Binóculo Nº 298

Lacava

No suelo hablar de gobernadores y alcaldes porque históricamente nunca han servido para nada. PARA ABSOLUTAMENTE NADA. Ni los de la Cuarta, ni los de la Quinta. En el caso de los de la Quinta es peor, porque se suponen que son revolucionarios, y la primera tarea de un revolucionario, es hacer la revolución. Pero a diecinueve años de ejercer el poder, cuando hacemos un balance, vemos que en ningún estado se ha hecho la revolución, en ninguno se han construido obras de infraestructuras que queden para la posteridad, en ninguno se ha resuelto el problema de los servicios públicos, en ninguno se han resuelto problemas ya tan elementales como el transporte público, que es una de las peores desgracias de los venezolanos; y peor aún, yéndonos a la política, en ninguno se ha modificado la correlación de fuerzas en la estructura del poder. Vale decir, a pesar de que -según ellos y sus celestinas- son revolucionarios, ninguno se ha apoyado en el poder popular, para tomar lo que alguna vez se conoció como el cielo por asalto.

Y en cuanto a los alcaldes, es exactamente lo mismo. Salvo un municipio de Lara cuyo ex alcalde sentó las bases para la construcción de la revolución, ninguno ha servido para nada, incluyendo un alcalde en Carabobo, a quien por venganza política lo metieron en la cárcel por ladrón, que lo era, pero todos sabemos que era un pase de factura. Como si este proceso no estuviera lleno de ladrones. Solo un ejemplo: el robo de las tickeras fue tan bajo, tan vil, tan despreciable y tan malandro, que produce asco. Todavía hay jefes de Ubch con cajas llenas de tickeras que nunca las entregaron a su comunidad. La misma actitud con los juguetes, pero como eran basura, le dieron menos importancia.

Carabobo no es distinto. Vivió diecinueve años bajo la desgracia de los Salas que no hicieron una sola obra. No hay una parte de la región en donde uno se consiga algo significativo, de importancia para sus habitantes que puedan decir "esto lo hicieron los Salas".

Después tuvimos a un general cuya principal marca de fábrica fue eructar frente a una cámara de televisión, convencido de que la verdad era una sola y la tenía él. Cómo podía saber de política -me preguntaba yo- alguien que cebaba ganado y cuyo mayor mérito fue representar militarmente a Venezuela en una misión de la ONU. Pero a Chávez se le ocurrió que podía ser un buen gobernador y ya ven, se equivocó, como se equivocó con Francisco ¿Recuerdan? Porque yo lo digo. Aunque en descargo de Acosta Carlez, podemos decir que construyó algunas urbanizaciones, con casas hechas un desastre que se abren a la mitad, pero que sus habitantes han logrado irla recuperando. Sin embargo, construyó muchas en varias partes del estado, con un ingrediente adicional, el pacto con algunas cooperativas que se beneficiaron de esa construcción.

Luego vino este teniente coronel ascendido por haber ganado guerras en juegos de play station, convencido de ser un gran conocedor de la historia, quien en lugar de gobernar se dedicó a hacer su maestría en historia y un programa de radio que nadie oía, salvó los aduladores de turno. Claro, la ausencia de formación marxista le impide analizar correctamente los hechos, mucho menos los históricos. Nadie le enseñó a Francisco que Marx nos dejó dos herramientas que son fundamentales para el análisis, y que, sin el uso de ellas, siempre nos equivocaremos, siempre: el materialismo histórico y la dialéctica materialista. Incluso, investigadores estadounidenses de la rancia derecha, hacen uso de esta herramienta porque han descubierto su extraordinaria capacidad de atinar en donde pudiera haber una equivocación. Yo le agregaría la mayéutica socrática. Las dos únicas construcciones que pudieran considerarse como obra de Ameliach, realmente son monumentos a la porquería, donde no hace falta ser un ingeniero para saber que no costaron lo que ellos dijeron que costaron. Pero por supuesto, también hay un Consejo Legislativo Bolivariano (pobre Bolívar) que le aplaudía todo y le aprobaba todo sin siquiera hacer una investigación.

¿Por qué pensar que mi tocayo lo va a hacer distinto? No lo sé. Vuelvo al principio, la primera tarea de un revolucionario es hacer la revolución. Recuerdo una polémica de esas torpes que solía dar Acosta Carlez con los valencianos, que por cierto lo odian, con el tema del Magallanes; cuando Chávez públicamente le dijo que se pusiera a construir el socialismo en Carabobo, más bien. Creo que Chávez sabía que no lo iba a hacer porque Acosta ni es socialista ni le interesa el socialismo.

En descargo de mi tocayo gobernador debemos decir que efectivamente encontró un estado en el desastre total, con un gobierno que se ocupó de hacer muchas cosas, pero ninguna en beneficio del estado ni de los carabobeños. A Francisco nunca le interesó ni el pueblo, ni la región, ni el desarrollo.

Sin embargo, como todo gobernador de la Cuarta y de la Quinta, mi tocayo comenzó limpiando y cortando monte, como una especie de relanzamiento de aquella "Operación Limpieza" de los Salas, que fue lo único que hicieron. Y hasta ahora, Lacava se ha reunido con el chavismo de la devaluada clase media valenciana, no él, su representante. Aunque él personalmente sí se reunió con la crema y nata del escualidismo valenciano, los proponentes de tomas, quemas y agresiones durante las guarimbas, incluyendo al inefable propietario del "aristocrático" colegio Juan XXIII, a quien Juan Fernández le prometió el Ministerio de Educación si el paro petrolero del 2002 triunfaba y Chávez era derrotado.

Ni una sola reunión en Miguel Peña, donde la suma de 400 barrios y comunidades alberga a la población más grande del país y probablemente la parroquia más grande del continente. Allí se concentra casi el 30% de la población del estado. Ni una sola reunión en los municipios más empobrecidos del estado, chavistas hasta morir, donde reaparecieron hechos que Chávez había superado, como niños con sarna, muertes por desnutrición, niñas embarazadas muertas por parto de lo que nadie quiere hablar, directores de escuela ladrones que se roban la comida del comedor o hacen negocios por comidas de inferior calidad, gente que se acuesta sin comer, madres que llevan tres meses esperando una bombona de gas, abandono de la escuela, incremento de la prostitución infantil, incremento de la venta de drogas. Seguro que a mi tocayo no le han informado que en una escuela una maestra salió embarazada de su alumno de sexto grado. Tampoco le informaron que en otra escuela había doce niñas de once años embarazadas. Tampoco le han informado que hay liceos donde hacen videos porno para venderlos. Ya debe saber que hay barrios donde no ha habido luz por una semana completa y que hay comunidades que llevan más de un mes sin agua.

Pero hasta ahora mi tocayo no ha dado muestra de saber por dónde va. En su descargo diremos que los problemas son múltiples y extremadamente complejos; y que, además, con un país quebrado, con su principal industria quebrada, no hay recursos para nadie, lo que duplica el problema.

No obstante, en las batallas políticas, las prioridades son fundamentales. Si bien el país y las regiones están a punto de tocar fondo, hay reservas extraordinarias de las que se puede hacer uso precisamente para sacar al estado del atolladero. Solo que, eso no es posible si no se convoca al poder popular, y la convocatoria al poder popular, tiene un costo político. La pregunta es si está mi tocayo dispuesto a asumirlo. Pero no hay duda que esa convocatoria resolvería en menos de un año los graves problemas de alimentación y de locomoción en la región. Las fuerzas populares organizadas, están esparcidas en todo el estado y no es complicado activarlas porque, de hecho, ellas tienen sus propias actividades: producen, siembran, crían, transportan. Todo en pequeñas escalas porque no tienen recursos, pero con el liderazgo de mi tocayo, perfectamente se podría realizar un plan de trabajo y de producción para alimentar y asistir a toda la población carabobeña, incluso los estados vecinos. Podría por ejemplo crearse una comuna pesquera, si es que no la hay, cuyos barcos se comprometan a traer la producción y toda esa producción entregársela a otra comuna que se encargue de distribuirla con una venta que cubra los costos y genere ganancia para sus trabajadores, pero que además alimente a los carabobeños. Son las fuerzas organizadas las que saben cómo se bate el cobre en los barrios. Es a ella a la que se debe llamar para que se encargue de la difícil tarea de la organización de una comunidad.

Chávez siempre se resteó por el pueblo, y de hecho, dio su vida por él, pero siempre le tuvo miedo y le prohibió expresarse. Mi pana Nicolás es peor, no solo le tiene miedo, sino que lo ha castrado. Puede que mi tocayo, con su vehemencia característica, con su capacidad empuje y con su voluntad, cambie la correlación de fuerzas. Lo que sí es absolutamente seguro, es que nada se podrá hacer si no se convoca al poder popular organizado. ABSOLUTAMENTE NADA.

Este 19 de enero, serán los primeros cien días de un gobierno que hasta ahora se le ha ido el tiempo en limpiar. Que era necesario, sí; pero que hay otras prioridades, también. Hasta ahora mi tocayo no ha anunciado un plan de gobierno, ni qué se hará en los próximos cuatro años para sacar al estado de la ruina. Lo que si es claro es que si no convoca a las fuerzas revolucionarias a trabajar para el futuro, el fracaso será el mismo de sus antecesores. Por ahora, no he visto nada en él que me indique que es un hombre de izquierda, ni siquiera un antimperialista, que es la primera condición de un revolucionario. Esperemos. Ojalá y no sea tarde para que no ocurra lo de siempre: la masacre de los pobres.



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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