Al saberme maracucho

A Maracaibo en su día

Esta vez será muy poco lo que hablaré de ese alemán que el 8 de septiembre de 1529, hecho el Willy May se acercó por nuestra Bahía; y dicen que quedó como un hablachento; porque cuando él llegó, ya los primeros maracuchos, andábamos muy forondos, comiendo mandocas, haciéndose molleja con chicha y horchata; y cuando hablaban de su Barrio, le decían Maracaibo.

En este día de nuestra ciudad es preferible que le vayan recordando a tutilimundi porque somos maracuchos. Imagináte vos, que en los tiempos de cuando todo el país vivía en tinieblas y se alumbraban con velas de cebo, fue en Maracaibo donde por primera vez los venezolanos se arronzaron unos con otros pá ver la luz eléctrica.

The Maracaibo Electric Light Company, fue la primera empresa, que contrató el gobierno para darle luz eléctrica a la ciudad. Aquella noche del 24 de octubre de 1888 cuando se encendieron las primeras lámparas de arco, para alumbrar la plaza Bolívar y sus calles más cercanas, hubo gaitas, danzones y gente carburiá como arroz hasta el amanecer.

Con la Pepa e Billy Queen, había otra ciudad tan pujante como la nuestra. Cuando la mayoría de los pueblos en el resto del país andaba en carreta, aquí todo el mundo andaba alebrestao por montarse en El Tranvía. Ese año 1884 la compañía que hizo posible tan novedoso medio de transporte urbano, oficialmente era conocida como Empresa El Cojo.

¡Tais fresco Alpidio! le dijeron los maracuchos de entonces al gobierno central, cuando se enteraron que a Caracas le iban a poner teléfonos y a Maracaibo no. Por esa razón, en enero de ese mismo año de 1890 el Concejo Municipal, aprobó un contrato con Nemesio García, para dotar a la ciudad de teléfonos. Y dicen que en las casas solo se escuchaba: ¡Audio, Ponéme a mamá por teléfono!

Desde cuando nosotros los maracuchos somos la pepa el queso. Eso todavía está por descubrirse, pero desde el año 1880 Maracaibo se fue convirtiendo en un verguero de gente, donde la modernidad llegó a la ciudad como los marullos. En ese mismo año, nos convertimos en el principal puerto exportador de café y cacao.

En 1882, se funda el Banco de Maracaibo, luego vendrá el Banco Caracas y el Banco Comercial. En 1883, se constituye la Compañía Tranvías de Maracaibo. El 24 de julio de 1883, es inaugurado el Teatro Baralt. El alumbrado eléctrico, brillará desde 1888. El 24 de octubre de 1888, surge la primera edición de la Revista "El Zulia Ilustrado". Ese mismo año, se crea la Escuela de Artes y Oficios, en el actual edificio donde funciona el Consejo Legislativo.

Y como no podía faltar entre tanto rebulicio en 1889, entra en funcionamiento "La Zulianita", centro de la bohemia marabina, siendo lugar de reunión de poetas, locos y soñadores, incluido nuestro gran Udón Pérez, quien de vez en cuando se hacía sebillo con sus amigos, y de ahí salían a meterse unas tumbaranchos en el Mercado principal.

Los maracuchos nunca nos hemos puesto con comiquitas, por eso Maracaibo fue la primera ciudad del país, donde se proyectó una película. Filmada el 28 de enero de 1897 por los hermanos Trujillo Duran. "Muchachas bañándose en el Lago" era el título de aquella novedosa filmación y rodaje, de la magia del cine recién estrenado en el mundo y vista en el Teatro Baralt.

Aquí en Maracaibo hasta Bolívar vino a ver por dónde era, que le entraba el agua al Coco. Así fue como el 30 de agosto de 1821 desde el Malecón, se vino caminando muy empatiquinao a La Oficina de Recaudación del gobierno, conocida como La Casa Fuerte. Allí donde hoy se encuentra el Banco Central de Venezuela.

Nosotros siempre hemos sido los más vergatarios de la bolita del mundo. Y si no fuese así; al Libertador nunca se le hubiese ocurrido proponer en su Carta de Jamaica: "La Nueva Granada se unirá con Venezuela, si llegan a convenirse en formar una república central, cuya capital sea Maracaibo".

Por eso con Chinco Ferrer me doy la lija de decir: "Me pueden decir ahorita que esto mío es un capricho. Ya más de uno me ha dicho que soy un regionalista, no importa soy egoísta, yo al Zulia lo quiero mucho, cuando de ese lago escucho el chapoteo del marullo se me infla el pecho de orgullo al saberme maracucho".



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Douglas Zabala


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