Reflexiones macondianas

Precisamente porque estoy contra la mediocridad del gobierno es que digo ¡No a la intervención extranjera!

¨La vida es como una bicicleta, para mantener el equilibrio, tienes que seguir adelante"

Albert Einstein

 

Se ha convertido en una referencia obligada en los diálogos que sostienen los ciudadanos. Se siente, con una tensión punzante, angustiosa, preocupante. Me refiero a la palabra que ha sido manejada los últimos días, con sentido de espanto bíblico, por gobierno, oposición, comunidad internacional, potencias y no potencias: la intervención extranjera en Venezuela. Más concretamente intervención militar extranjera en Venezuela. Algunos descarados, y no tengo ningún empacho en designarlos de otra forma que no sea descarados e irresponsables, la piden abiertamente, otros la desean en silencio, otros la condenan, otros ni le paran porque andan demasiado ocupados de sus cosas. Me ocuparé en este artículo, de los que la piden abiertamente y de los que la desean en secreto, como una cura milagrosa para curarnos de la calamidad chavista. Y aprovechare de dar mi opinión al respecto. Mi opinión de ciudadano común, que vive a diario la crisis, si, la crisis que el gobierno ha producido con su incapacidad y mediocridad, y que no ha podido ni podrá solucionar, mientras continúe apegado a su dogmatismo inútil, a su indolencia inmoral, a su corrupción, a su engaño desidioso de sí mismo, a su mentira que ya se les convirtió en verdad, una verdad que nos duele a los venezolanos: que la culpa es de otro o de otros. La crisis que vivo no me la han contado, la vivo, si se puede llamar vivir, al desasosiego de esperar horas y horas en la parada para transportarme, la crisis de los servicios públicos, la indolencia, el "no hay línea", el "no hay sistema", el "no hay efectivo", la desidia que carcome en carne viva a un país, la desgana, las ganas de un país, inducidas o no, pero si sentidas, de escaparse de sí mismo, de huir de su cotidianidad, porque esta cotidianidad se le ha hecho muy dura, la desesperanza, la escasez, en fin, la vida dura y simple que le toca vivir al ciudadano común, en esta crisis, el ciudadano que no está enchufado, el que no maneja dólares, no trafica, no bachaquea, no la mueve, no está en la jugada, no es vivo, en fin, el ciudadano que quiere vivir una simple vida de ciudadano común.

Todo ello lo vivo como ciudadano, y es por ello, porque siento en carne viva la mediocridad y mentira del gobierno que me miente, que ME NIEGO ROTUNDAMENTE A CUALQUIER INTERVENCIÓN MILITAR EN VENEZUELA. Y explico mis razones para los que la piden abiertamente y la desean en secreto. ¿Qué piensan, que será una intervención rápida y eficaz, porque la harán los gringos, y no nos tocará? Sólo acopiaremos bastante comida, y nos sentaremos cómodamente en nuestros sillones a ver cómodamente la intervención desde nuestras casas, y saldremos cuando los ejércitos extranjeros hayan solucionado rápidamente nuestra vida. La intervención no nos tocará, seguiremos nuestra vida cotidiana, no habrá combates, no habrá bombardeos, será una intervención rápida y limpia, y ni nos daremos cuenta cuando los ejércitos extranjeros tengan la audacia de arreglar nuestros problemas. Porque los ejércitos extranjeros sólo vienen por los malévolos del gobierno, y solo pelearan contra ellos, en un país aparte y a nosotros, los que queremos la intervención, no nos tocará la intervención. Habría que ser un iluso. ¡Claro que quiero, y quieren millones de ciudadanos, que se termine esta calamidad de este mal gobierno! Pero sería como muy absurdo, por no decir otra cosa, pedir que termine ésta calamidad, cambiándola por otra, mil veces peor. Los que piden y desean la intervención desde fuera de Venezuela, al menos tienen la redención, de la mala fe, de la insensibilidad con los que aquí quedamos, tal vez familias de ellos, de su comodidad, de pedir una intervención, desde su comodidad de vivir en otro país. Pero los que vivimos aquí, y nos somos tan absurdos, por no decir otra cosa, de pensar que una intervención no nos tocará, no podemos ni pedirla abiertamente ni desearla, tan así, a la ligera.

Los que hemos leído algo de intervenciones, sabemos que se esconde, normalmente, detrás de una intervención. No se mueve un ejército, una flota, una fuerza aérea sólo para dar un simpe paseo militar. Ese ejército cuesta moverlo, ese ejército tiene que justificarse, esa movilización tiene que justificarse, pagándose, y ¿Quién la paga? Pues, adivinen, el país intervenido, si, el país intervenido ¿Y cómo la pagará? Con recursos, y normalmente detrás de los ejércitos interventores, viene un ejército de contratistas para reconstruir lo que los ejércitos interventores destruyen. No seamos ilusos. Yo me opongo con toda mi alma de republicano a la mediocridad de este gobierno, pero no sería tan iluso para pedir una cosa tan irresponsable como la intervención de fuerzas extranjeras en nuestro país.

Porque además se trata de una cuestión de honor. Si, de honor. Pedir que otros intervengan para solucionar un problema que es exclusivamente nuestro. ¿Por qué sigue el gobierno gobernando? Porque hemos tenido una dirigencia opositora inepta y tan mediocre como el gobierno, sólo que el gobierno es más astuto. Y ¿Los ciudadanos que queremos cambiar esto? ¿No hemos tenido culpa? ¿Tienen que venir ejércitos extranjeros para restregarnos en la cara nuestra incapacidad de resolver nuestro problema, de deshacernos de unas cuerdas de pillos, dirigidas por un chofer? El gobierno anuncia 18 millones de carnets de la patria y el gobierno se ríe porque sabe que no tienen 18 millones de seguidores ¿Y entonces vamos a pedirle a los gringos que vengan a restregarnos en la cara nuestra cobardía? Porque no me vengan a decir que el que sacó el carnet lo hizo obligado. No, fue una decisión personal, que tiene que ver con valentía y principios. ¿Qué hubiese pasado si sólo se hubiesen inscrito los seguidores del gobierno? Y los otros millones hubiesen tenido la valentía de negarse. Yo, por cierto, discúlpenme el pedante yoismo, no he sacado el carnet de la patria, ni me he inscrito en el sistema patria, ni he cobrado jamás un bono. Y por supuesto, entra en juego también, un poco de nacionalismo. De querencia, como dicen por ahí. Hace poco leía la respuesta brillante, simple, concreta, sutilmente genial, del profesor Reinaldo Bolívar, a los comentarios despectivos del cómico Er Conde, sobre la estatura de los soldados de Venezuela y la estatura de los soldados estadounidenses. Así es que se combate en la lucha democrática, con estilo, con clase, con argumentos, con historia, con preparación, con astucia. Es demasiado banal, para un ciudadano decente, burlarse de algo tan banal, como la estatura de un coterráneo, aunque sea ideológicamente opuesto, y aunque nos caiga mal, pero con el que compartimos, para bien o para mal, la misma nacionalidad.

No, pedir la intervención de fuerzas extranjeras nunca será una solución, porque los que quedamos aquí queremos seguir la vida, queremos continuar construyendo un país, y hasta ahora hemos resistido los embates de este gobierno de incompetentes astutos, sin la acción inteligente de un liderazgo opositor inteligente y valiente, que inspire acción, valentía e inteligencia combativa. No queremos levantarnos sobre un país de cenizas, destruido por otros. Tenemos que tener la valentía de deshacernos de esta calamidad nosotros, si, nosotros, y nadie más.

Ciudadano: Franklin Soler

35solerfr.01@gmail.com



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