El Cardenal Urosa entre fábulas

“En medio de esos relatos, algunos de los cuales parece que están más cerca de la fábula que de la realidad, se deslizan discursos, reglas de moral, de liturgia o de vida social, reproches severos…”. ¿A qué o quién se asemejan las máximas anotadas y transcritas de la misma biblia?. El pueblo de Jesucristo, el hombre de carne y hueso, seguramente conseguirá similitudes en los discursos del Cardenal Urosa, antes sacerdote progresista, ahora jerarca retrógrado hasta la época de los tridentinos (545 DC).

Uno recuerda cuando, por instrucciones del poeta Miguel Otero Silva, nuestro apreciado camarada MOS escritor de la “La Piedra que era Cristo”, hacíamos llegar a Valencia de los cabriales, y a las manos del sacerdote Jorge Urosa Sabino, el gran diario de Puerto Escondido. Era Urosa entonces un “cura revolucionario”, que representaba la casa del Redentor con hidalguía. Y defendía la verdad de Cristo, el hombre, contra los que aún tergiversan y hacen fábula las luchas sociales por las que fue asesinado.

Nos equivocamos cuando con una exclamación de alivio, le dimos la bienvenida, al regreso de Roma, investido con la cinta purpural. Nos pelamos con un hombre que, en las primeras de cambio revivió los “reproches severos” del difunto. Reproches que, de severos, se vuelven amenazas para quien no se convierta en corderito sumiso ante las monsergas fabulosas de la jerarquía eclesiástica.

Ahora se regodea el cardenal Urosa, atenazado por las fábulas, por no decir de la farsa. Es posible que el púlpito, entre fabuloso y cuentas de rosario, le haya hecho creer en su poder de convencimiento para atraer de nuevo a los fieles con motivo de los actos religiosos en honor al apóstol San Pablo. Pero no se dio por enterado el Cardenal que las y los cristianos estamos volviendo a la iglesia de nuestro Señor Jesucristo porque, ahora sí los sacerdotes que no están en Montalbán, nos están hablando claro de la vida de Jesucristo. De sus luchas a favor de los oprimidos desde la era de los farsantes y avaros fariseos.

Por otra parte, el Cardenal en vez de consustanciarse con la savia del pueblo de Jesucristo, pretende hacernos creer que las causas de la criminalidad se fundamentan en nuestra “ignorancia” respecto de esos postulados fabulosos. Con el añadido de la malvada tergiversación, en cuanto a que el gobierno del Presidente Chávez va a sacar a Dios de la enseñanza pública.

Ahora bien, de cuál dios habla el cardenal. ¿Será del “Dios guerrero” de los impostores que pretendieron escamotearle el poema “El Cantar de los Cantares”, al hijo sabio de Betsabé? ¿O acaso el dios del terror y de los crímenes de lesa humanidad que duerme con doble v Bush en los aposentos de la Casa Blanca?

No es sincero el Cardenal cuando hace el repetitivo llamado a “obedecer” a la iglesia para retomar el camino de la paz, mientras que se alía con los voceros de la guerra, como Globovisión, la SIP y los “célebres” reporteros sin frontera, para tergiversar la realidad de lo que sucede en Venezuela. No dice el purpurado que esa jerarquía eclesiástica tiene “enconchado” a uno de los criminales más peligrosos, favorito de los paramilitares colombianos venidos a matar venezolanos. Traídos a Venezuela por los traidores a la Patria, con los que consiguieron atemorizar a casi tres millones de electores el 2-D pasado, después de haber fusilado a unos cuantos compatriotas.

Para finalizar, tenemos que alertar que desde acá se está promoviendo el premio de la paz para el otro “Juan”, el colombiano, no el mexicano. Justamente lo exalta un “enterrador” por la “hazaña” del canto a la paz con manitas blancas y sin fronteras. Pero no pasaron del puente, con su contrabando paraco, porque le tuvieron miedo a nuestro grito de Patria, Socialismo o barbarie. ¡Venceremos!!

Pedromendez_bna@yahoo.es


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Pedro Méndez*


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