Hector Cuenca de la Dignidad

No podemos hablar de los contrastes alrededor del apellido Cuenca, sin hacer un llamado de alerta a las mujeres venezolanas para que identifiquen las contradicciones. Y para que se enteren en cuanto a que Héctor Cuenca no toleró servir de eunuco político del partido que tenía en un puño el dictador Rómulo Betancourt, y mucho menos cuando Carlos Andrés Pérez sirvió como transición para que el otrora partido del pueblo pasara definitivamente a manos del grupúsculo pro-imperialista.

El hombre del rescate de la dignidad, con la valentía de un Sáez Mérida y de Moisés Moleiro, entre otros, prefirió marginarse de la facción política de Raúl Leoni, retrovertida esa facción en fariseísmos de la muerte, desde cuando existía el salón de la tortura del tristemente célebre trocadero de Pedro Estrada, pupilo entonces de Betancourt, hasta el vil asesinato de nuestro camarada, el valiente comunista Alberto Lovera y de Fabricio Ojeda.

Definitivamente, el señor de la vergüenza, como lo fue Héctor Cuenca, no permitiría de buena gana que su apellido sirviera de aval para sobajar la dignidad de los venezolanos. A Héctor Cuenca, el compañero de pelea y camarada del mártir Ruiz Pineda y de Pinto Salinas, le daría “pena ajena” que una dama como Gloria Cuenca, por muy profesora y pariente que ella fuera, llena de odio contra el pueblo revolucionario y socialista, se expresara de la siguiente manera: “…ellos no saben casi nada y vienen a sacarse el hambre… los sometidos perdieron hace tiempo la dignidad. Por hambre pactaron con el diablo (¿?) es decir, el narcotráfico, la prostitucion, la mentira, la ilegalidad y la corrupción, para sobrevivir a la tal revolución”. (Ultimas Noticias, 19-08-07, Pág.55).

De la “prostitución” se puede inferir como el acto del saltimbanqui de las ideologías. De lo que tienen experiencia las viudas de los trepadores de la cuarta república, amadrinados con los puntofijistas, que sí están prostituidos siempre del lado opuesto al socialismo. Pero como la columnista Cuenca no lo precisa, uno deduce que en su juicio también pretende mal poner la honorabilidad de nuestra mujer cuando, con sus “sentencias” un tanto difusas, no las exime de su “prostitucion”. Y mire Ud. Doctora Cuenca que no son dos ni cuatro las mujeres que, según Ud, “… perdieron hace tiempo la dignidad”. Son millones ellas y millones nosotros, que le pedimos en justicia primero, para hacernos respetar, que se retracte de lo dicho. Si no como consideración a su apellido, sí como respeto a la dignidad humana de los venezolanos y de las venezolanas.

Pero bien, si es que no le sale respetarnos, dado su odio de raza superior que le obnubila, nosotros sí estamos claros del porqué de esa fobia contra el 80% de la población venezolana. Es que están ustedes conscientes, aún cuando no lo reconozcan públicamente, que ese 80% de compatriotas que “… no saben casi nada y vienen de sacarse (sic) el hambre…”, somos los que nunca perdimos ni perderemos la dignidad a pesar de las iniquidades a las que fuimos sometidos por ese 5% de pillos que nos robaron la equidad.

Tampoco lo escriben, pero los que no sabíamos “casi nada” estamos en capacidad de detectar las intrigas, gracias a las políticas de pedagogía, sin discriminación, del presidente Hugo Chávez. Es así, como sobre la marcha, sacamos en conclusión que la reincidencia del oposicionismo contra el proceso al socialismo ahora mismo se centra en tratar de desmoralizar a la “chusma”, con otra careta de la cizaña.

Es más, se dejaron ver la costura deshilachada de la falta de apoyo popular; de la falta de credibilidad, por haberse entregado de pies, manos y cerebro a los representantes del imperio norteamericano, con lo que acabaron por perder un millón de afectos que les habrían servido para apoyar a otro “filósofo” como Rosales. A esto se le descuenta otro millón de “sufragios” que siempre les era garantizado por Gustavo Roosen a través de la onda y la línea de la privatizada CANTV, ahora del pueblo. Es decir que, con dos millones de votos, frente a 7 millones de defensores de la revolución mediante el sufragio, perdieron la esperanza de sacar a Chávez de donde lo puso el pueblo: Miraflores.

Luego entonces, Doctora Cuenca, tanto Ud como los demás voceros de la dispersa oposición, si es que el odio no ha hecho metástasis; y si es que a pesar de las presiones de los enemigos de Venezuela, todavía les queda una ñinguita de amor por la patria, hagan campaña por el reagrupamiento de la gente a quienes no les gusta Chávez pero prefieren el voto antes que la guarimba. No se desesperen, ustedes disfrutan de una oposición muelle. Pueden esperar medio siglo que, comparado con 100 años de martirio que sufrimos durante las tiranías de Gómez, Pérez Jiménez, adecos y copeyanos, la oposición venezolana vive en un paraíso.


pedromendez_bna@yahoo.es


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Pedro Méndez*


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