mucho. Los sueños de Chávez se fueron al traste.

Caminito de hormigas…

45.000 cauchos se encuentran en los depósitos de Good Year. Porqué están allí y no a la venta, es un misterio. "El gerente provisorio de la empresa, puesto por Maduro, está esperando para negociarlo a Colombia", me comentó un dirigente sindical… Mientras un Comité de Trabajo, negocia con la Inspectoría del Trabajo y la directiva de Venvidrio, para mejorar sueldos y beneficios, el gobierno está en conversaciones para privatizarla. De 15 líneas de trabajo, había solo dos operativas. El sábado en la noche se dañó una. Es decir que trabaja una sola.



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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