Venezuela no es Panamá

En los últimos días hemos visto, con más asombro que preocupación, una fuerte avanzada imperial en el ámbito mediático que busca propagar la noción de que una guerra contra venezuela no sería tal, sino que más bien se parecería a una especie de "operación quirúrgica", al mejor estilo de las películas hollywoodenses, sin combates y sin víctimas.

Según esta matriz, posicionada desde laboratorios de guerra psicológica, una entrada de los marines a Miraflores no dejaría un saldo mayor a una decena de militares muertos, (todos leales al régimen y por ello prescindibles) y la muerte de algunos civiles que aún se mantengan fieles al dictador (que quizás pudieran ser algunos de sus más cercanos "esbirros").

En esa alucinación, y en un plano secuencia, veríamos un helicóptero posarse sobre el Palacio Blanco y a unos "militares rosaditos y altotes" llevandose esposado al tirano más tenebroso y horrendo en la historia de la humanidad. Las redes sociales estallarían en una alegría que nos llevaría a varios días celebración y a emprender el camino hacia una "democracia sin chabestias", así el país volvería a la normalidad de las novelas enlatadas y de los pobres en el lugar que se merecen … y colorín colorado.


Posicionando esas fantasías, los aparatos propagandísticos yankis bluffean sobre sus capacidades operativas en nuestro territorio y sus operadores (encubiertos, o no) buscan generar un quiebre en la moral revolucionaria al propagar la idea de que una posible operación militar "contra el régimen de Nicolás Maduro" sería una jugada limpia al estilo de la "operación de extracción" hecha por los gringos en panamá, para sacar del poder a Manuel Noriega. Según estas falacias, las fuerzas imperiales harían una intervención, corta y sin resistencia de ningún tipo.

Lo malo de vivir en un constante y enfermizo embeleso holliwoodense, es que se soslayan datos que hacen que la ensoñación proimperialista choque contra la pared de realidad de un escenario bélico en pleno desarrollo (Saludos Walter).

Los aparatos de propaganda imperial mienten tanto por lo que dicen, como por lo que callan. En sus prestidigitaciones discursivas les gusta obviar que la invasión a Panamá (llevada a cabo un 20 de diciembre de 1989), fue un acto de soberbia imperial que, aunque fue vendido como la captura de un narcopresidente, era una demostración del poderío imperial que buscaba demostrarle a los pueblos del sur la superioridad militar del (para entonces) nuevo policía global

Lo que sucedió tras los bastidores de esa invasión es harto conocido; la Operación Causa Justa, usó la lucha contra un Narcorégimen para ocultar la necesidad de los halcones del pentágono de controlar el canal interoceánico y, tras la invasión, la Casa Blanca proclamó y juramentó (en un portaaviones de la armada imperial) a un dictadorzuelo, Guillermo Endara, que mantendría el control yanki sobre el canal de Panamá para luego acabar con la fuerza armada de ese país

Recordemos también que en 1989, Venezuela le había brindado a los pueblos del mundo el primer acto de insurrección popular que desafió los designios del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. En febrero de ese año, Caracas marcó la ruta de lo que luego sería la Revolución Bolivariana y los efectos que tuvo esa insurrección popular, sobre la realidad política global, aún no han sido bien dimensionados. Entonces, en febrero de 1989, Caracas lanza un gancho al hígado del neoliberalismo y en diciembre de ese año el imperio le muestra al mundo lo que pasaría si ese episodio heroico de los barrios venezolanos volviese a suceder, en cualquier lugar de su "Patio Trasero".

En el terreno concreto, no hay nada más lejano de la realidad que una operación quirúrgica en Panamá, que para entonces tenía una población de menos de 3 millones de personas. Los think tanks imperiales obvian, interesadamente, que fue una intervención que se desarrolló en 15 días; con combates de calle entre un ejército nacional de 3.500 hombres, contra al menos 30mil oficiales yankis, que dejó a El Chorrillo (Una zona popular de la capital panameña) hecho escombros y un saldo de más de 5mil muertes civiles. Eso es cualquier cosa, menos una operación "fácil y rápida", pero al querer imponer la matriz de la "operacion limpia" los operadores ideológicos imperiales buscan lavarle el rostro a la historia de soberbia y bravuconeria del ejercito norteamericano.

A la hora del debate es bueno tener en cuenta algunos datos que resultan interesantes. Por ejemplo que para ese momento, los yankis tenían varias bases militares instaladas en todo el territorio panameño, eso les dio ventajas estratégicas en cuanto al conocimiento del territorio y a las capacidades operativas y logísticas de su contrario. Además, los altos mandos de la fuerza armada panameña fueron formados en la doctrina militar estadounidense, lo cual le permitió al ejército invasor conocer cada movimiento dado por los panameños antes de que sucediese.

En contraparte, Venezuela en este momento cuenta con una población de 30 millones de personas, de las cuales un poco más del 30% sirve de base de apoyo a las políticas de un presidente legítimamente electo, en elecciones democráticas. Esa masa crítica está unificada en una historia común, en una doctrina antimperialista y socialista y en un proyecto histórico que busca la soberanía y la democracia participativa. Lejos de replegarse y abandonar sus posiciones, esa porción de la población venezolana se ha fortalecido, unificándose, ante un enemigo común y se ha depurado de sus sectores más timoratos y menos dispuestos al combate por la vida.

Esa realidad hace al chavismo una fuerza que genera mucha preocupación en los altos mandos del ejército invasor y, a su vez, suscita mayor capacidad de juego en la dirigencia revolucionaria y en la vanguardia popular. Por eso, el esfuerzo del imperio y sus operadores internos en quebrar esa fuerza moralmente, buscando su división y azuzando contradicciones internas.

Ya en el ámbito de lo meramente militar, de haber una operación directa en la ciudad capital, el ejército invasor tendría que enfrentar varios escenarios en los que no tendría todas las cartas a favor; desde grandes multitudes en las calles y en los barrios generando confrontación pasiva, o de impacto medio; hasta la posibilidad de enfrentamientos más complejos e intensos como la resistencia armada, las tomas de vías, y otras formas de combate no convencional que podrían revertir la opinión pública global, si logran posicionarse en el ámbito de la mediática internacional.

Por otro lado, una invasión "tipo Panamá" tendría en Venezuela un revés importante ante el hecho de que las bases de apoyo más cercanas están fuera de nuestras fronteras (Colombia, Brasil, Aruba) de allí que el abastecimiento de sus fuerzas, el aprovisionamiento logístico, el transporte y la distribución de recursos para el combate, y el sostenimiento de territorios, tendría un costo económico y de tiempo sumamente alto, ante un pueblo organizado y formándose técnicamente para el sabotaje y el combate de mediana y muy alta intensidad.

Por ello el imperio busca socavar las bases ideológicas de nuestros Cuerpos de Combatientes y de nuestra Milicia Bolivariana, haciendo chistes, jugando a ridiculizar y tratando de mermar la moral de uno de los componentes más importantes de nuestra fuerza. E imperio, luego de los traumas que les causó el heroico pueblo de Vietnam, tienen claro el daño que puede hacerle a sus tropas el ejército popular de una nación dispuesta a todo por mantener la integridad de su territorio.

En lo operativo, las fuerzas imperiales han cosechado pésimas experiencias cuando les ha tocado combatir en escenarios poco convencionales (Vietnam, Playa Girón, Somalia, Siria) y sus incursiones en espacios urbanos han sido, por lo menos, catastróficas para sus ejércitos. Por ello, les resulta imprescindible el apoyo del gobierno Colombiano en una operación de este tipo.

Para nadie es un secreto el trabajo de inteligencia que viene haciendo el paramilitarismo colombiano en nuestras zonas populares, sembrándose en nuestros barrios, reconociendo territorios cercanos a las zonas de seguridad militar, industrial y de empresas básicas, o el "marcamiento" de líderes populares y de cuadros con incidencia territorial para su posterior eliminación. No es casual que detrás de cada deserción, detrás de cada delación y de cada conspiración, esté la figura nefasta de Alvaro Uribe Velez. He allí un factor que le representa, para el movimiento revolucionario, una preocupación inmediata y una línea de trabajo pendiente.

Como dijimos, el ejército invasor no puede darse el lujo de someterse a una derrota en su patio trasero, ante la opinión pública global. Por eso está echando mano de sus lacayos en nuestra patria grande, por eso las fuerzas invasoras apuestan a mover sus piezas más malévolas y más despiadadas, por eso se juegan las cartas del paramilitarismo terrorista y guarimbero. Y es que, una derrota en Venezuela sería tan catastrófica como un cuchillazo en la yugular de un imperio en decadencia.

Por ello, sabiendo que no tienen todas las de ganar, los halcones del pentágono han estado jugando de forma bravucona y poco eficiente desde los distintos frentes de conflicto, apelando a convocar una operación multinacional que le permita correr el bulto de una posible derrota hacia otros países de la región y quedar con las manos limpias.

A diferencia de lo sucedido en panamá, cuya doctrina militar era diseñada y ejecutada bajo los criterios manualescos del ejército norteamericano, (lo que le dio a los invasores una ventaja estratégica brutal) en nuestra Venezuela se ha estado apostando a una estrategia de defensa integral del país, basada en las tesis de "La guerra de todo el pueblo" y en la metodología táctica de resistencia. Esta compleja estructuración del combate se presenta como algo completamente ajeno a las tesis y principios teóricos de la Escuela de las Américas, resultando una fortaleza impresionante para las fuerzas revolucionarias de nuestra patria.

Por todo ello, se entiende la urgencia del gobierno revolucionario de poner a operar a 2 millones de combatientes populares antes del mes de abril, que estarían organizados en 50mil unidades de combate, para la defensa de la totalidad del territorio nacional. Ello implicaría un cuerpo disciplinado bajo un mando único y consciente de su papel histórico, desplegándose en cada rincón del país y dispuesto al combate de liberación nacional.

He allí el escenario real que no quiere mostrar el discurso de la "operación militar limpia" que sacaría a Nicolás Maduro de Miraflores y que permitiese la creación de un "canal humanitario", un gobierno de transición y unas elecciones que renueven todos los poderes del Estado. Solo en las películas cotuferas, de algún domingo híbrido de siempre, la invasión a Panamá fue una operación quirúrgica y solo en tertulias de borrachos ese sería una posible jugada para salir de la crisis en Venezuela.

Plantear estos posibles escenario no busca hablar de un triunfo de nuestras fuerzas "porque si", sino que más bien intenta brindarle al análisis unas condiciones reales que están siendo sopesadas por un imperio dispuesto a lo que sea por mantener su hegemonía global, para la cual necesita nuestros recursos y nuestra derrota previa.

Todo esto nos trae de nuevo al llamado a la consciencia del momento que nos está tocando vivir y del compromiso que tenemos con el triunfo de nuestra revolución, más ahora que los mecanismos ideológicos imperiales juegan a la guerra psicológica, al asedio mediático y a la desestabilización emocional de la gente.

Le toca a las fuerzas revolucionarias seguir construyendo la resistencia en todos los escenarios, movilizarnos en torno a la unidad para el combate territorial y avanzar en la derrota de la guerra económica para la profundización revolucionaria del proceso bolivariano.



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Robert Galbán


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