A dos amigos, Rodrigo Cabezas y Julio Ulloa. Los pertinentes aliados. Centralismo y Poder Comunal

1. Para Rodrigo

Permítame decirle, buen amigo.

Siendo usted ministro y estando yo de paseo en la laguna de la Arestinga, en Margarita, por azar, pude hablarle personalmente. Desde la mesa ocupada por usted, nos saludó, a mi compañera y a mi, con afecto, buen ánimo y empatamos una breve y cordial charla. Aquel gesto suyo, de dirigirse a dos personas humildes y desconocidas, nada habitual entre quienes están a los niveles que Ud. entonces ostentaba, creo que Ministro de Finanzas de Chávez, nos causó una bella impresión, eso al margen de la posición política de mi compañera y mía, militantes de la izquierda de toda la vida.

Hay muchas cosas que nos han unido y nos unen. Mucho de lo que usted piensa y defiende está en el campo de nuestro interés, objetivo y en la plaza por defender, sin que este signifique no tengamos diferencias en lo inmediato, conducta y relaciones.

Creo, y eso predico entre amigos, intentando iniciar algo que, desde el campo de lo que llamamos la izquierda, es necesario hacer, una revisión de la coyuntura mundial y venezolana, reacomodar nuestro discurso y elaborar un proyecto amplio que se inserte en la idea de buscar y promover cambios sustanciales en el modelo, dada la profundidad de la crisis del capitalismo y los que dentro de él se vienen produciendo, sin que pareciéramos percatarnos. Seguimos dando cabezazos en base a los viejos manuales y esto lo hacemos hasta quienes decimos haber roto con la ortodoxia.

Me motivó a decir las pendejadas que ya dije, y perdona la expresión, la lectura de su trabajo en aporrea, titulado "Venezuela: el sonido del silencio de las víctimas o la coartada antimperialista de los victimarios", en el cual dice: "Así, el antiimperialismo se convierte en la retórica de turno que intenta expiar sus responsabilidades en la devastación de la república".

Resulta que, en mi trabajo, también inserto en Aporrea, titulado "Vladimir Acosta: El monstruo se maquilla" y nosotros oscilamos entre el perecer o la evasión", sostuve "Estamos siendo chantajeados o por lo menos eso se intenta, con lo del imperialismo".

Hay como una visión acartonada, acomodaticia, teatral, según la cual, los problemas de la gente poco interés tienen; menos los persistentes errores, omisiones, inhibiciones del gobierno en el manejo de la política en toda su gama, ante la definición formal de antiimperialismo del mismo. Es como si gritar, como cuando eso hacíamos siendo chamos, ¡abajo el imperialismo! fuese suficiente para merecer el respaldo incondicional de todos aquellos que asumimos como valedera esa concepción estratégica.

No sé si estoy en lo cierto o es mi deseo, pero creo que mi amigo Vladimir Acosta -me guío por los antecedentes - está en la actitud contraria al uso de la bandera del antiimperialismo para evitar confrontaciones que se cree innecesarias, por eso, percibo en él, aunque de manera discreta, la misma advertencia que usted y yo hacemos de manera frontal.

Lo que sí sé, es que, en el campo de la izquierda, por lo menos eso que solemos llamar la vanguardia, crece el descontento, el distanciamiento y el número de hombres que perciben con claridad lo que acontece. Aunque algunos números también parecen rebelar que la base de apoyo popular del gobierno tiende a descender sustancialmente.

Es asunto, es el reto, como el de hace muchos años, de encontrar las palabras, los caminos, deslastrándonos de los simplismos y de toda aquella inútil ortodoxia y retórica acartonada, según la cual cambiar la sociedad es como armar un lego y disponer de unos pocos y heroicos soldaditos barbudos con signos de paludismo.

El cambio de un modelo de sociedad a otro, definitivamente, según mis convicciones, nada tiene que ver con aquello que Jhon Reed, narró en "Los diez días que cambiaron al mundo", como que se trata de de tomar el poder, contar con el respaldo de unos soldados y hasta de una enorme masa humana y empezar a lanzar decretos. La sociedad no cambia si, en toda ella, no maduran las bases, instrumentos y procederes que habrán de darle sustento al futuro, lo que, por no darse, sería como un lanzarse al vacío; no se trata de dejar de hacer, pero tampoco ponerse a madurar cambur con carburo. Pues el cambio, en verdad, no lo harán las leyes ni la fuerza que de ellas y el Estado emanan, sino el trabajo. luchas y las relaciones íntimas y cotidianas de la gente.

Eso sí querido amigo, tampoco se trata de empeñarse en encontrar los aliados para emprender la tarea o mejor continuarla, de cambiar la sociedad por una justa y que produzca felicidad, entre los eternos y naturales contrarios; esos que siempre hemos sabido que lo son. No es verdad que, necesariamente, el enemigo de tu amigo es tu enemigo y viceversa. Hay que ser lo indispensable y necesariamente selectivos, tanto como para tampoco tener en todo aquel que discrepa en detalles, en asuntos de táctica y hasta estrategia, un contrario irreconciliable y menos echarse de amigo a uno que pudiera en apariencia coincidir con nosotros por el odio o simple distancia particular de sus intereses con quienes uno también se distancia. Es necesario afinar los detalles. Tanto como no caer en la tentación de hacerse amigo y coparticipante en la lucha, de quien es nuestro contrario en lo sustancial, en las contradicciones fundamentales, sólo porque es enemigo de alguien que, por alguna causa, es contrario a lo que pensamos y hacemos.

Saludos y sería buena una respuesta porque podríamos estar en las instancias para unos encuentros necesarios; la inquietud crece.

Eligio Damas

       

2. Julio, querido amigo, la pandemia no puede alejarnos.

Buen día Julio. Un placer comunicarme contigo. Casualmente, esta mañana, cuando me vestía, después de bañarme, tomé de mi mesa de noche, un viejo papel que sobre ella estaba desde algún tiempo, dejado allí por mí olvidado. Y digo casualmente porque, este texto que hallo en mi correo al prender la máquina, enviado por ti, tiene que ver con las notas hechas por mí en ese papel.

Pero antes de abordar lo que llamaría el asunto de fondo, te comento como el señor que eso escribió, según llamado JMR, califica al gobernador de Miranda, como "un hombre de derecha dentro de la revolución". Es decir, para él, que evidentemente se autocalifica de izquierda y admite que estamos en plena "revolución", de hecho califica a Jacqueline Farías de "izquierda" y, para eso, no se fundamenta en su actuación pasada como administradora, "dirigente", la de aquellas ofertas, según las cuales a esta altura pudiéramos bañarnos en las aguas cristalinas y puras de El Guaire y su administración en CANTV, donde hasta la publicidad era de tinte consumista y capitalista, aquella de incitar a la gente a que hablase para que produjera beneficios a la empresa, sino por haber propuesto un gobierno central para un espacio que, legalmente, corresponde una parte al Edo. Miranda y otra al Distrito Federal.

Al gobernador de Miranda, particularmente, yo le he calificado igualmente como un joven socialdemócrata y lo he hecho porque por mi experiencia, soy un anciano, igual que puedes hacerlo tú, pese tu juventud, también por tu experiencia, me basta oír o leer cierto tiempo a alguien, percibir de su hablar, razonar, manera de diagnosticar y abordar lo cotidiano, para saber con quién hablo. Pero, eso mismo, me ha llevado a calificar de igual manera a la señora Farías, aparte de lo que ya dije de ella. No se trata de estar en un grupo u otro. Eso no es determinante. ¿Cuánta gente se cree ser una cosa y resulta que es otra? ¿Cuántos hoy están en la derecha, convictos y confesos que se pasaron la vida diciendo que los otros, por no ser nunca ortodoxos, eran de esa tendencia o inmerso en esa concepción del universo?

Pero lo fundamental, que me lleva a escribirte no es eso, sino lo que creo de fondo. El problema del centralismo, que es el asunto que lleva al señor autor de la nota a hacer sus calificaciones y apartados, es para algunos un asunto vital. Cuando hice alusión a mi nota encontrada en la mesa de noche, fue porque allí hallé un resumen que hice para una exposición, donde volvía sobre el tema del regionalismo, el centralismo y la descentralización.

Estos son partes, temas, que deben ser discutidos por la izquierda venezolana. El centralismo no es una propuesta, ni modelo de hecho inherente a la izquierda ni es, de por sí, una propuesta progresista y menos revolucionaria. En la historia de Venezuela, el centralismo está expresado en las economías de puerto impuesta por el capital gringo a Venezuela desde los tiempos que emergió la economía petrolera y fortalecida con la sustitución de importaciones. Por él, los capitales acumulados en poca y hasta buena cantidad, en zonas interioranas de Venezuela, como el oriente, por años se trasladaron o trasladan al centro, en los enclaves capitalistas del capitalismo venezolano inserto al modelo externo, para la inversión en esos espacios.

Pero eso no se queda allí. Pues por eso mismo, de lo que los caraqueños llaman la provincia que, sin saberlo en su exacta dimensión, así llaman a los espacios marginados que creó la economía de puerto, no sólo se llevan los capitales, sino además acaparan la inversión estatal y todas las políticas, de servicios, culturales, etc. Por esto, he intentado por algún tiempo llamar la atención para que este asunto lo discutamos. Justamente, en breve, voy a participar en una reunión de amigos que hemos venido encontrándonos para tratar estos asuntos, diagnosticar la coyuntura e intentar ponernos de acuerdo en algunos temas para determinar la manera de actuar y manifestarnos públicamente, donde aparte de lo que antes he planteado, llevaré este tema. Y no por lo que me motivó a escribirte y lo que hallé en mi mesa de noche, sino porque es un asunto que está en el centro de mis preocupaciones. Pareciera que, es al capitalismo, a las economías altamente exportadoras de mercancías y capital, al imperialismo, a quien interesa centralizarnos, concentrarnos a todos los habitantes de la periferia en determinados espacios.

Si el centralismo fuese una propuesta estratégicamente inherente a una visión de la izquierda, entonces habría una contradicción con la propuesta del Poder Comunal.

Ahora mismo estoy terminando un artículo sobre el liderazgo regional, lo que tiene que ver con el asunto del centralismo y como por este, a nosotros, ya no sólo nos imponen desde Caracas los gobernadores y diputados, sino también hasta alcaldes y concejales, lo que revela que el centralismo tiende a crecer, porque es parte del sistema.

Creo, sin proponérmelo, he escrito otro artículo sobre ese tema que tanto me preocupa. Voy a revisarle, luego que te envíe esta nota, intentaré mejorarlo y hasta pudiera volverlo un artículo para publicar.

Eligio Damas

Nota: Cosa curiosa, de ninguno de ellos, he recibido respuesta,



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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