La única posición correcta frente al imperialismo

La manera desembozada en la que el gobierno estadounidense (sirviéndose del peonaje de los gobiernos burgueses del Cartel de Lima) y la hipócrita burguesía Europea llevan adelante el golpe de fuerza con el que pretenden dar el zarpazo final al gobierno del presidente Nicolás Maduro e imponer esa sucursal de sus intereses en el país que es la derecha "venezolana"; y la firme determinación del primer mandatario nacional, de las fuerzas populares, políticas y militares que expresan y sostienen al régimen Bolivariano, de defender al precio que sea necesario la soberanía Nacional frente a tamaña operación intervencionista contra el país, constituyen la más abrumadora demostración de la naturaleza de los intereses que están en pugna en el país y el carácter internacional de las fuerzas que objetivamente los encarnan en esta etapa crucial de nuestra historia.

En tal sentido, la defensa de Venezuela frente a la agresión de la que es objeto no solo pasa por la posición internacional del gobierno de Nicolás Maduro frente a tamaño desafío, sino por el carácter mismo de los países que lo protagonizan: las potencias imperialistas por un lado, contra los países históricamente dependientes de los dictados de los grandes centros de la economía mundial capitalista. Desde esta perspectiva, en Venezuela no se está jugando la vigencia del derecho internacional, antes bien, se está poniendo a la vista de la humanidad, una vez más, los estertores de la arquitectura jurídica-institucional sobre la que se sostiene el orden mundial que hoy hace aguas bajo los impactos, cada vez más brutales, de los conflictos desatados por la decadencia del sistema capitalista sobre el que se erigió, imponiendo en las relaciones internacionales el lenguaje de la fuerza bruta de las potencias imperialistas, que en sus afanes de rapiña y piratería internacional, al tiempo que riñen entre sí, se lanzan como hienas sedientas sobre la garganta de los países otrora denominados del tercer mundo, so pena de la ley internacional sobre cuyas pilares las potencias vencedoras afianzaron las relaciones entre los países del mundo luego de la ultima carnicería mundial desatada por el capitalismo (1939-1945); se está ratificando, también, que las posibilidades de efectiva aplicación de esa legalidad internacional –y su institucionalidad- solo encuentra cauces, en tanto y en cuanto descanse en relaciones de fuerzas determinadas por alineamientos o alianzas internacionales, lo suficientemente poderosas como para contener o morigerar las presiones guerreristas del imperialismo, aunque no para hacerlas desaparecer.

Superponer consideraciones morales a la hora de juzgar el carácter de tales alianzas, cuando precisamente los gobiernos de los magnates europeos y yanquis quieren obligar a la humanidad a creer que se han comprometido a reconocer las leyes internacionales solo dentro de los límites que ellos crean necesarios, no puede tomarse sino como un desatino vergonzante.

De ahí la significación política internacional de Venezuela y de su gobierno bolivariano en la compleja coyuntura actual: es la víctima de la violación de la legalidad internacional, tanto en las formas de asedio no militares (económica, financiera, diplomáticas, etc.) como en la propiamente militar que esgrime sin ambages el gobierno imperialista estadounidense; pero también en la forma "pacifica" de la refinada Europea (no menos imperialista y acompañada de gobiernos dóciles… de "izquierda"), consistente en imponer la celebración de elecciones a la medida de su tutelaje y no de las normas que rigen la vida interna de Venezuela; todas por igual, dirigidas a destruir todo vestigio de soberanía y autodeterminación nacional.

Cabe preguntar, parafraseando a un gran revolucionario: ¿Quién les dio el derecho para controlar la política interna y los procedimientos legales de un Estado independiente?

No es difícil comprender porque la intransigente negativa de la dirección política y militar del gobierno bolivariano a ceder ante esta operación en que la lógica jurídica ha sido reemplazada por el cinismo imperialista", la derecha local (y socios menores reclutados de las excresencias que el proceso revolucionario ha dejado a su paso) la denuncien como "afán de una camarilla corrupta de perpetuarse en el poder al precio que sea" y/ o, en su defecto, en base para instrumentar formulas claudicantes revestidas de falso pacifismo que llaman a celebrar referéndum para "relegitimarlo" todo y evitar la guerra.

El valor de tal intransigencia ha servido, además, para poner al desnudo la hipocresía sin límites de las potencias más ricas y poderosas del planeta, que hacen gala de preocupación por "las necesidades y padecimientos del pueblo venezolano", mientras en los países del continente en manos de sus lacayos los pueblos se hunden en las más horribles desigualdades, y en el mundo el caos, el desamparo, las enfermedades, el hambre, la destrucción, la desesperación y la muerte por millones, son el pan nuestro de cada día repartido en abundancia por el capitalismo. Tal es la verdadera naturaleza de clase del uso y abuso de la problemática económico social venezolana como recurso discursivo para destruir al gobierno Bolivariano. "Maduro tiene que irse", es todo cuanto tienen que ofrecer a las víctimas de las desigualdades y la opresión de un sistema que las reproduce de manera incontenible, y en el que suenan las alarmas de un próximo estallido de la economía mundial, de consecuencias, según analistas preocupados por la salud del capitalismo, más destructivas que las de la última crisis de 2008-2009.

En ese cuadro, resulta no menos significativo es el hecho de que ante los pueblos oprimidos del mundo, en particular los de nuestra América, resuene la firme voluntad de un gobierno, y las masas que lo sostienen, de defender la soberanía y la independencia nacional frente al neo coloniaje que pretenden imponerle, señalando con esa actitud la única opción posible que cabe ante las amenazas que se ciernen sobre todos, reafirmando de ese modo la perspectiva histórico-programática que está en los genes de la revolución bolivariana, que tanto y tan bien supo cultivar en las masas populares el Comandante Chávez.

A todas estas, la cuestión de si la defensa de Venezuela no pasa por la defensa del gobierno de Nicolás Maduro, con la que cierto "marxismo" pretende dictar cátedra y aleccionar con artículos de opinión, en nuestra modesta opinión, no puede tomarse sino como confesión de prosternación y bancarrota moral.

El hecho cierto y concreto es que Venezuela tensa, y no puede dejar de tensar, las fibras de la solidaridad internacional, y nunca como en esta hora definitoria de nuestra historia, la cuestión de la unión de las victimas de la opresión y la expolición burguesa capitalista se nos plantea con tan grave urgencia. La cuestión central es que urge oponer una respuesta común frente al enemigo común en cada uno de los pueblos latinoamericano-caribeños. Tal vez sea ese el más grande de los desafíos que el momento asigna a los revolucionarios antiimperialistas y anticapitalistas de nuestro continente, precisamente cuando las campañas de xenofobia promovidas por las burguesías en cada país, buscan sembrar división y odio entre los oprimidos y explotados, para solo provecho del gran capital y su maquinaria de guerra.

Desde este punto de vista, y más allá de sus dimensiones e incidencia, cobra significativa importancia el papel de las organizaciones sociales, políticas y culturales que, desde la perspectiva de la defensa de los intereses de las clases oprimidas y las reivindicaciones democráticas de los pueblos, se enfrentan a los gobiernos lacayos del Cartel de Lima en sus respectivos países, y frente a lo que sucede en Venezuela fijan clara posición de rechazo al intervencionismo imperialista, reivindicando el derecho a la autodeterminación del pueblo venezolano. Empero, en rigor, la importancia de ese papel, no reside en la significación de sus luchas locales y en las declaraciones de rechazo al imperialismo, como si en la posibilidad de estas trasciendan a convertirse en el primer paso concreto en el camino que conduzca a transformar la solidaridad declarativa con el pueblo venezolano, en acción militante, antiimperialista y anticapitalista, de las masas oprimidas en Argentina, Brasil, Colombia, etc., contra las oligarquías capitalistas locales que hoy están coaligadas bajo la batuta imperialista para imponer, por un lado, los planes del gran capital en crisis en sus respectivos países y, por el otro, destruir a sangre y fuego al gobierno de Nicolás Maduro y todo vestigio de revolución en Venezuela (para aleccionar al resto), real joya de la corona de la acción punitiva del imperio.

De ahí la importancia y la trascendencia de asumirse hoy militante revolucionario, de afirmarse como anticapitalista y antiimperialista, o más genéricamente como militante de izquierda: implica el reto de ser los artífices de una solidaridad mucho más firme y consecuente que la de los Estados que hoy tambalean ante las presiones de las potencias imperialistas.

A este respecto, debe apuntarse algo que no puede soslayarse: en no pocas declaraciones contra el intervencionismo y de defensa de la autodeterminación de los pueblos, se hallan verdaderos contrabandos ideológicos, muy afines a los intereses de las viejas clases dominantes en esta hora de coalición reaccionaria mundial contra gobiernos no sumisos frente a la burguesía mundial. De ahí que (tal como nos proponemos demostrar en una próxima entrega) el que ha debido representar el primer paso en la dirección superadora arriba referida, se haya terminado convirtiendo en el ultimo de cierta "izquierda" que con sus declaraciones no ha hecho más que convertir en su propia tumba política el abismo que las separa, no ya de las masas, sino de la naturaleza real de los acontecimientos, precisamente en un momento en el que pueblos y trabajadores necesitan ideas de lucha consecuentes que sirvan para orientarse en la madeja de los acontecimientos, y no declaraciones ampulosas de bancarrota y abyección que las pongan a la orden de los intereses de sus enemigos históricos.

Porque aunque resulte ocioso decirlo, en Venezuela no está en pie de combate un gobierno en abstracto, sino uno que, a pesar de muy graves contradicciones y falencias, se sostiene en la voluntad de millones de hombres y mujeres del pueblo que están resueltos a defender, en unión cívico-militar- la soberanía y la autodeterminación nacional frente a las potencias que las amenazan. Un hecho que la derecha, por razones obvias, se empeña en ocultar, y que solo cínicos seudorevolucionarios, llevados al límite de la bancarrota política y moral, se atreven a negar… sirviéndose de los mismos medios de prensa que la derecha internacional utiliza para tapar tal verdad.

Por lo pronto, solo resta decir al imperio y sus amenazas: "Ave Cesar, los que van a morir te saludan".



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