Agentes imperiales

El intercambio de dos conspiradores, la señora Machado y el señor Carrera es muestra que la derecha anda por los atajos no legales, no constitucionales y que el cuentico que son demócratas no se lo traga nadie simplemente porque no es verdad.

El Alcalde Jorge Rodríguez hizo una disección magistral y certera del conversatorio sostenido por estos intrigantes que dicen una cosa en público y otra en privado al evocar la trama novelística de Raymond Chandler, uno de los maestros de la novela policial, donde solo falta una pieza para armar el rompecabezas y el sagaz detective gracias a su tenacidad logra obtener esa prueba que falta y que sirve para condenar al acusado.

Si trasladamos a la vida política del país este esquema de novela negra donde un solitario detective se enfrenta a las mafias aliadas al gran capital y su lucha y sus denuncias no son aceptadas por la sociedad hasta que consigue la prueba decisiva, vemos que el panorama no es distinto al que vivimos. Para defender y dignificar al pueblo el movimiento revolucionario se enfrenta desde hace catorce años a una derecha obtusa y primaria que intenta vender al pueblo y a la opinión internacional una imagen de demócratas, respetuosos y vigilantes del orden constitucional y democrático y pese a su comportamiento francamente golpista y antidemocráticos evidenciados en hechos , el golpe de abril de 2002, el paro petrolero, sus complicidades con gobiernos extranjeros y el permanente saboteo alimentario que mantienen como parte de la guerra de baja intensidad, a un sector importante de la vida nacional los percibe como una alternativa de poder. En parte debido a la debilidad comunicacional del proceso revolucionario para desenmascarar y desmontar estas matrices de opinión, estas actuaciones, pero también porque faltaba una pieza clave en el rompecabezas de la oposición que los dejara en evidencia. Que fueran ellos mismos que hicieran una confesión detallada de sus planes siniestros. Y como en las novelas de Chandler, el detective, en nuestro caso el pueblo y su vanguardia obtuvieron la prueba irrefutable de boca de uno de las fichas que el imperio mantiene en el tablero de la derecha venezolana.

Hablamos de la señora Machado quien como en una obra de teatro tiene un rol asignado. El de dura o radical. Ella lo confirma en este intercambio de conjurados. Ni dialogante ni electoral se ufana la señora. La oímos indignarse porque el jefe de la MUD no acepta que ella vaya por su cuenta a suplicar al Departamento de Estado que tumben al gobierno de Nicolás Maduro. Se cree una divinidad rodeada de simples mortales y en una pataleta de soberbia vomita contra los países vecinos porque no están de acuerdo con su modo de pensar, compulsivo y caprichoso. Su ego es tan grande que está convencida que ella sola puede derribar al chavismo, que ninguna falta le hace esa comparsa de farsantes que forman la pretendida unidad de la derecha vernácula. Ella sola aliada con el imperio del norte. Aunque la realidad sea otra porque el imperio no necesita aliados, solo peones y ella es simplemente una agente imperial. Eso si bipolar y narcisa y con tan poco olfato político que es sorprendida en plena catarsis, no con un psiquiatra, como debería ser, sino con un tránsfuga, un tinterillo cuya único libro es una nauseabunda biografía de Rómulo Betancourt, el sátrapa que gobernó Venezuela con la consigna de “disparen primero y averiguen después”. Dios los cría y el diablo los junta.


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Héctor Agüero


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