La dictadura del sistema

Sucede que por mucho tiempo dicté cátedra universitaria sobre teoría de sistemas y análisis de sistemas, sin dejar de especular sobre teoría y estructuración de redes; temas que por lo demás no han dejado de fascinarme y sin los cuales me sería más difícil tratar de comprender el mundo físico y espiritual que me rodea. A pesar de ser un simple autodidacta en la materia, confieso que su aprendizaje, comprensión, y aplicación teórica y práctica no representaron exigencias de mayor complejidad para visualizar y analizar las supuestas realidades, dentro de las limitaciones intrínsecas de toda sincronía. Todo esto aunado a la denominada red internet, como una de las herramientas fundamentales para el acceso y difusión de ideas en el marco de los sistemas de sistemas y de la sociedad del conocimiento.

Pero sucede que también desde hace muchísimo tiempo he querido dejar constancia de la indignación que me produce el sistema, por con siderar que vivimos gobernados por la peor de las dictaduras: la dictadura del sistema. A estos efectos, por sistema entendemos el conjunto de instrumentos y demás adelantos que se vierten sobre plataformas tecnológicas, así como dominios y portales web de diversa naturaleza, bajo el control de cada uno de los entes u organismos de la administración pública y del sector privado, en general. Trataré de explicar mi indignación por vía de ejemplos:

A todos nos consta que cualquier ente u organismo público o privado cierra sus puertas al público o paraliza sus actividades a lo interno, cuando el departamento o la unidad de informática reporta que se cayó el sistema. ¿Cierto o falso? En mi experiencia laboral, me consta que en varias oportunidades esta situación era provocada por una minoría de mentes irresponsables que acumulan poder dada la ignorancia de una mayoría que no le interesa saber nada sobre el referido sistema ni cómo y por qué se cae. ¿De quién es la culpa? Para salir del paso todos asumimos que es culpa del gobierno de turno o de la CANTV, sin entrar en detalles.

Cada vez que tengo que hacer una declaración jurada, sea de la situación patrimonial o de la renta obtenida, me colocan mil obstáculos en el camino como para que desista en el cumplimiento del deber como funcionario público. Los tales códigos de validación se convierten en verdaderos esbirros no solo por sus matices sino por las letras que parecen números y los números que parecen letras totalmente irregulares. Para quienes somos daltónicos nos cuesta visualizar entre matices de colores. ¿Para qué estos códigos si existe la clave o contraseña? ¿Quién impone o autoriza estas decisiones contra el principio de simplicidad que nada o poco agregan a las supuestas políticas de seguridad?

A diario, cuando requiero conocer mi saldo o realizar transferencias por internet, luego de haber ejecutado mil intentos para acceder el portal de cualquier entidad bancaria pública o privada y de haberlo logrado, me topo con unas cínicas disculpas e inmediatamente el despreciable vuelva intentarlo. Cualquier motivo es válido para obligarme a intentar de nuevo todo el viacrucis pasando por los antes referidos códigos de validación. Entre estos motivos u ocurrencias cabe citar ha transcurrido el tiempo estipulado y no cumple con el número de caracteres. Si paso de dos intentos debo quedarme callado y cerrar la sesión de inmediato bajo la amenaza de bloquearme la tarjeta o la cuenta. Al cajero no me atrevo ir porque es tan rápido que con seguridad me bloquean la tarjeta. ¿Será verdad que cualquier coincidencia es una dictadura?

Las centrales telefónicas o call center no se quedan atrás en esta carrera o competencia por obtener los peores indicadores de una verdadera dictadura del sistema. Acá nos castigan con voces ininteligibles, con rutas y sub-rutas de números como si tuviésemos penetrando un túnel oscuro y, de todos modos, al final nos colocan un fondo musical interminable. Si por casualidad nos responden en vivo, es para coger palco por cuanto sin el menor pudor y de la manera más cínica nos dicen vuelva intentarlo porque la extensión no responde. ¿Qué diferencia hay entre esta vivencia y cualquier dictadura?

Lo peor de todo pasa cuando hemos fracasado desde la red internet y acudimos al organismo para intentar una solución. La única respuesta es acá no podemos hacer nada porque el sistema no lo permite, tiene que insistir.

¿Por qué no nos sinceramos y aprovechamos que el nuevo texto constitucional no contemple ninguna norma para garantizar derechos e imponer deberes y obligaciones que nadie cumple?

Dicho de otra forma, ¿por qué no se incluye en el nuevo texto constitucional un capítulo o sección que institucionalice la dictadura del sistema y así, sabemos a qué atenernos sin eufemismos?

Será que una verdadera solución pasa por emplear el software libre desarrollado con estándares abiertos, en sus sistemas, proyectos y servicios informáticos. ¿Qué tanto hemos avanzado en el cumplimiento de las políticas sobre la materia? Que ingenuo soy.

 

David Ernesto Monroy Coronel

 

Profesor asistente FACES-UCV, jubilado. monrodav@gmail.com



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