Una tarea impostergable de los Alcaldes (I/IV)

¡La comuna no puede entenderse como la causa de unos iluminados que sustituyen al Poder Popular… !

  • La comuna existirá cuando se ejerza el poder sobre el territorio.

Si la sociedad, es decir, el ser humano, anima las formas espaciales, atribuyéndoles un contenido, una vida, entonces, la comuna no sólo se podría definir como una forma de gobierno, sino que, además, sería capaz de darnos respuestas globales y unificadas de la existencia humana, de la consciencia social y de las bases espirituales de la nueva sociedad.

No podemos abordar el carácter de la ciudad comunal sin referirla a la planificación urbana y territorial a través de coordinar seria, unitaria y coherentemente todas las acciones que se dan sobre la ciudad, las cuales han estado consciente o inconscientemente al servicio de la tasa de beneficio y del valor de cambio.

Tanto, es así, que orientamos un criterio y un campo de acción ampliado dentro de los problemas de la ciudad, condicionados a parámetros urbanos totales y a cambios no referidos exclusivamente a la arquitectura, sino a propuestas que tienen como finalidad nuevos aspectos conceptuales, teóricos y operativos referidos a la construcción de un sistema de nuevas ciudades comunales.

Es importante plantear soluciones integrales de calidad de vida, a la unidad y escala; a calidad del entorno, a formas de uso del espacio público, a la sensación de seguridad del usuario, originada en su sentido de identidad, a la subordinación del edificio al espacio de uso público. Sin embargo, la ciudad podría transformarse en la unidad espacial de gobierno para darle el carácter sistémico de ciudad comunal, lo cual equivaldría a avanzar hacia la conquista del espacio para el ejercicio real de la soberanía popular como sujetos históricos del Poder Popular.

Para Castells el abordaje de la problemática urbana no es limitarse a la descripción geográfica y empírica del espacio, sino más bien "[…] considerar a la ciudad como la proyección de la sociedad en el espacio”. El espacio urbano es un producto social diferenciado, estructurado por elementos, donde ocurren determinados procesos sociales que concretan, según Ziccardi los "[…] determinismos de cada tipo y de cada periodo de la organización social". El énfasis de Castells es el de no confundir la planificación urbana con planes y programas, sino considerar el proceso social que esta práctica encierra, para resolver las contradicciones que dicho proceso genera en el interior de las formaciones sociales donde el modo de producción capitalista es dominante.

Esto implica asumir que el espacio como construcción social debe tomar en cuenta todos los aspectos de la realidad, sus interconexiones e interrelaciones, estructuras, condicionamientos múltiples e inter-influencias. De allí, la importancia de la precisión del concepto de la ciudad como construcción social y el reconocimiento de que el ser humano se mueve en dos dimensiones de una misma realidad al asumirlo en sociedad como un todo.

En este sentido, Santos, desarrolla un método de análisis del espacio concebido como un factor de la evolución social, como “[…] instancia de la sociedad, al mismo nivel que la instancia económica y la instancia cultural-ideológica […]”, continente y contenido de las demás instancias, pues la esencia del espacio es social. Y, como la sociedad está en permanente cambio y sólo se entiende con su perspectiva histórica y en su manifestación espacial, no queda más remedio que pensar geográficamente la historia, concebir históricamente la geografía y asumir el binomio espacio-tiempo como una unidad dialéctica.

La ciudad como construcción social es todo aquello que otorga cohesión a un colectivo e identidad a cada uno de sus integrantes, porque facilita la organicidad, establece proyectos de vida y ofrece la estabilidad, la seguridad y la fraternidad. En efecto, las ciudades comunales que proponemos pueden ser  los verdaderos territorios de la gente para la socialización, en donde exista el reconocimiento de que el ser humano se mueve en múltiples dimensiones de una misma realidad como un todo; en que la interdisciplinariedad se abra como una necesidad para satisfacer colectivamente y lleve a cada individuo en particular a concebirse como un elemento de la gran construcción humana de las ciencias sociales y, en particular, de la arquitectura.

A partir de la noción de espacio de Santos “[…] como un conjunto indisoluble de sistemas de objetos y sistemas de acciones […]” podemos reconocer que la discusión es sobre el espacio y no sobre la geografía, puesto que esta última es una disciplina subordinada al objeto y no al contrario. El espacio determina los objetos. Y este esfuerzo interpretativo es susceptible de ayudar en la búsqueda ontológica de las categorías analíticas “desde adentro” del ser del espacio y, en tal sentido, Santos, señaló: El estudio dinámico de las categorías internas […] supone el reconocimiento de algunos procesos básicos, en principio externos al espacio: la técnica, la acción, los objetos, la norma y los acontecimientos, la universalidad y la particularidad, la totalidad y la totalización, la temporalización y la temporalidad, la idealización y la objetivación, los símbolos y la ideología.

De tal manera que podríamos entender la comuna, como la unidad del espacio, de lo geográfico y lo histórico, de lo natural y lo cultural, de lo humano y no humano, de lo material y lo inmaterial, de lo objetivo y lo subjetivo, de lo tangible e intangible, de lo global y lo local, de lo particular y lo diverso, de las creaciones y las tradiciones. Por lo tanto, creemos que la comuna no podría existir, empírica y filosóficamente, si no retomamos la cuestión ontológica, como dice Santos, quien considera “[…] el espacio como una forma-contenido: la técnica, el tiempo, la intencionalidad, materializados en los objetos y acciones”, es decir, como una forma que no puede ser separada del contenido y, al mismo tiempo, como un contenido que no podría existir sin la forma que lo sustenta.

Si la sociedad, es decir, el ser humano, anima las formas espaciales, atribuyéndoles un contenido, una vida, entonces, la comuna no sólo se podría definir como una forma de gobierno, sino que, además, sería capaz de darnos respuestas globales y unificadas de la existencia humana, de la consciencia social y de las bases espirituales de la nueva sociedad. En ella se desarrollaría el principio rector de la interrelación, de la interdependencia y de la complementariedad, a través de un proceso de integración del ser humano como unidad de espíritu, mente, cuerpo y naturaleza.

Ahora bien, revisemos el artículo 15 de la Ley Orgánica del Poder Popular, que define a la Comuna como una de las instancias del Poder Popular para el ejercicio del autogobierno y, en tal sentido, señala: La comuna, espacio socialista que como entidad local es definida por la integración de comunidades vecinas con una memoria histórica compartida, rasgos culturales, usos y costumbres que se reconocen en el territorio que ocupan y en las actividades productivas que le sirven de sustento y sobre el cual ejercen los principios de soberanía y participación protagónica como expresión del Poder Popular, en concordancia con un régimen de producción social y el modelo de desarrollo endógeno y sustentable, contemplado en el Plan de Desarrollo, Económico y Social de la Nación.

No hay duda que lo territorial condiciona cualquier proceso social y que el espacio esencial debería ser la ciudad, pues, ella ha sido la forma material como se ha expresado la sociedad dominante. Creemos, en consecuencia, que la comuna existirá cuando se ejerza el poder sobre un territorio y, esto, sólo podría lograrse desplazando al poder político tradicional de las ciudades burguesas: las alcaldías y los gobiernos municipales. Las ciudades burguesas podrían transformarse en una unidad espacial de gobierno colectivo para darle ese carácter sistémico a la comuna como sujeto histórico del Poder Popular, la cual tendría una estructura urbana que le dé cohesión, expresada como el tejido socio-político cuyo desencadenante es la distribución del espacio de producción-acumulación de Materia y del espacio de intercambio de todas aquellas funciones de carga y descarga de Energía.

Creemos, por lo tanto, que los hilos fundamentales de esa unidad del espacio socio-político serían la cultura, con su base ideológica, el modo de producción e intercambio y su forma de gobierno, las cuales unirían a los habitantes de una comunidad dándole organicidad y formación. Pero ese sólo tejido socio político no hace la ciudad comunal. Hay otro tejido que les da carácter y compromiso a esos habitantes convirtiéndolos en ciudadanos, la estructura urbana, ya que permite detallar el origen y la evolución de las formas de la trama urbana o tejido físico, en los diferentes procesos históricos de expansión de la ciudad.

¡Que se abran cien flores y florezcan cien escuelas de pensamiento… ¡



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Servando Marín Lista

Arquitecto- Es autor del libro "Desde la Comunidad": la arquitectura de multitudes (junio, 2010) dirigido a la formulación de propuestas de planificación del desarrollo estratégico para captar el objetivo esencial y específico de clarificar el compromiso y la responsabilidad de la explosión del Poder Popular con la problemática total de la ciudad, mediante todas las escalas de sus propias acciones para marchar rumbo al nuevo sistema de Ciudades Comunales, los Distritos Motores de Desarrollo y los Territorios Federales. Y autor, también, del libro "La Ciudad Comunal, la lucha de clases por el espacio" (nov, 2013) donde plantea una interpretación de los fenómenos urbanos, que constituye una herramienta sobre lo que ?desde afuera? de la estructura urbana, el poder económico y el poder político, conforman la lucha de clases por el espacio y avanza en el señalamiento de la necesaria ruptura con los valores, instituciones, relaciones de poder y las raíces más profundas de la sociedad capitalista.

 tetralectica77@gmail.com      @chevan2

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