Trump y su guerra arancelaria

Los aranceles son los tributos aplicados a los productos que arriban al país mediante el proceso de importación. La Organización Mundial de Comercio señala que "Los derechos de aduana aplicados a las importaciones de mercancías se denominan aranceles. Los aranceles proporcionan a las mercancías producidas en el país una ventaja en materia de precios con respecto a las mercancías similares importadas, y constituyen una fuente de ingresos para los gobiernos".

En términos prácticos, al ingresar las mercancías por las diferentes aduanas (aéreas, terrestres o marítimas) el contenido de la carga es verificado con la finalidad de aplicar una tasa sobre el valor de la carga, el cual variará dependiendo directamente del tipo de producto (Clasificación Arancelaria) y el país de origen.

Productos considerados estratégicos para un país pueden tener una tasa de 0% y estar totalmente exonerados de permisos de importación. Esto se aplica principalmente a productos agrícolas, alimentos, medicamentos, a materia prima para el encadenamiento productivo o a bienes de capital. En el otro extremo se encuentran productos que compiten con la producción nacional del país, sobre los cuales se aplican mayores tasas (por ejemplo 30%), con la finalidad de proteger la industria local. La variable del país de origen es también muy importante, en virtud de la existencia de acuerdos bilaterales o multilaterales que posibilitan la libre circulación de mercancías entre bloques comerciales sin que se tengan que cancelar ningún tipo de tasa.

Cada país es autónomo para establecer acuerdos bilaterales de preferencias arancelarias con las naciones que desee. Igualmente, algunos países forman parte de bloques comerciales que permiten establecer acuerdos preferenciales regionales y continentales para la integración aduanera y la conformación de zonas de libre comercio. Ejemplo de ello tenemos el Mercosur, la Unión Europea y el T-MEC (México, Estados Unidos, Canadá).

La aplicación de políticas arancelarías también permite controlar el flujo y los volúmenes de las mercancías que entran o salen de cada país, el cual puede ser restringido mediante la emisión de contingentes o cuotas anuales. Los aranceles generan un efecto fiscal positivo por la alta recaudación que genera; permite evaluar la característica y calidad de la balanza comercial entre países. En su aspecto negativo, su aplicación encarece de manera directa los precios de los productos objeto del arancel.

En este contexto comercial, con un muy específico y estricto basamento legal y normativo regido por la Organización Mundial de Comercio, aparece el deschavetado de Donald Trump amenazando a diestra y siniestra con sanciones comerciales, tanto a sus amigos (socios preferenciales) como a sus enemigos (aunque sean imaginarios).

Las amenazas y acciones concretas de represalia, mediante aumentos discrecionales en los aranceles a productos provenientes de países objeto de su efervescente ira, representan de facto ilegales sanciones políticas y económicas. Es una guerra de aranceles en pleno siglo XXI. Una abominable herejía proveniente del obsesionado país propulsor del neoliberalismo salvaje, ultrajando así sus dos máximas premisas: el libre comercio y el libre mercado. A esto se le llama proteccionismo puro.

En el caso de China, Trump realizó acusaciones sin fundamento alguno y para nada ha formalizado sus denuncias ante la OMC. Los acusa de violar derechos de propiedad intelectual, pero nada que inicia querellas ante las instancias correspondientes. Es evidente que la pataleta de Trump está impulsada por su desesperado empeño de reducir el enorme déficit comercial con China.

Estados Unidos es un país eminentemente importador. Pero la Balanza Comercial con China superó al cierre del año 2017 los 600.000 millones de dólares, donde China exportó a Estados Unidos más de 500.000 millones de dólares en productos y solo importó unos 125.000 millones. Es decir, el déficit de la balanza comercial para Estados Unidos es de más de 375.000 millones de dólares. El intercambio comercial se concentra principalmente en el sector industrial, energía, agricultura y transporte. A pesar de todos los intentos de Trump por disminuir el déficit esto ha sido imposible. La industria americana no ha podido producir internamente los productos que requieren y tampoco han logrado acceder a otros mercados con precios competitivos a los ofrecidos por las fábricas chinas. Así, al cierre del año 2018, el déficit con China se incrementó para ubicarse aún más lejos, en 419.000 millones de dólares.

Está claro que todas las medidas aplicadas por el inefable Trump ("America First") han fracasado. Quedan las dudas si las sanciones en marcha tendrán algún impacto. Esto a pesar de que se concentran en más de 5.000 productos por un valor de 200.000 millones de dólares, los cuales pasarán de tener tasas de entre 5 y 10% para situarse en un tope de 25%, afectando la competitividad de los productos elaborados en Estados Unidos utilizando materia prima objeto de las sanciones.

China importa muchos menos productos desde Estados Unidos, pero en reciprocidad aumentará los aranceles a productos por valor de 50.000 millones de dólares. Principalmente sobre materias primas (productos agrícolas, metales, componentes eléctricos, etc.) que pueden afectar el sector industrial y primario norteamericano con la consecuente reducción directa de empleos. Exactamente lo contrario que se supone persigue Donald Trump con sus locuras.

Pero Trump no se detiene. En paralelo está la batalla directa en contra de la empresa tecnológica Huawei, bloqueando totalmente sus operaciones e impidiendo sus relaciones comerciales con empresas norteamericanas. La contraofensiva asomada por China pasa por la restricción a las exportaciones de las llamadas tierras raras (17 elementos químicos como el Cerio, Disprosio, Terbio, Lutecio, Itrio), materias primas esenciales para la fabricación de celulares, paneles solares, carros eléctricos, componentes de computadoras y equipos militares de alta tecnología.

Las insólitas y desmedidas amenazas de Trump en contra de México también encendieron las alarmas y generaron malestar hasta en el propio Congreso de Estados Unidos. El déficit comercial con México creció para ubicarse en 81.500 millones de dólares. En 2017 México exportó a Estados Unidos productos por un valor de 307.000 millones de dólares, principalmente vehículos, piezas y repuestos, equipos electrónicos y petróleo.

México, es un histórico socio comercial estratégico de Estados Unidos (miembro del T-MEC), principalmente por su cercanía (comparten 3.169 kilómetros de frontera); y por lo asequible de su mano de obra (el paraíso de las maquilas). Sin embargo, ha recibido del ocupante de la Casa Blanca una andanada de amenazas de aplicación de sanciones comerciales mediante la imposición unilateral de aranceles del 5% a la totalidad de productos que exporte México a los Estados Unidos. La nueva arremetida de Trump cuestiona la capacidad de México para enfrentar y frenar el flujo de millares de inmigrantes ilegales provenientes de toda Centroamérica cuyo destino final es Estados Unidos.

Con la soberbia que lo caracteriza, Trump anunció que había logrado un "pacto" con México. País que anunció que "desplegará 6.000 efectivos de la Guardia Nacional para controlar el flujo migratorio en sus fronteras norte y sur"; y apoyará "un programa para que migrantes que solicitan asilo en EE.UU. aguarden en México mientras se desarrolla el proceso". Todo bajo los nada diplomáticos métodos de Trump, basados invariablemente en "tres capítulos: amenaza, negociación y acuerdo".

A todas estas queda claro que Trump ha desenterrado el hacha de la guerra, el garrote imperial, para subordinar y someter por la fuerza a socios y enemigos por igual. Make America Great Again se traduce literalmente como la Diplomacia del Carrito Chocón. Dándole duro a todo el mundo, jugando en el tablero mundial de manera agresiva, hasta llegar incluso a la amenaza y la coacción. Es la camorra misma instalada en la Casa Blanca.



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Richard Canán

Sociólogo.

 @richardcanan

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