Intentado crear un Consejo Comunal o entrando a la Corte de los Milagros

Cuando entramos en aquel espacio me pareció estar viendo la escena de una vieja película del gran cineasta español Luis Buñuel. Frente a la puerta de la oficina a la cual accedimos, siguiendo paralelamente la pared del fondo había una rectangular y larga mesa. Sentados a lo largo de ella y dándole la espalda a la pared, habían seis hombres. Se trataba de gente humilde y quienes al intercambiar palabras con quienes en aquel espacio fuimos a llevar controversia y hasta incomodidad, confirmaron nuestra primera apreciación. Al lado del extremo derecho de la mesa, dicho así desde nuestra perspectiva, había un escritorio, sobre este una computadora y los instrumentos usuales y al frente de aquél una silla giratoria ocupada por una joven del mismo aspecto de los hombres dispuestos a lo largo de la mesa. De no ser por esta joven y la máquina, todo aquello hubiese podido fingir como el montaje de la escena de la "Última Cena" de Viridiana.

Somos un grupo de ciudadanos, habitantes de una urbanización que fue de clase media y ahora vivimos como supervivientes de una guerra devastadora, con el agravante que quienes manejan el Estado, incluyendo aquellos que están en esa oficina, nos miran y hasta clasifican como "ricos "y hasta poderosos, pese ahora más bien parecemos deambulantes y hasta derrotados como ellos mismos, que lo son, no lo creen y más bien se asumen vencedores. Ellos, al vernos entrar, casi todos nosotros de la tercera edad y de pasos vacilantes, debieron forjarse más o menos la misma impresión espeluznante que nosotros de ellos. Debimos parecerles unos fantasmas invasores e imprudentes, emergiendo de la polvareda levantada por las bombas que destruyen la ciudad en medio de la guerra. Quizás también algo así como el pasado todo hecho personas que llegaban al futuro y venidos de una fiesta, por el agotamiento y los pasos vacilantes. Unos viajeros en el tiempo o escondidos en los escombros de la ciudad derruida que de repente decidieron aparecer de manera imprevista a buscar agua y algo de comer para prolongar la vida y volver al escondite. Por nuestro vestir, simple recuerdo de un pasado ya agotado y la forma de hablar, debieron sentirse extrañados de aquella presencia inusual en una oficina donde transcurren sólo personas como ellos. Debieron ver el polvo que cubre nuestro cuerpo, que nosotros mismos no vemos y el moho sobre nuestra ropa que alude al pasado o un simple reflejo de lo que antes fue. Nuestras caras y hasta gestos debieron denunciar lo que somos, sobrevivientes asustados que se atreven o mejor se ven obligados a salir de sus espacios para buscar la vida que allá en la urbanización languidece y sobrevive piedra sobre piedra.

Los personajes sentados a lo largo la mesa estaban en posición no propia de quien está en una reunión y tampoco cumpliendo una tarea, pues no había nada, como lápices, carpetas o papeles que de eso hablasen. Tampoco era una reunión, pues la disposición de ellos con respecto a la mesa no era lo propio de cuando eso acontece, más bien como quien se dispone a cenar, pero no había nada que de eso hablase y además era una oficina. Ninguno de ellos se asemejaba a Jesús, por lo menos a la imagen que de éste uno tiene, ni había espacio allí dispuesto para que allí llegase y tomase asiento. Por lo visto y por los hechos, era un grupo de personas que allí cumplía un horario y hasta quizás se ocupasen de rezar y contarse sus cuitas por parejas.

Es esa la oficina donde quienes quieran conformar un Consejo Comunal deben acudir para los "fines consiguientes". Chávez dijo "Comuna o nada"; es decir, según esa sentencia, el destino de quienes gobiernan, si son en verdad coherentes con lo que aquél propuso, estaría sujeto en buena medida a crear Consejos Comunales y Comunas. Y nosotros, los sobrevivientes, habíamos entrado al santuario donde en nuestro espacio aquello debía promover. Habíamos entrado a un sitio sagrado, quizás por esto y más que por la realidad misma, nos encandiló aquel "cuadro como pintado por Buñuel".

Le lectura de Ley, a nosotros, que intentamos crear un Consejo Comunal, movidos por los efectos de este singular bombardeo, cuando las bombas salen de cualquier parte, hasta de donde uno cree y esperaba no deberían salir, en su artículo cuarto, entre otras cosas nos remitió a esa oficina que nadie consultado sabía dónde estaba, ni siquiera jefes del "proceso", hasta que desde muy lejos alguien le reveló a uno de los nuestros que estaba a sólo tres cuadras de nuestro espacio.

Por ella, por Ley, sabemos de un croquis que debe delimitar nuestro espacio, ese sobre el cual ejercería su potestad el Consejo Comunal y de los Censos Demográfico y Socioeconómico correspondientes al mismo, que debemos hacer. Llegamos allí con el croquis pero sin el segundo elemento por carecer de las planillas correspondientes a espera que allí, en aquel sitio, porque es el pertinente, nos las suministrasen y suponiendo, por las funciones del ente e interés que allí debe prevalecer por aquello de "Comuna o nada". Para más entusiasmo nuestro, una joven en la entrada nos dijo que "La comuna es la expresión del Estado por venir". Y agregó, asumiendo la actitud de quien habría de revelarnos un secreto a ella revelado, "debemos prepararnos para ese nuevo estado de cosas."

Pero resulta que ese croquis correspondiente a nuestro espacio, elaborado de conformidad con las exigencias de la Ley, debe ser confirmado por un arquitecto asignado para tal fin que debería estar en aquella oficina, pero nadie allí sabe dónde hallarla, ni cuándo llegaría a su oficina, menos dónde queda ésta en aquel espacio donde de ellas abundan. Menos mal, cosas misteriosas de la vida, todos los secretos no están revelados, uno de aquellos como "apóstoles", dicho así sólo por las evocaciones de la "Santa Cena", nos suministró el teléfono de aquella funcionaria, era un secreto suyo. De las planillas, la joven que en aquel espacio rompía con el cuadro, habló de la posibilidad de hallarlas en algún rincón en Internet, pero allí, en aquella oficina, la señal no llegaba. Eso sí, nos dijo ella, "localicen a [La Promotora]". Porque hay una funcionaria que debería operar desde allí, encargada de promover la creación de los Consejos Comunales en nuestro espacio. Pero no dijo la joven en cual oficina estaba, ni dio señal de saber dónde, cuándo, qué día u hora, podríamos hallarla. Cuando dijo eso, otro de los apóstoles recordó que tenía el teléfono de "La Promotora" y nos suministró aquel número. También de éste era un secreto personal.

En la cacería, los perros salen a levantar las presas. Los cazadores a aquellos sueltan para que con sus ladridos y hasta excitado aliento, motiven a los animales de caza a salir de sus madrigueras y desplegarse a cielo abierto. Entonces los perros corren, como es habitual, tras los asustados animales de caza que por el susto que aquellos les motivan corren y se exponen al peligro del fuego que dispara el humano. Ese es el rol de cada uno. Los perros corren detrás de los venados.

"Comuna o nada". "La Comuna es la expresión del Estado por venir", dicen quienes manejan el Estado de ahora y nos lo recordó la joven en aquel como santuario donde se debe promover la fundación de los Consejos Comunales y Comunas. Llevamos varios días de haber dado una señal de disposición para fundar un Consejo Comunal, dejado huellas y avisos en todos los recodos del camino y a espera estamos que perros y cazadores vengan a nosotros. ¡No se sienten los pasos! Pese la Comuna "es el nuevo Estado por venir". Tendremos que declararnos en rebeldía, pues los funcionarios aludidos antes, por los momentos, no se sabe hasta cuándo fueron asignados a otras tareas más urgentes que la promoción de las comunas. ¿Quién entiende este enredo?



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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