Ciudad Guayana, la horrible

Este es el mejor adjetivo para describir la imagen que muestra al país hoy día esta ciudad. Ciudad Guayana, privilegiada por la naturaleza por estar enclavada en la intersección de los dos más grandes ríos de Venezuela, hoy sufre como nunca ante los malos tratos prodigados por los muy malos hijos que en mala hora elegimos para que la condujeran. Una jauría de improvisados, ambiciosos, incapaces y corruptos se apoderó del gobierno local desde hace varios años y el resultado de su gestión ha sido esta tragedia que sufrimos hoy el millón de personas, habitantes de esta urbe enclavada aquí donde el Caroní entrega sus aguas al Orinoco. Tal grupito de piratas de la alcaldía local pareciera que tuvieran el corazón atravesado por varios rollos de alambre de púa, pues mientras la ciudad gime de dolor, ellos cual desidiosos, se desentienden de sus responsabilidades y dejan a la buena de dios el destino de las personas que habitamos esta urbe. Dolor, incomodidades, enfermedades, frustración, rabia, depresión, y pare de contar, son los efectos que genera en la ciudadanía local tener que vivir en esta ciudad sometida a innumerables y reiterados ultrajes. Allí están las toneladas de basura acumuladas durante años en cada esquina, en cada recoveco; los millones de moscas, ratas y cucarachas merodeando aquí y allá; los miles de perros callejeros hambrientos y enfermos que cruzan sin destino alguno calles, avenidas y plazas; los mercados municipales convertidos en letrinas malolientes, nauseabundas, verdaderas cloacas; los centenares de quioscos de venta de lotería construidos en aceras y plazas; las innumerables licorerías, muchas de las cuales están situadas muy cerca de escuelas, hospitales y funerarias; los incontables bachaqueros y vendedores al detalito invadiendo las pocas aceras que aquí existen; las decenas de cloacas desbordadas en cualquier lugar; el monte creciendo donde antes hubo grama y plantas florales; plazas públicas abandonadas por la gente de bien pero tomadas por los indigentes; calles y avenidas con su asfalto destruido; semáforos inservibles; servicio de transporte público caótico, desordenado, sin reglas; horribles hospitales carentes de casi todo, además de los centenares de delincuentes dueños de la noche y de buena parte de los espacios públicos. Mientras tanto, la dirección regional del PSUV nombra y quita alcaldes y funcionarios como si esa institución fuese una bodega de su propiedad. No se consulta la preferencia u opinión de los ciudadanos sino que la designación la deciden en Caracas (Miraflores) y Ciudad Bolívar (Gobernador). Pero cada nuevo alcalde es más incapaz e indolente que el anterior. Es trágica la situación. La conclusión que se desprende de la persistente situación existente es que los actuales gobernantes municipales no vinieron con el ánimo de construir sino de destruir y malversar y por eso el inmenso desastre. Nunca jamás, en la historia habíamos sufrido tantos maltratos. Nadie nos había humillado con tanta saña antes. La ruindad de los actuales regidores es propia de gente insensible ante el sufrimiento ajeno. Pareciera que a ellos los mueve el ánimo de venganza hacia sus congéneres, el afán de hacer daño, de generar sufrimiento, de hacer el mal. Estas son las conclusiones que se desprenden de su errático desempeño. En verdad y por lo visto es mejor no tener aquí a ningún gobernante. Es mejor no pagar a unas personas para que desempeñen sus tareas de manera tan aviesa. Estamos pagando para que nos hagan daño. Hay que ir pensando más bien, después de esta terrible experiencia política, en eliminar esas instituciones, como es el caso del Concejo Municipal de Caroní. Sus integrantes son, además de una carga para los ciudadanos, un muy mal ejemplo, dado los turbios negociados que hacen puertas adentro de la institución. Por lo demás, tales concejales pasan su período sin pena ni gloria, como ilustres desconocidos. Que se vayan todos debería ser la consigna a defender por nosotros los habitantes de Ciudad Guayana. Que se retiren a sus covachas todos los actuales politicastros locales y regionales, y los que esperan turno para tomar el lugar, si en su caso los acompaña el mismo interés político malsano. No queremos más indolentes y corruptos jugando a la política. Ya basta de gente vestida con colores rojos, amarillos, blancos, azules, gritando consignas y muletillas, pero practicando política sucia. Ayúdanos tú Dios, pues no tenemos más nadie a quien recurrir. Estamos en la indefensión absoluta.

Hoy cuando deberíamos estar felices celebrando un aniversario más de Puerto Ordaz, puerto fundado un día como hoy del año 1952, nos encontramos tristes y de luto, pues la ciudad padece graves enfermedades, está moribunda.



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Sigfrido Lanz Delgado


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