El Carbón, Cambio Climático, Conciencia Ecológica y Desarrollo Sustentable

Es importante tener una idea de los cambios que se vienen realizando en las diferentes épocas; considerando que las cosas que la gente aprecia es el fruto de una edificación social, de una delimitada congregación en un tiempo y en un espacio peculiar. Al tener en cuenta todos estos elementos, se puede indagar de una forma extendida, el vínculo del hombre con el ambiente. Es decir, la relación de los seres humanos con los objetos; siendo estas relaciones las que en realidad interesan teniendo como acometida, la forma de los individuos en relacionarse con el entorno en que hacen vida y lo que consideran necesario para satisfacer sus necesidades primarias. Evitando de esta forma los problemas que pudieran ocasionar cuando hacen uso del capital natural que gentilmente la madre naturaleza les obsequia para un mejor vivir. Estos cambios y trasformaciones provocados por la modernidad y la revolución industrial, simbolizan un pensamiento difundido con cambios en las conductas y formas de relacionarse.

En este sentido, la actividad humana desde la revolución industrial hasta el día de hoy ha influido principalmente en la forma como ha ido evolucionando el raciocinio humano, los valores adquiridos, así como los diferentes ambientes en que se ha venido desenvolviendo para transformar la pacha mama y que permitiera su asentamiento, satisfaciendo sus necesidades y posibilitando una mejora en sus estándares de vida. Estos cambios y trasformaciones provocados por la modernidad y la revolución industrial, simbolizan un pensamiento difundido con cambios en las conductas y formas de relacionarse. Como premisa se debe tener en cuenta que los cambios y transformaciones que ocurren a nivel local, regional, nacional y global no se decretan, y por lo tanto, deben de existir las condiciones necesarias para que los mismos ocurran, de lo contrario pueden devenir acontecimientos no previstos.

Dentro de este contexto, el ser humano para satisfacer sus necesidades de hilvanar un ambiente acorde con sus requerimientos rutinarios acudió a la naturaleza para suplir sus carencias energéticas en épocas de clima frio. Encontrando su aliado más fiel en el carbón; primer combustible mineral que la humanidad comenzó a explotar industrialmente. La quema del carbón, barato y abundante, se ha convertido en el combustible preferido por su alto poder calórico para la generación de energía y para la industria en buena parte del mundo, y ha empujado la prosperidad económica en China y, más reciente de la India, siendo este uno de los acontecimientos sobresalientes de finales de siglo XX y principio del XXI que de prolongarse en el tiempo cambiaria sustancialmente el mapa económico del planeta.

En esta perspectiva, es de esperarse que la demanda de este combustible fósil se incremente en el año 2030 en aproximadamente un 60%, es decir, unas 6.900 millones de toneladas al año las cuales en su mayoría serán destinadas a plantas generadoras de electricidad. De acuerdo, a U.S. Energy Information Agency; las centrales eléctricas obtienen unos 2 kWh/Kgrs de Carbón, entonces quemar 1 Kgrs de Carbón produce 1,83 Kgrs de dióxido de carbón, por lo tanto por cada kWh estas centrales producen 0,915 Kgrs de dióxido de carbón, lo cual para el año 2030 serian 12.627 millones de dióxido de carbón que inundaría a la superficie terrestre modificando sustancialmente la estructura atmosférica, agravando el problema del calentamiento global que empeoraría los problemas ambientales y de salud así como la armonía adquirida después de millones de años de transformación de la naturaleza; y que hizo posible el advenimiento del ser humano en el globo terráqueo. Es evidente entonces; de acuerdo a Dan Jaffe, científico atmosférico en la Universidad de Washington, que " (…) el carbón es el contaminante más sucio" y "Bajo todos los parámetros, se trata de un combustible muy malo".

Se observa claramente, que "a medida que el clima mundial continúa cambiando, se acrecientan los costos y los daños derivados del aumento de los fenómenos meteorológicos extremos relacionados con el calentamiento del planeta". (http://www.bancomundial.org/es/news/press-release/2013/11/18/damages-extreme-weather-mount-climate-warms). No obstante, Rachel Kyte, vicepresidenta de Desarrollo Sostenible del Banco Mundial manifiesta que no existe probabilidad de establecer un vínculo entre los fenómenos meteorológicos individuales y el cambio climático, pero posiblemente la intensidad de los fenómenos extremos irá en aumento si no se pone freno al cambio climático.

De acuerdo con los razonamientos que se han venido realizando, es fundamental encarar este contratiempo ambiental sin titubeo, dado que hoy se está en un momento donde los datos y los hechos ya no permiten ni negar, ni mentir, ni barrer el problema bajo la alfombra.( http://cambioclimaticoglobal.com/). Aunque todos los países se ven afectados, las naciones en desarrollo sufren la mayor parte de las pérdidas de vidas y medios de subsistencias ocasionadas por inundaciones, sequías y tormentas cada vez más intensas. Ante la situación planteada, de continuar la humanidad transitando por ese camino se producirán cambios y transformaciones mayores que los experimentados en los 300 millones de años pasados. De acuerdo a estudios, el cambio producido en el último siglo, ya alcanza la magnitud del cambio ocurrido en los 10.000 años que precedieron la era industrial. (Gutman, 2009). En este mismo orden y dirección, los gobiernos nacionales y la comunidad internacional deben trabajar de forma mancomunada con todas las ciencias y sectores conexos para establecer resiliencia perdurable, disminuir el riesgo de desastres y evitar costos que en el futuro no podrán afrontarse.

Por lo tanto, es necesario pensar globalmente pero actuar de forma local, anotar en primera instancia lo que pasa en la ciudad y después hablar del planeta, de esta forma el objetivo queda más cerca y la implicación puede ser mayor. El planeta no sufre, pero emergen problemas relacionados con el cambio de la morfología externa de la faz de la tierra, como producto de la degradación y generación de contaminantes y residuos de diversa índole. Además, cabe agregar; la urgente búsqueda de un equilibrio ideal debido a que el ser humano vive mejor gracia a cosas que contaminan (...) pero unas se pueden mejorar y otras no están justificadas, es mejor razonar y crear conciencia ecológica.

Después de las consideraciones anteriores, se puede decir que el calentamiento global del cambio climático afecta a la humanidad por igual desmejorando la calidad de vida, y de no actuar en su debida oportunidad sería una estupidez; sabiendo que los perjudicados son los seres vivos que habitan la superficie terrestre y el nicho donde mora la humanidad. Esto es, que la humanidad asuma un pensamiento ecológico que conceda máxima prioridad a la protección del planeta, el ambiente, la preservación de los sistemas ecológicos y de las especies en peligro de extinción, dado que según planteaba Naess, en Martínez, (2000), todos los seres vivos tienen el mismo valor y se debe luchar por la preservación del planeta forzando a las leyes a la búsqueda de postulados ante el necesario giro hacia la postura biocéntrica, a través de la cual se deberán desplazar a los seres humanos como centro de la creación-producción, por otras especies de la naturaleza, en vista de su intervención por la acción del hombre, es necesario compensar el florecimiento de otras especies.

En este orden de ideas, Morín (1.999) considera el Pensamiento Ecologizado, con el objeto de explicar desde un paradigma complejo, los aspectos que se deben conocer sobre la protección y mejoramiento del ambiente (conciencia ecológica). De esta manera, el citado autor explica, que la misma debe darse a través de la auto-eco-organización y significa también, más profundamente, que la organización del mundo exterior está inscrita dentro de nuestra propia organización viviente. En vista de la compleja situación generada, el ser humano utilizando su raciocinio está configurando un nuevo patrón de consumo en consideración con el ambiente y en respuesta a las economías avanzadas, el cual se manifiesta a través de las restricciones ambientales internacionales y republicanas.

Dentro de este ámbito, el Informe Nuestro Futuro Común o Informe Brundtland (1987) y los principios de la Agenda 21, La Cumbre de la Tierra (1992), La Cumbre de la Tierra, celebrada en Johannesburgo (ONU, 2002) y la Conferencia de las Naciones Unidas para el Desarrollo Sustentable (2012) llamada Río+20, celebrada en Brasil, han determinado el observatorio internacional de los criterios económicos, sociales y ambientales que definen los avances en materia de desarrollo sostenible y la erradicación de las desigualdades generadas por la pobreza.

De allí que el ánimo de estas reuniones internacionales de países en pro de la sustentabilidad, faciliten la orientación de sus acciones hacia el desarrollo mediante el crecimiento económico y la diversificación, el desarrollo social y la protección del ambiente, y que en la actualidad se promuevan acciones en los planos nacional e internacional hacia la cooperación internacional ininterrumpida, articulada y reforzada, en las áreas de finanzas, manejo de la deuda, relaciones de comercio y transferencia de tecnología de común acuerdo, para la creación de competencias de gestión transparente y rendición de cuentas, en la búsqueda de un verdadero y eficiente desarrollo sostenible. (Conferencia de las Naciones Unidad para el Desarrollo Sustentable, 2012). Es así que al advertir la esencia del desarrollo sustentable, se deberá alcanzar una perspectiva de permanencia y equidad, como principios y factores necesarios para una planificación deliberada de la calidad del ambiente, el bienestar humano y la seguridad económica a los fines de que las metas a alcanzar redefinan continuamente el producto del devenir social y su relación con el ambiente.



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