“Donde hay amor por el hombre, hay amor por las ciencias médicas”

Medicina y Charlatanería

Domingo, 17 de mayo de 2020.- A propósito del video en televisión de un médico quien se califica de neumólogo, recomendando un jarabe caliente de aspirina con limón y agua, que él afirma es la cura para la Covid19 en uno o dos días, incluyendo la desaparición de los coágulos pulmonares que, según él dice, son la causa de todo el mal y que se desvanecen dos horas después del bebedizo o de recibir anticoagulantes, haciendo innecesario el uso de ventiladores mecánicos, de los que afirma no sirven para nada en esta enfermedad. Y de un segundo video por un conocido presentador de la televisión, burlándose de las medidas de prevención recomendadas por expertos.

Ocuparía varias páginas detallar toda la información que se ha dicho sobre el Covid19, en especial las múltiples “curas” sugeridas en los medios de comunicación y explicadas por la más variopinta fauna de recomendadores, especie que, aunque siempre ha existido, aparece más frecuentemente durante las crisis que la humanidad sufre periódicamente. Esta corta reflexión es aplicable a todo lo dicho sin basamento científico, anecdótico, fantasioso, muchas veces producto de noticias escuchadas y no digeridas por desconocer el procedimiento en el que se basan las ciencias en general.

Medicina Científica Versus Charlatanería
Hace mucho tiempo que se ha comprendido que nuestros sentidos son fuente de conocimiento, pero también de error. Para superar la falacia de la percepción sensorial se utiliza la razón como instrumento capaz de sistematizar y valorar nuestros conocimientos vulgares (empíricos), es decir, los surgidos de la observación reiterada, que no son metódicos ni sistemáticos.

Así nació el conocimiento científico, dirigido a la adquisición de un saber racional, objetivo, sistemático y generalizado. En este sentido la Medicina es una Ciencia, y se considera aplicada, porque concentra su atención en llevar a la práctica las teorías generales y destina sus esfuerzos a resolver las necesidades que se plantean al hombre y a la sociedad. A diferencia de las Ciencias Puras, que se proponen conocer las leyes de los fenómenos estudiados, pero se desentienden de las aplicaciones prácticas que puedan derivarse de sus resultados. Es también la Medicina una Ciencia fáctica, pues se interesa por objetos materiales, al igual que la física, la química y la biología, en contraste con las Ciencias Formales, que se ocupan de objetos ideales y que operan deductivamente, como la matemática o la lógica; pero es también un Ciencia esencialmente humana, como la psicología, la antropología, y otras. De allí la afirmación hipocrática universal y nunca olvidada, “donde hay amor por el hombre, hay amor por las ciencias médicas”.

La Medicina se nutre cada vez más en las otras Ciencias; en realidad, la Ciencia es una sola, pero se ha desmenuzado en varias para entenderla mejor. El método científico incluye en términos generales la Observación, que es empírica, para identificar el hecho o problema y plantearlo; la elaboración de una Hipótesis que lo explique; la Experimentación o corroboración de la hipótesis; la Teoría que explique el fenómeno o problema observado, que sea Reproducible por otros investigadores, y la elaboración de una Ley que generalice la explicación teórica válida de ese problema. Y no es el objeto de estas reflexiones profundizar en ello.

Lo que se llama la fisiopatología (funcionamiento del cuerpo en la enfermedad) de esta virosis SARSCoV2 es mucho más compleja de lo que este “médico” dice. Utiliza medias verdades y por supuesto conclusiones erradas, como el “jarabe” de aspirina y limón caliente, que me recuerda el “calentao” que se bebe contra el frío en los páramos andinos de nuestra tierra. Han aparecido muchos charlatanes en el mundo “explicando” eventos médicos muy complicados que no entienden. Y para otros la prueba de veracidad es “lo leí en internet”. Hay un pequeño número de revistas médicas científicas, de hospitales y de universidades, que se ocupan de agrupar y publicar las investigaciones ya corroboradas sobre coronavirus, en la medida que se van dando a conocer en todo el mundo, especialmente las realizadas en los grandes centros hospitalarios, académicos, universitarios y de investigación, existentes en las muy pobladas ciudades epicentros de la pandemia. Son las fuentes que utilizamos los médicos que tenemos una actitud sobre la enfermedad basada estrictamente en el método científico, con los conocimientos anatómicos, fisiológicos, fisiopatológicos, bioquímicos, farmacológicos, inmunológicos, genéticos, psíquicos, imagenológicos, técnicos y terapéuticos, indispensables para comprender mejor qué está sucediendo biológicamente en el enfermo, para así optimizar el tratamiento de soporte y el específico, cuando éste sea posible, según el nivel que necesite el paciente, incluidos los cuidados críticos intensivos que utilizamos en las unidades de terapia intensiva. Especialidad ésta que no abunda, siendo que la mayoría de los médicos no tienen la formación requerida para realizar los procedimientos y para utilizar los equipos allí concentrados, que son conocimientos especializados y necesarios para la indicación y el manejo preciso de esta tecnología, que al igual que otros actos médicos, puede lesionar.

Pero estos charlatanes explicadores y recomendadores de oficio hacen daño, porque hablan irresponsablemente en medios de comunicación que llegan al público, produciendo dudas en la población y sugiriendo conductas y tratamientos absurdos sin apoyo de investigación sistemática estadísticamente validada. Muchas veces son los mismos presentadores e influencers, ahora llamados así, que son locutores y entrevistadores de oficio en radio y televisión, con escasa formación de tercer o cuarto nivel, que se creen capaces de dialogar como sus pares con personajes, literatos, artistas y científicos de diversa índole, las más de las veces deformando, aunque sea sin intención, lo que dicen sus entrevistados. Y no se detienen allí, algunas de estas “estrellas” de la prensa y la televisión se creen con la autoridad suficiente para hablar por su propia cuenta, generando mensajes en videos con admoniciones y consejos de hacer o no hacer esto y aquello, muchas veces en contradicción con la opinión de expertos a quienes cuestionan sus recomendaciones y hasta se burlan de ellas; son presentadores en cuyos programas van de chiste en chiste, en ocasiones a costa de sus invitados, expertos en mentir cuando alaban las bondades de los productos que los patrocinan, muy hábiles para presentar la forma de las cosas, mas no su fondo y trascendencia, capaces de hacer ver blanco lo negro, como los antiguos sofistas griegos. Para muestra, véanse los videos que andan por ahí de conocidos presentadores de la televisión, que entre burlas, risas e ironías cuestionan las recomendaciones de expertos científicos y las descalifican mostrando imágenes risibles; es decir, hacen lo que saben hacer, divertir a toda costa, cual payasos, sin ninguna evidencia sólida de lo que dicen, solamente analogías baratas. Cuando lo único sensato que deben hacer estos señores es pedir a sus oyentes que sigan las guías y directrices que los especialistas generen, y callar sobre temas delicados que no conocen en profundidad.

Hay todo un cúmulo de información anecdótica que circula por todos los países. Cada avance que surge es de inmediato publicado, pero ya mediatizado y usualmente tergiversado por comunicadores ajenos a la ciencia. Y mucha de la información que transmiten científicos e investigadores con larga experiencia y amplios conocimientos, es también sutilmente alterada en la prensa o en la televisión, mediante titulares o citando sólo frases de lo que dicen, fuera del contexto general, bien sea por razones políticas (politiqueras más bien), intereses personales o económicos.

Es preocupante que se utilicen triquiñuelas y medias verdades en los recursos comunicacionales para obtener ventajas en la opinión pública que favorezcan a determinados sectores. No se unen en esta dramática coyuntura, ni siquiera para preservar el bien común más preciado, la salud y la vida. Así, se hace a un lado el humanitarismo, tan necesario hoy en día para ayudar a resolver la muy difícil y triste condición de vida de los más desposeídos.

Además de toda esta desinformación rastrera y parcializada, el mundo también está lleno de estas personas sabelotodo, de medicinas y conocimientos que llaman “alternativos”, por supuesto adquiridos sin el enorme esfuerzo de trasnochos, disciplina, lecturas e innumerables horas de estudios durante muchos años que nunca terminan, para aprender a través del método científico, que es único y no tiene alternativas. Y todavía así, seguimos siendo ignaros, sólo entendemos un granito de arena en la inmensidad del conocimiento, pero algo más que los que no realizan el esfuerzo y el intento de aprender.

La ciencia es una y es también único el método que utiliza. Siempre me ha llamado la atención que los personajes que se dedican a estos tratamientos alternativos son, con excepciones, los menos calificados, los que en sus estudios regulares no obtuvieron rendimiento suficiente que luego les permitiera acceder a estudios avanzados de postgrados académicos universitarios, dedicándose entonces a “estudios alternativos”, que no tienen la rigurosidad científica y la exigencia académica universitaria de la formación de postgrado, ni tampoco los principios éticos universales que rigen las ciencias, en especial a nuestra acción médica y a las de otras ramas formales del saber. Y estas personas ejercen la llamada medicina, u otra “profesión”, alternativa, como una manera de obtener ingresos, a veces muy jugosos, para subsistir y vivir a costa de la credibilidad y bona fide de las personas. Pero también hay charlatanes que obtienen títulos y postgrados universitarios, pero que han dejado de lado el método científico y la ética que se les enseñó, que involucran el estudio y la actualización constantes, la cura con el esfuerzo mutuo del médico y más del paciente, a veces larga y con sufrimiento; y lo han cambiado por el más lucrativo “método”, si así puede llamarse, de la cura fácil, rápida, casi mágica, con el mínimo esfuerzo, como tomarse un “calentaíto” con limón y aspirina. Estos son los “profesionales” más peligrosos, ostentan un título y fungen de especialistas, pero actúan en su propio provecho.

Y han surgido también las facetas más bajas de algunos humanos, cuando han dañado y apedreado automóviles de médicos y trabajadores de la salud, escribiendo con rociadores en sus vehículos amenazas, como “vete desgraciado, no regreses, nos vas a enfermar a todos”, “múdate, ya no te queremos aquí”, así como otras afrentas y desprecios en sus lugares de residencia y en otros sitios, porque los ven como un peligro, no como personas que cumplen su deber a pesar de los riesgos, que ayudan a salvar vidas y atenuar sufrimientos.

A todos aquellos profesionales, investigadores y científicos de muchísimas disciplinas que con su esfuerzo, tenacidad y sapiencia confluyen para producir el saber médico, mi respeto y admiración. Y a todos aquellos médicos, enfermeras, técnicos, bioanalistas, terapistas, nutricionistas, camilleros, mensajeros, personal de limpieza y mantenimiento, que están en el frente candente y peligroso de atender directamente a los enfermos, también mi mayor aprecio, respeto y admiración, sin olvidar a la multitud de otros profesionales afines y necesarios para el acto médico científico hospitalario, como también el sinnúmero de otros expertos, técnicos y administrativos que un hospital requiere para su buen funcionamiento.

Un Médico Internista.


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