El problema de "Las Pulgas"

Este año comenzó con una nueva acción de la Alcaldía de Maracaibo en el centro de la ciudad de Maracaibo, en la cual se intervino lo que originalmente se concibió como el mercado indígena Kai Kai. Este hecho forma parte de una iniciativa, que reúne a los tres niveles de gobierno (nacional, regional y local) y que comenzó hace poco mas de dos meses, colocando en el foco al Mercado de Las Pulgas.

La intervención gubernamental en el centro de Maracaibo está motivada por el papel que el comercio informal tiene en la fijación de precios en el resto de la ciudad, dicho de otro modo, en Las Pulgas se encontraba la base del marcador de precios especulativos de los productos de la canasta básica. Los voceros gubernamentales anunciaron que se busca el reordenamiento y adecuación de la zona de para que todos los habitantes de la ciudad pudiésemos disfrutar de un espacio digno.

Las acciones se orientaron primeramente de la erradicación de la venta de productos de la canasta básica en los espacios comunes del centro de la ciudad, intervenir locales donde se almacenaban, además otros elementos asociados como dinero en efectivo, así como disponer de la presencia de órganos de la fuerza pública, restaurar la vialidad y el comienzo de la limpieza de los espacios públicos.

No es el objeto de esta nota hacer una crónica de la intervención, aunque necesaria es una introducción sucinta. Considero conveniente reconocer que el problema de Las Pulgas, como expresión más emblemática de lo que ocurre en el centro de la ciudad no es de carácter arquitectónico o de orden público como se pretende de manera reducida caracterizar. El problema de Las Pulgas es cultural con consecuencias económicas, sociales y políticas.

En Las Pulgas subyace y se ha venido reproduciendo una idea, en la cual se sostiene que es licito y socialmente permitido la creación de ingresos súbitos sobre la base de la especulación. Esta idea tiene un arraigo histórico y se desarrolló incluso antes que Las Pulgas existiese, como en el Mercado de los Buchones, en lo que hoy es el puerto de Maracaibo. Dicho de otro modo, cualquier habitante de la ciudad sabe que puede ir al centro de la ciudad y comerciar algo para resolver un día en la vida o todos los días de la vida. Un comportamiento muy asociado a las economías de puerto y en un sentido más amplio a los países que viven de la renta.

Los grupos que son portadores y reproductores de esta idea, lograron niveles de organización que les permitieron ser intocables por décadas. No hubo una afectación significativa por ninguna gestión de gobierno nacional, regional o municipal (bolivariano o de oposición). Lo llamativo en los últimos tiempos fue el desplazamiento del control de la zona del centro de los indígenas (Wuayuu, fundamentalmente) a los elementos vinculados al paramilitarismo colombiano, mediante el uso de la fuerza y la extorsión.

Una parte de los que forman estos grupos han sido invisibilizados públicamente, se dice que existen comerciantes formales que desvían los productos obtenidos lícitamente al mercado especulativo; se dice que participan miembros activos de las fuerzas armadas nacionales y de las policías (estadales y municipales); se dice que operan personas que formaron parte de grupos armados irregulares en el conflicto colombiano; se dice que las castas wayuu aseguran el transporte de las mercancías desde y hasta Colombia; se dice que figuras de la política regional y local forman parte o protegen el intercambio comercial ilegal. En contraparte existe el rostro público y estigmatizado: el indígena o el alijuna (todo aquel que no forma parte de los wayuu) que es el operador del día a día y que recibe una fracción suficiente para asegurar su sobrevivencia y volver a comenzar cada jornada desde cero.

No se observa con claridad en el discurso gubernamental como abordar este problema cultural, ¿Qué alternativa se les presenta a las personas que han sido desplazadas de Las Pulgas?, será razonable a los que están acostumbrados al "diario", se les pida que busque un empleo donde perciban salario mínimo.

Los llamados a un debate público desde el gobierno sobre las alternativas a desarrollar en el centro de la ciudad han sido tímidos y los que se han desarrollado se han minimizado, lo que hace muy probable que la estrategia se reduzca a lo estético, es decir al plano arquitectónico y de orden público, en consecuencia, no sea sostenible en mediano y largo plazo.

No hay que olvidar que estos grupos se mantendrán pendientes de una relajación de la acción gubernamental para retomar el control de los espacios, y garantizar su sobrevivencia, incluso se movilizarán hasta violentamente, una muestra de ello fueron los eventos del pasado nueve de enero.



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Jesús Alberto Rondón

Sociólogo, se desempeña como Facilitador en el Inpsasel, ha sido electo Delegado de Prevención (2011-2013 y 2013-2015) y es Vice-Presidente del Consejo de Vigilancia de la Caja de Ahorros de los Trabajadores y Trabajadoras del Inpsasel (2.011).

 jesusalbertorondon@gmail.com      @jxrondon

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