La obsolescencia programada, con fecha de vencimiento

Las últimas semanas no han sido nada fáciles para Apple. El primer signo de la tumultuosa situación que atraviesa la empresa de California, llegó cuando se anunció el recorte de los pedidos de producción para los tres modelos de iPhone lanzados recientemente. La noticia cayó como un baldazo de agua fría para los inversores que descubrieron que el pronóstico de ventas durante las fiestas, no llegaría a ser el esperado. Como si esto fuera poco, durante el pasado mes de octubre, Apple, acompañada por uno de sus competidores, Samsung, recibió una advertencia por parte de las autoridades italianas. Desde el país europeo, acusaron a estas dos grandes empresas de obsolescencia programada y de aplicar prácticas comerciales deshonestas.

La obsolescencia programada es un término que comenzó a ganar popularidad, junto al auge de las nuevas tecnologías. En concreto, se trata de una práctica que limita deliberadamente la vida útil de los productos. Lo que significa que las empresas establecen una fecha de fin de sus dispositivos, durante la programación de los mismos. Es decir, que luego de esa fecha, los productos se vuelven obsoletos. Esta es la práctica llevada a cabo tanto por Apple como por Samsung y es la que le costó varios millones de dólares a cada empresa. Según las autoridades italianas, ambas compañías desarrollaron actualizaciones de los sistemas operativos de los viejos modelos de smartphones que provocaron graves disfunciones y redujeron de manera significativa sus prestaciones. En definitiva, ambas empresas obligaron a los usuarios a instalar estas actualizaciones que hicieron que sus teléfonos se volvieran obsoletos. Lo que impulsó a los consumidores a sustituir sus dispositivos y por consecuencia, a gastar más dinero.

Tomando el caso de Apple, este año la empresa volvió a sorprender al público al anunciar los exagerados precios de sus nuevos productos. Una tendencia que caracteriza a la compañía californiana, que en los últimos años ha optado por presentar modelos más sólidos pero a su vez, considerablemente más costosos. Aunque este año, Apple superó todo límite y sus productos fueron catalogados como los más caros en la historia de la empresa.

La reacción de los consumidores no ha tardado en hacerse notar. Como era de esperarse, el aumento de los precios de los productos Apple, no fue bien recibido por los usuarios. La empresa cierra el año con una demanda reducida, que obliga a la compañía a bajar la producción de algunos de sus teléfonos móviles. La realidad es que no muchos se pueden dar el lujo de adquirir un producto tan frágil, que excede los 1.000 euros y que además cuenta con un ciclo de vida corto. Por consecuencia, muchos consumidores optan por alternativas como la adquisición de teléfonos reacondicionados que han ido ganando terreno a nivel mundial. Mientras que otros prefieren contratar seguros especializados, para cubrir sus móviles en caso de pérdida, robo, rotura u otras. Cada vez son más las compañías que ofrecen estos servicios. Como por ejemplo la SFAM (Sociedad Francesa de Seguros Multirriesgo), compañía líder en el sector europeo que se enfocó en estas pólizas y que hoy opera en distintos países como Francia, Bélgica, España y Suiza. Además, la SFAM creció un 2.500% en los últimos cinco años, lo que demuestra también el auge de estas empresas especializadas.

Los seguros para móviles permiten evitar los altos costos de las reparaciones que muchas veces obligan a los consumidores a adquirir un nuevo dispositivo. Y considerando que los productos nuevos tienen una vida útil limitada, el seguro termina siendo una opción tentadora.

Mientras que los consumidores intentan adaptarse a las nuevas normas del mercado, en cuanto a precios y calidad, las empresas siguen buscando la forma de sacar beneficio. Lógicamente, lo que buscan es aumentar sus ingresos, sin importar cuán deshonestas sean las prácticas que empleen para lograrlo. La obsolescencia programada, no solo es una forma de aprovecharse de los usuarios, sino que tiene graves consecuencias para el medioambiente. Esta práctica genera cada vez más residuos electrónicos. Cabe destacar que España se ubica en el quinto puesto, entre los países europeos que más basura electrónica produce. Lo que resulta alarmante, si se tiene en cuenta que se trata de desperdicios tóxicos.

Hoy en día, se cree que la vida útil de un smartphone es de aproximadamente dos años. Aunque es probable que las fallas, como el agotamiento de la batería, empiecen a notarse antes. Además, el costo de las reparaciones es cada vez más alto, ya que los teléfonos inteligentes están compuestos por piezas cada vez más delicadas y por ende, más costosas. Por el momento, los fabricadores sacan provecho de esta situación. Pero habrá que esperar y ver qué pasa, con las nuevas sanciones que empiezan a condenarlos. Quizás la obsolescencia programada, también tenga una fecha de vencimiento.

 

gutierrezz.mariana@outlook.com



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