Otra de fantasmas

El fantasma que Carlos Marx y colaboradores anunciaron en el Manifiesto del Partido Comunista, generó en los países occidentales (liderados por Estados Unidos) una reacción inconmensurable. La guerra contra el comunismo articuló una estrategia intercontinental donde se integraron a la perfección la industria de la guerra, el comercio internacional y la industria cultural. Y fue tanto el provecho que sacaron de esta empresa que aún hoy es altamente redituable.

Ahora, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, reedita esta vieja fórmula del anticomunismo, anunciando la destrucción de gobiernos y sociedades como la venezolana, nicaragüense y la cubana. Y para ello, mueve su maquinaria de guerra en América Central y del Sur. Se trata, al parecer, de otro relato de fantasmas, con ectoplasmas atómicos.

Es sabido que un imperio que hace aguas, como el norteamericano, no ha de perder fácilmente su "patio trasero", sobre todo cuando ese patio está lleno de recursos y de riquezas. Para él, no se trata sólo de incrementar sus fortunas hoy, sino de garantizar su supervivencia como sociedad mañana. Por ello, se comporta como un animal feroz, que aunque herido sigue siendo altamente peligroso.

No obstante, sabemos que ni el Comunismo ni el anticomunismo son lo que eran. La imagen diabólica vomitada por el Hollywood de mediados del siglo XX de los países comunistas, resbala ante unos países (vbgr. Rusia y China), donde sus empresarios participan en la economía con garantías dadas, donde la producción mercantil y los intercambios monetarios, coexisten en el mundo internacional capitalista, donde las relaciones internacionales ocurren en medio de acuerdos y negociaciones regidas por marcos legales internacionales.

Por otra parte, el anticomunismo ya no es ese relato pavoroso donde los Estados Unidos eran los ángeles que nos salvarían del Armagedón, mientras se apropiaban de nuestras riquezas y de nuestras mentes. Muchos países (como los europeos) toman distancia de los brazos norteamericanos, no por concepciones antiimperialistas, sino por un cálculo de intereses frío, pausado. Las relaciones internacionales se han complejizado tanto, que el imperio norteño no puede jugar sus fichas con garantía plena.

Dada esta maraña de situaciones, posibilidades y opciones, entendemos que es mucho lo que se juega Estados Unidos en tierras latinoamericanas. Ahora cuenta con algunos gobiernos sometidos, suspendidos en sociedades preñadas de graves contradicciones, donde los movimientos sociales intentan reconfigurarlas. Y por ello, parece que, en el caso de Venezuela, les conviene una guerra que se "antes de los tiros", por el miedo y la presión, o una intervención bélica rápida, cuya consecución es harto difícil. Y queda Trump ante el dilema de soltar sobre nuestro país todo su poderío de guerra para conquistar rápidamente el país y riquezas, con la inminente posibilidad de generar un conflicto mundial de larga duración; o de buscar excusas para retirarse y seguir en lo que andaba antes, la asfixia económica a nuestra sociedad. En cualquiera de los dos casos, su capital electoral estará seriamente comprometido. Se halla, sin duda, en un peligroso arrinconamiento.

Por parte nuestra, sabemos que se trata ya de un conflicto mundial. Y de aquí los ataques y las múltiples muestras de solidaridad de gobiernos, movimientos sociales, y ciudadanos y ciudadanas a nivel mundial. Solidaridades que en buena parte se sustentan en una condición de espejo: "Lo que le hagan ahora a Venezuela, nos lo harán a nosotros/as luego".

Nos queda resistir hasta el final, intentar mantener abiertas las instituciones y las fuente económicas, hacer bien nuestro trabajo, buscar soluciones inmediatas y aferrarnos al proyecto constitucional a largo plazo, fomentar un nacionalismo sano, creador, buscar vínculos más allá de las organizaciones sociales y políticas en que militamos, y mientras tanto, incrementar y afianzar nuestros nexos internacionales con miras a crear un movimiento mundial por la paz, por la justicia basada en la reciprocidad, de países, movimientos, y ciudadanos del mundo.

 


juliovaldez055@gmail.com



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