Brecha digital, exclusión educativa y desigualdades sociales en tiempos de pandemia

Desde el inicio del confinamiento social y colectivo, medidas que han puesto en práctica la gran mayoría de los países, como consecuencia de la propagación de la Pandemia Covid 19, se ha abierto un interesante debate sobre las formas que debe asumir la educación en estos tiempos de aislamiento y de cierre de buena parte de las instituciones educativas en los distintos niveles en el ámbito planetario. En este sentido, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) estima que en estos momentos hay entre 850 y 1300 millones de estudiantes que están sin clases, por cuanto 102 países han optado por mantener cerrados sus sistemas educativos. Estas medidas tomadas para la protección de la población que asiste a las instituciones educativas, si bien necesaria, obliga a los estados a presentar propuestas alternativas para garantizar la prosecución escolar, lo cual supone concretar acciones que permitan el despliegue de soluciones de aprendizaje a distancia, para ello, se debe disponer de cierta arquitectura educativa donde el sistema de enseñanza y aprendizaje se apoye total o parcialmente en las llamadas tecnologías de la información y la comunicación(TICs). Desafortunadamente la emergencia del Covid19, está evidenciando las grandes diferencias y desigualdades que, en el ámbito planetario, presentan los sistemas educativos. La brecha digital entre los países es enorme y con ello se profundizan las desigualdades sociales y educativas, por cuanto, la transformación digital es desigual, por consiguiente, los más desarrollados en el marco del sistema mundo moderno del capitalismo tendrán mayores oportunidades, reforzándose las asimetrías y desigualdades entre el norte desarrollado y los países pobres del sur.

En consecuencia, este paro mundial de la educación y sus instituciones, se inscribe en lo que el profesor Luis Bonilla venía advirtiendo, desde hace algunos años, sobre el apagón pedagógico global y los riesgos que suponía el intento de destrucción de las instituciones educativas como espacios pedagógicos de interacción social y de aprendizajes, y con ello, la destrucción del concepto del docente interactuando y gestionando los procesos educativos, absolutamente, comprometidos con su entorno social y cultural.

Por otra parte, en estos momentos cuando se propone la educación a distancia como estrategia para no interrumpir los procesos de educación y formación de millones de estudiantes, tomando en cuenta, que en los últimos treinta años se ha experimentado un extraordinario desarrollo de las Tics, es necesario estudiar su utilización en función de las potencialidades y desarrollo de cada país, porque son evidentes las desigualdades y desequilibrios que se presentan, en cuanto al uso de las tecnologías de la información y la comunicación, sus índices de acceso y cobertura, por citar sólo algunos indicadores de carácter técnicos. Igualmente, es necesario estudiar las asimetrías entre los países en lo relativo a la producción y gestión de contenidos, su comunicación y evaluación, así como las herramientas o plataformas digitales de que se dispone para articular todo el proceso de educación en directo y sustituir el aula de clase por la casa, además, de que hay que tomar en cuenta los niveles de actualización del docente y su disposición para asumir esta modalidad, se conocen que hay prejuicios, limitaciones sociales e incluso económica que colocan en desventaja al docente y estudiantes, de los países periféricos o en vías de desarrollo, para asumir practicas distintas a las tradicionales. Situación que se agrava en Venezuela como consecuencia de las sanciones y el bloqueo financiero a que está sometida lo que impacta de manera significativa al reducirse las inversiones en el sector, reflejándose, por ejemplo, en el deterioro de los salarios de las y los docentes a tal punto que deben ser los más bajos del planeta, incidiendo negativamente en sus posibilidades de actualización tecnológica, acceso a equipos y materiales de última generación.

En este sentido, al analizarse los índices de acceso a internet, casi la mitad de la población mundial no tiene acceso a internet, según datos de la UNESCO, alrededor de 3.900 millones de personas no tienen acceso, la mayoría residen en el hemisferio sur, de ellas más de 2.000 millones son mujeres y 9 de cada 10 jóvenes sin acceso a internet viven en África o en Asia, de acuerdo a esos mismos datos en la África subsahariana el 89 % de los alumnos no tienen acceso a un ordenador y 82% no tienen acceso a internet.Si nos ubicamos en América latina se presentan asimetrías entre los distintos países, en promedio, el índice alcanza un poco más 43% de la población con acceso a servicios de internet, muy por debajo si se le compara con los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) que supera el 72% de la población, por eso de los 10 primeros países con mayor índice de desarrollo tecnológico, 8 están ubicados en Europa del Norte y los otros dos son china y Japón, Estados Unidos de Norteamérica (EEUU) está en el puesto 14 y Canadá en el 23. Con respecto a Venezuela, se estima que los hogares con acceso a internet esta alrededor del 45 % de la población. Igualmente, según datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) la penetración de la banda ancha móvil en América latina, en promedio, es de 30% y la banda ancha fija es un poco mas de 10% Es necesario destacar que el acceso al servicio de TV es casi el 100%.

Esta relación permite confirmar cómo la brecha digital y la tecnología constituye un mecanismo de diferenciación y de exclusión social, potenciándose las desigualdades, generándose modelos excluyentes de educación, dónde sólo la población de los países con mayores ingresos e incluso sólo la elite o las clases más favorecidas a lo interno de esos países, son las que tendrán las oportunidades para el desarrollo de habilidades digitales con un acceso continuo y permanente a la red, así como programas y sistemas de gestión de aprendizajes que permitan desarrollar e implementar contenidos y procesos de aprendizajes en consonancia con la educación en línea, que rompe con los formatos de las clases presenciales garantizándole los conocimientos necesarios y pertinentes para el desarrollo personal y social.

Las desigualdades y la exclusión educativa derivadas de la brecha digital, sólo será posible superar potenciando una educación pública de calidad y eficiente, una educación liberadora que permita irrumpir contra la lógica que mueve los modelos de gestión educativa en línea, los cuales están directamente asociados a la dinámica corporativa, las grandes empresas y los llamados nuevos emprendimientos, asumiendo las innovaciones educativas como un negocio. Investigación, desarrollo e innovación como referentes paradigmáticos de una educación al margen del estado y las instituciones tradicionales, que desplaza y pretende sustituir al docente y a las instituciones educativas que conocemos en el presente, donde los sistemas de gestión de aprendizaje y sus plataformas digitales ocupan el nuevo escenario, donde la gestión pública es desplazada por la gestión privada. Esta tendencia, se ve reforzada por las medidas de aislamiento social y colectivo de los últimos meses, a pesar de que hay resistencia desde diversos sectores y grupos de países que tratan de dar respuestas a la actual emergencia, para continuar garantizando el derecho a la educación de millones de estudiantes que en los actuales momentos ven interrumpidos su prosecución escolar.

No obstante, es necesario profundizar el debate sobre este tema. Se evidencia un retroceso en lo que respecta a la presencia de la educación pública en las actuales circunstancias. Los millones de estudiantes que están inscritos en el sistema público de educación están en una especie de vacío. La respuesta de educación a distancia, en la mayoría de los países de América Latina, donde Venezuela no es la excepción, son propuestas llenas de buenas intenciones, pero con grandes falencias, se evidencian ausencia de una arquitectura tecnológica adecuada a las nuevas realidades y exigencias del presente, los problemas de cobertura y conectividad, en el caso de Venezuela, son evidentes, y las formas tradicionales como se asume la educación a distancia en TV es preocupante, son clases que nos llevan al siglo XIX con metodologías no acordes con el proceso de interacción digital, contenidos descontextualizados desde lo cultural y social, falta de contextos significativos adecuados a la comunicación interactiva Es una tarea urgente del estado activar todos los mecanismos que, con el talento humano a disposición de las instituciones educativas publicas en las escuelas, liceos y universidades, se promueva la estructuración de un sistema de educación a distancia donde los componentes cognitivos, visuales, auditivos se complemente con los recursos técnicos conjuntamente con los programas y aplicaciones necesarias que generen contenidos de calidad y adecuados a una comunicación en línea. Sólo con consignas no generamos una educación pertinente ni llenamos el vacio que se produce como consecuencia del cierre temporal de las instituciones educativas. La tarea de eliminar la brecha digital y la exclusión educativa no puede esperar, estamos a tiempo y tenemos el talento humano para hacerlo. Es un problema de voluntad política.

*Docente Universidad de Carabobo

Twitter: @rusodosky



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Armando Álvarez Lugo

Dr. Antropología Social. Universidad de Barcelona/España. Sociólogo/UCV, Docente Doctorado de Ciencias Sociales /UC, Profesor Titular /Universidad de Carabobo

 sociologo44@gmail.com      @rusudosky

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