… y otras energías

Aristóteles decía que "el fin de la naturaleza es sostener a la especie humana, es decir, intercambio de energía y masa". Así el paradigma de desarrollo centrado en la actividad económica, para (Álvarez, 2007), ha intervenido a la naturaleza para obtener indiscriminadamente bienes, sin embargo el pensamiento económico en tanto actividad política, intentan y logran responder a la lógica de mirar la tierra como elemento productivo básico ligado al imaginario de la materialidad, lo que genera trabajo como elemento exclusivo de producción, un valor material de las cosas y como consecuencia riqueza. Después de lo anterior expuesto, es fundamental apuntar que la humanidad se dejó embriagar por el renacer de la era industrial que afectó a la sociedad en todos los aspectos. Por ejemplo, el uso de maquinarias para la elaboración de productos así como el uso del vehículo automotor como medio transporte, provocó la utilización de nuevas fuentes de energías y la explotación intensiva de los recursos minerales de la tierra; lo que derivó en un conjunto de transformaciones económicas, tecnológicas y sociales sin tomar en cuenta el deterioro ambiental y la causa de la pérdida de la biodiversidad. Es decir, la humanidad antes de la revolución industrial estaba sustentada bajo las leyes naturales ya que todo el proceso productivo provenía de trabajos estacionarios.

Habida cuenta, la revolución industrial se apartó de su cauce original de ofrecer un bienestar a la sociedad para convertirse en la principal fuerza destructora de la naturaleza y la culpable del éxodo máximo del campesino hacia las grandes ciudades en busca de mejorar la calidad de su entorno familiar y la de él mismo; en vista de que las grandes fábricas estaban ubicadas en estas urbes. De los anteriores planteamientos se deduce, que en el planeta no hay un lugar donde no haya intervenido la mano del hombre. El cambio climático y el efecto invernadero, por ejemplo, son fenómenos a escala mundial que afectan a la humanidad; problema derivado por el uso de combustibles fósiles como energía para la movilización de los vehículos de transporte, la producción de vapor de agua para la industria farmacéutica y de la salud (Colina, 2011). Visto este aspecto nada promisorio, es necesario empezar a ahorrar los escasos bienes naturales con que cuenta la humanidad e iniciar el camino hacia la eco-austeridad.

De esta forma, se estará dejando al margen los combustibles fósiles acusados de ser los culpables del calentamiento global del cambio climático del planeta; fenómeno que se viene considerando desde finales del siglo XIX. Es la prolongación de bienes naturales no renovables; donde, paralelamente se estaría disminuyendo la emisión a la atmósfera de gases contaminantes y tóxicos. En esta vertiente; la ciencia ha avanzado hacia la transformación del dióxido de carbono en metanol, el cual es un bio-combustible que luce como el que determinará el futuro del nuevo paradigma emergente energético mundial. La importancia de este descubrimiento es un gran beneficio que se le brinda al ser humano, al ofrecer una alternativa para disminuir la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera y con ello, aplacar los efectos engendrados por el cambio climático, lo cual abrirá nuevos y estimulantes debates sobre el reciclaje químico del dióxido de carbono y el uso del metanol como la nueva divisa del futuro industrial y académico (Atsushi, 2014). Esto evidencia una ventaja ecológica para algunos países que no cubren a cabalidad sus necesidades energéticas; además es un bien renovable a diferencia de los combustibles fósiles que representan una riqueza única y agotable.

Asimismo, cabe recordar que la sociedad no puede apartarse de su ambiente, pues es producto de él. Si se destruye el ambiente, si el agua se contamina o no existe su disponibilidad, si no hay tierras cultivables, si el aire presenta altos niveles de concentración de contaminantes, si sucede una catástrofe nuclear, si se eliminan los recursos pesqueros, si se altera el clima y la atmósfera, esta sociedad no puede sobrevivir. El ser humano es el responsable de mantener y proteger el planeta tierra, así como de su permanencia y de vivir en armonía con la naturaleza debido a su esencia antroposocial

En vista de esto, se deben tomar las medidas pertinentes para atenuar la difusión de gases contaminantes y tóxicos acusados de ser los culpables del calentamiento global del cambio climático del planeta que pudieran ocasionar las economías emergentes debido al alto consumo de energéticos primarios como el carbón, el petróleo y el gas natural que deberían asumir estas economías nacientes para cumplir sus expectativas de crecimiento (González, 2009). A este respecto, cabe aludir que cerca del 97% de la energía que se utiliza en el mundo proviene de combustibles fósiles: 38% del carbón, 40% del petróleo y 19% de gas natural. (Macías, 2009), y su comercialización es inevitable debido a que generan las divisas y aportes fiscales para aquellos gobiernos que dependen económicamente de este bien natural.

Esto conlleva a explorar sobre el uso de nuevas fuentes de energías sustitutivas en armonía con la naturaleza para atenuar el consumo de energías provenientes de fuentes no renovables; se está buscando una administración que priorice a la naturaleza en lugar de la acumulación de riquezas, es la búsqueda de nuevos horizontes energéticos amigables con el ambiente. Entre las alternativas para reducir la dependencia de estas fuentes de energías no renovables, se recomienda el aprovechamiento de la energías renovables y la energía solar en sus diversas manifestaciones secundarias como la eólica, geotérmica, maremotriz, celdas de combustibles, etc. (Macías, 2009). Entonces, al hacer uso de fuentes alternas de energías se está disminuyendo la dependencia del combustible fósil y por lógica se aumenta la seguridad energética compatibilizada con la seguridad alimentaria, se tendrá menos dependencia de la volubilidad de los precios y las importaciones provenientes de países políticamente inestables serían menores (Balza, 2004). Además, el daño al ambiente se reduciría al disminuir la emisión a la atmósfera de los contaminantes y sus derivados.

Con estas estrategias diseñadas se le brindaría un apoyo mayor a la actividad agropecuaria con lo cual se mejoraría la situación económica de las zonas rurales y sería un atractivo para la emigración de la ciudad al campo, revirtiéndose el efecto dañino del campo a la ciudad. Sería entonces, tomar lo mejor de ambos mundos e integrarlos para mejorar la calidad de vida de los habitantes de estas zonas.

En consecuencia, se deben tomar medidas urgentes que permitan hacer un mejor uso de la energía y que la estructura energética del siglo XXI se fomente en fuentes renovables y limpias. Se requiere de una gerencia que administre los bienes naturales en forma racional y con equidad económica y social; apostando por igual a las energías alternas para disminuir la dependencia de energías de fuentes no renovables, principales proveedoras del dióxido de carbono limitándose así el cambio climático, el efecto invernadero, las lluvias ácidas, los desechos radiactivos y la contaminación ambiental (Cardozo, 2012). Esta problemática está subordinada a la toma de decisiones políticas y económicas, lo cual incorpora nuevas restricciones a la actividad económica.

Finalmente, este opúsculo está dedicado al presidente electo de los Estados Unidos de América para que sensibilice su conciencia y, se deje de abonar el camino para reiniciar la explotación del carbón como fuente generadora de energía para la producción de productos competitivos; con el entendido que esta es una fuente energética sucia y toxica para el ambiente, aunque barata, y centre su atención a la gerencia de energías sustitutivas las cuales son renovables y limpias.


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