La tierra, un planeta enfermo de ambición, egoísmo y corrupción

Somos parte del planeta y lo que nos enferma también afecta a nuestra casa grande. Desde la aparición del hombre sobre la Tierra, en la medida que logró mantenerse erguido hasta que finalmente triunfó la razón, en la llamada búsqueda de la verdad, la vida en el cosmos no ha sido más que una cadena de calamidades. Pareciera que a los seres humanos los mueve tres comportamientos, a saber, la ambición, el egoísmo y la corrupción, el auge de estas conductas ha consentido que el mundo viva en un caos eterno.

Nada de estos es nuevo, si nos retrotraemos en el tiempo descubriremos que algunos de los llamados "héroes" de la historia sus acciones la motivaron la ambición, tanto de la aquellos personajes como la de sus secuaces. Por eso los libros de historia registran la existencia de diversos imperios, derrotaban a uno y surgía otro más cruel que el primero. Fue así como surgieron aquellas supremacías como el imperio babilónico, el persa, el macedonio-griego y el romano cuyos jefes aspiraban dominar el mundo conocido, para apoderarse de las riquezas ajenas y esclavizar a los conquistados. Aparecen en la narrativa de aquellos períodos nombres como Nabucodonosor, Alejandro, Aníbal, Ciro, Julio César, entre tantos ambiciosos(as), cuyo único interés era expandir sus dominios.

La ambición de aquellos individuos se mantuvo en el tiempo y surgieron otros en la medida que la Tierra continuaba con sus movimientos de rotación y traslación. Brota Napoleón en el siglo XIX en su afán de hacer a Francia la dueña de una parte de Europa y para eso conquista España, la República de Weimar, algunos estados italianos, Prusia, entre otros. A principio del siglo XX surge otro dictador que soñaba con dominar el planeta enarbolando la bandera con la cruz esvástica por toda Europa. Llegó a colocar bajo su yugo totalitario a Polonia, Francia, Checoeslovaquia, Rumania, Albania, Yugoeslavia, Grecia, los Países Bajos, Noruega, Bélgica y Holanda.

Modernamente la ambición de dominar el mundo no se centra en un solo individuo, sino en grandes corporaciones económicas financieras representada por un jefe que funge como el ocupante de la Casa Blanca, el cancerbero interino de aquellas. Este cambia cada cuatro u ocho años. Actualmente no solo domina con las armas, también se avasalla teniendo presencia castrense (1000 bases militares) en más de cien países. Aparte de lo señalado, también dominan o amedrentan a las naciones con los hombres y mujeres quienes prestan sus conocimientos en el campo de la ciencia para fabricar verdaderos artilugios de la muerte como las armas químicas y biológicas, capaces de expandir virus y bacterias por territorios que considere enemigo. Y todo esto para que aquellos presidentes que acumulan locuras en el campo de la política puedan regresar a las épocas sombrías del pasado. Pero a la nueva hegemonía no le bastan las armas explosivas, químicas y biológicas, ahora avasalla mediante los medios de comunicación y la tecnología comunicacional para imponer un modelo económico que satisfaga las apetencias de las grandes corporaciones económicas-financieras, es decir el modelo capitalista. Mientras existan aquellos ambiciosos cuyo único interés es el dinero, olvidémonos de los ideales con los que la humanidad está compenetrada en un ardiente deseo de paz, seguridad y felicidad.

Finalizado el Imperio Romano nacieron los modernos estados europeos en el cual quedó dividido el viejo continente: los francos (Francia), los burgundios (Suiza), los británicos (Inglaterra), los anglosajones (Alemania), los suevos (Portugal), los visigodos (España), los lombardos (Italia), los vándalos y ostrogodos, los cuales darán origen a nuevos y pequeños imperios, igualmente, algunos de estos, con la ambición de dominar al mundo.

Con el tiempo, la conformación de esta política imperial originó un modelo latifundista que al ser abolido por el industrialismo moderno degeneró en capitalismo, cuyo fundamento entre otros es la competencia. Es decir la eliminación comercial del más débil para conseguir el monopolio. Es el ideal de estos ambiciosos que les permite dar rienda suelta al egoísmo y a los egoístas. Seres que no les concierne el interés por el prójimo y rigen sus actos de acuerdo con su absoluta conveniencia, es decir obran para sus propios intereses.

Los egoístas son seres desalmados, no les importa las desdichas del prójimo y mucho menos los males y las catástrofes ajenas. Recuerdo una novela, el Decamerón de Giovanni Boccaccio escrita entre 1351 y 1353, una obra constituida por cien cuentos. Este libro está ambientado en Florencia (Italia) y parte del argumento consiste en el alejamiento de los aristócratas hacia el palacio de uno de los nobles. El alcázar estaba ubicado en una campiña, lejos de la ciudad azotada por la epidemia de peste bubónica. Ante el grave acontecimiento las encumbradas familias de hidalgos acordaron retirarse de la urbe y dirigirse a un lugar de solaz para contar cuentos y así olvidarse del problema.

Este egoísmo o indolencia ante el mal ajeno no es nada nuevo. Cuando Cristo andaba por el mundo eran famosos los lázaros o afectados por lepra. Estos enfermos eran apedreados por la multitud, o se les colocaba una campanilla como a las vacas para que a su paso anunciaban la llegada del enfermo. El egoísmo y la falta de solidaridad estaban presentes en aquella época. Lo mismo ocurrió con los judíos durante el nefasto período de Hitler. A los hijos de David los obligaban a colocarse una estrella sobre el pecho y tal como los leprosos en la época de Cristo, la mayoría de los cultos alemanes se alejaban de ellos. Bastaría comprobar la reacción del prójimo moderno ante un enfermo contagiado con el coronavirus. De seguro el comportamiento de los semejantes, no sería el de solidaridad, sino el de rechazo, similar a lo ocurrido con los leprosos de la antigüedad y con los judíos en la Alemania de Hitler. Contrariamente al modelo socialista de Cuba, el cual le prestó solidaridad al crucero británico donde había varios contagiados por el coronavirus y fueron rechazados en los puertos de EEUU. Igualmente, la solidaridad del gobierno del presidente MM, apoyo recibido por nuestros connacionales quienes mediante la misión "vuelta a la patria" retornan a su país en un viaje completamente gratis. Los mismos que fueron expuestos a la violencia xenofóbica en los "países hermanos". El socialismo es solidario.

El egoísmo, aparte de la conducta de ciertos individuos, es una manera de ser impulsada por el capitalismo donde la solidaridad no existe. Esto lo prueba los acontecimientos de la geopolítica reciente. Actualmente Cuba, Venezuela, Siria, Irán, entre otros países están sometidos a un brutal bloqueo financiero-económico causando graves pérdidas económicas a dichas naciones, además de las lamentables muertes, las ignominiosas incomodidades ocasionadas a los habitantes de dichos territorios. Contrariedades como la imposibilidad de obtener medicamentos para calmar y curar las enfermedades, así como también la obtención de alimentos. Y todo esto ocurre ante la mirada impasible de los otros habitantes de la Tierra que no se hacen eco de los sufrimientos ajenos. Solidaridad cero.

La corrupción en el planeta Tierra es el pan de cada día. Existen narcogobiernos como Colombia cuya economía se basa en la venta de cocaína y también narcogobiernos como el de EEUU, que acepta impasiblemente el comercio de la cocaína proveniente de Colombia, México y Afganistán dentro de sus fronteras para que sus bancos engorden con el narco lavado. Así mismo, se conoce la existencia de paraísos fiscales como Bahamas (EEUU), Panamá, Luxemburgo, Islas Vírgenes (EEUU), Curazao, Chipre, Singapur, entre otros donde los evasores de impuestos colocan sus finanzas violando las leyes de sus países, además centros seguros para lavar dinero. Existen países vendedores de armas como EEUU que hacen lucrativo el negocio con paramilitares, terroristas, contrabandistas, golpistas, quebrantando las leyes, tanto nacionales como internacionales. Es notorio como concurren corruptos hacia EEUU y hacia otros países europeos, quienes hicieron ingentes fortunas robando los erarios públicos y son protegidos por tales gobiernos imperiales. La corrupción es parte del modelo neoliberal, dado que los capitales mal habidos son una fracción de dichas economías. Es la hipocresía de la comunidad internacional, dado que la ambición, el egoísmo y la corrupción, son los padecimientos que están destruyendo el planeta. Razón tuvo el médico español Santiago Ramón y Cajal (1852-1934) cuando afirmó: "Una de las desdichas de nuestro país consiste en que el interés individual ignora el interés colectivo". Lee que algo queda.



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Enoc Sánchez


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