La “guerra de los nervios”, batalla perdida, peleada desde las catacumbas

Aquí, apabullados. No se si en todo el País, pero en Mérida y alrededores sí. La pérdida del 14 de abril tiene explicación dentro de la lógica electoral, pero los efectos psicológicos y de actitud a partir de lo que significó la victoria para el enemigo son graves. Y no se trata de síndrome traumático postelectoral, no; sencillamente fue como si nos hubiésemos cansado de llevar la iniciativa política, el entusiasmo de militar en la causa más hermosa que haya tenido Venezuela, y hubiésemos depuesto las banderas.

En la corta campaña electoral, no se notó. Como nunca, los puntos rojos estuvieron animados; el de Lasso de la Vega rebosó siempre de alegría, y el baile y la música retumbaban diez horas diarias. La depresión generalizada por el tránsito del Comandante dio paso al entusiasmo por brindarle una victoria electoral. El enemigo, apagado, a la defensiva, como siempre, salvo el día de la concentración de cierre, multitudinaria, gracias a que la convocatoria abarcó una zona geográfica que sobrepasó el estado (Valera, Barinas, municipios zulianos del Sur del Lago, municipios del Norte del Táchira). En algún artículo pasado lo dije; ya la noche anterior no había cupo en hoteles y pensiones de Mérida, y nunca se había visto tal afluencia de “forasteros” a Mérida.

De repente, ante la declaración de fraude y el llamado de Capriles a cacerolear y “descargar la arrechera”, durante el sitio al CNE , las tropelías contra el CAMIULA manejadas perversamente por medios e instituciones, las sucesivas manifestaciones violentas en varios sitios, pero sobre todo en los alrededores del McMierda y el CDI de los Sauzales, no controladas a tiempo (ni a destiempo) por el Plan República en vigencia, después de todo eso, se cargaron de una valentía abusiva y agresiva que mantienen hasta hoy. El viernes vendrá Capriles a un homenaje a los “héroes de la victoria” y les reinyectará desenfreno. Tendremos que continuar sufriendo la “actitud” de una oposición envalentonada.

Del lado de acá, desorientación total. No se tuvo fuerza para celebrar debidamente el triunfo nacional; no hubo reacción planificada para enfrentar los desafueros oposicionistas, salvo la defensa del CNE y el ataque a quienes en su huida se refugiaron en CAMIULA, ocasionando los destrozos que se le atribuyeron a los revolucionarios; se abandonó el campo de batalla y con ello vino la intimidación contra todo quien oliera a chavista. Las identificaciones revolucionarias en los automóviles comenzaron a desaparecer y hoy es difícil ver una; en mi caso, que me resistía a hacerlo, hube de ceder ante la evidencia de que no podía poner en riesgo una niña de seis años, ocupante habitual del carro. Hasta en los lugares de trabajo son frecuentes las gorras, pulseras, etc. caprileras, cuyo uso debemos devolver a la cloaca de donde salió. Pasamos a ser asediados, perseguidos, en nuestra ciudad, durante nuestro gobierno, enfermos de los “nervios”.

La doctrina que desde los inicios del gobierno de Alexis se había tratado de imponer, que las agresiones contra “la gente” es un peo de “la gente”… más con tantas limitaciones de la fuerza pública para enfrentarlas. Los más arrechos agresores de “la gente” corrieron como conejitos ante revolucionarios decididos a enfrentar sus tropelías, y no les valió la cabronería de la autonomía universitaria, porque “la gente” no viola autonomía, eso lo hace la policía. Esta reacción hizo que estuviesen un tiempo inusual en paz, sin joder. De habérsele dado oportunidad a que en la crisis postelectoral “la gente” defendiera democráticamente las instituciones de “la gente”, otro gallo cantaría hoy en Mérida.

Esta “guerra” continúa dándose, pero la revolución la pelea desde las catacumbas. Llegó la hora de una mega celebración por el triunfo de Maduro, con templetes en todos los barrios, con una semana completa de preparación y actividades festivas, culturales, con intensa participación popular, desbordante de alegría, para comenzar a recuperar la iniciativa y la confianza perdidas. Ya es hora de embanderar la ciudad con carteles y pintas de confianza en el futuro, de apoyo decidido al gobierno y ataque a las tropelías de la oposición y denuncia de su líder títere, que hay que ubicarlo donde estaba, como blanco político preferido. Ya es hora de convertir cada “operativo” y cada acto administrativo en un tributo alegre al pueblo, que el “gobierno de calle” anunciado, sea una fiesta de participación. Es hora de que Gobierno Revolucionario y PSUV reaccionen y retomen la iniciativa política en el estado. Que se impriman y repartan calcomanías con diseño y mensaje para, todos a una, identificar nuestros vehículos.

Esto, más las medidas que recomendamos en artículos anteriore y las que vendrán en los próximos, como en el siguiente, que se lo dedicaremos a la “guerra de los medios”. Mis amigos, hasta pronto, y a cuidar esos nervios.

osoriof@cantv.net osorioc@gmail.com


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Fermín E. Osorio C.

Historifabulador socialista y antiimperialista.

 osorioc@gmail.com      @FrontinOso

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