La aparente realidad

La realidad mundial se presenta como una serie de fenómenos sin ninguna conexión visible. Pero sin lugar a dudas están interconectados y dependen en gran medida de la cercanía y la importancia que representen para los centros de poder político-económico. A partir de esta certidumbre la geopolítica se ha consolidado en los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI como la ciencia que estudia esta interdependencia entre lo aparentemente real y las verdaderas necesidades del sistema.

Para el individuo desprevenido o para el ideologizado, que no ve el sistema como un conjunto de elementos y mecanismos que en última instancia lo oprimen, sino por el contrario, que cree ingenuamente que es ese el único marco donde lograra su “desarrollo material” la multiplicidad de hechos en desarrollo no tiene más explicación que la que el sentido común le dicta.

Empecemos por analizar la reciente concatenación de episodios y en una regresión hacia el pasado. El denominado “impechament” a la mandataria brasilera Dilma Roussef, se nos vende por los medios de comunicación, como un acto de redención soberano de la clase política brasilera en su cruzada contra la corrupción, en la primera potencia suramericana.

La actual situación venezolana obedecería al fracaso del modelo político adoptado desde 1998 y que se mantiene gracias a la vocación dictatorial del gobernante elegido democráticamente en el primer exportador de crudo de América del sur. En la matriz de opinión aparente que se nos vende, son hechos aislados que no obedecen a un intento de realineamiento político de los factores de la derecha continental para estar en sintonía con su centro de poder natural los EEUU.

Para el caso venezolano si la similitud entre nuestra realidad y el caso chileno de la década de los 70 fuese una “mera coincidencia” o el caso brasilero no tuviese una aproximación de procedimientos tan aguda con lo acontecido en Paraguay y Honduras, sencillamente lo tomaríamos como otra “paranoia pseudo-izquierdosa”. Un estudio detallado de los hechos apunta a que si existe una relación directa, identificable, comprobable y cuantificable entre estos acontecimientos.

También podemos observar desde un análisis de la geopolítica continental apoyada en la historia reciente, como el poder e influencia de los EEUU, se ha venido debilitando paulatinamente y que por otro lado, algo impensable para los sostenedores del fracasado “Nuevo Orden Mundial” como ahora el “Big Brother” tiene que competir con factores antagónicos como Rusia o China en lo que otrora fue su patio trasero. Siguiendo en nuestra regresión de unas pocas semanas nos encontramos con el supuesto “mega-escándalo” del siglo XXI, los “Panamá Papers”.

Los factores criollos afines a los intereses norteamericanos vieron en ello una oportunidad para atacar a los gobiernos progresistas. Este “espejismo mediático” rápidamente se desvaneció cuando se evidencio que no existía relación directa con los gobiernos de Bolivia, Ecuador, Venezuela y el gobierno de la expresidenta Cristina Krisnerch. Por el contrario el actual mandatario argentino Mauricio Macri o los operadores políticos de la oposición contrarrevolucionaria venezolana salen muy mal parados en este escándalo por lo que las corporaciones mediáticas latinoamericanas le han “bajado dos” al asunto.

Lo que si quedó demostrado con esta parafernalia mediática, el mismo había sido proyectado para generar desestabilización política pero al otro lado del mundo. Se quería afectar el liderazgo internacional de Vladimir Putin, quien junto al gobierno revolucionario venezolano han arreciado esfuerzos por levantar los precios del petróleo, afectados intencionalmente por los EEUU desde 2009 con su método de extracción por fracturación y con el control de los yacimientos del medio oriente mediante operaciones militares y desestabilización política. Con ello se inundó de crudo barato el mercado logrando una baja significativa del precio.

Se trató de operar este mecanismo para controlar a gobiernos díscolos como Venezuela, Rusia e Irán y también conseguir una fuente energética accesible y barata. Este correlato de hechos es solo la punta del iceberg del proceso de recolonización que está operando en la América Latina. Nosotros estamos conscientes de ello, aunque algunos prefieran pensar que Nicolás Maduro es un dictador mientras escuchan un reggaetón de “chino y nacho”.




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Hugbel Roa

Ministro para Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología

 @hugbelpsuv

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