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Guaidò, cadáver político: ¿Resucitará como Jesucristo?

"La política es más peligrosa que la guerra, pues mientras en la guerra sólo se muere una vez, en política se puede morir más de una vez". Winston Churchill.

La lección o enseñanza de la frase es que la resurrección, es una constante que bien puede repetirse en cualquier ecuación política. Aún cuando los humanos somos animales políticos por naturaleza (Aristóteles), los politiqueros inconscientes de la certeza y riesgos de la frase de Churchill (por aquello de la resurrección) muchas de las veces realizan ingentes esfuerzos para que la muerte de sus contrincantes sea lo más cercana posible a la literalidad de la palabra. Así una vez caídos algunos de sus contrincantes, la consigna entre los adversarios es liquidarlo, para que por ninguna razón, motivos o circunstancias pueda darse el milagro: "La resurrección de Jesús es la acción mediante la cual se cree que Jesús de Nazaret o Jesucristo vuelve a la vida de entre los muertos, tres días después de tras haber sido crucificado y sepultado. Se trata de la creencia fundamental de los cristianos a partir de la cual se propagó esta confesión religiosa". En la edad media, una forma de supervivencia ante la persecución lo constituían grupos secretos como la masonería, y los templarios.

En la política venezolana por lo que se ve no hay cadáveres. Los mejores difuntos triunfan incluso después de muertos. Por profundas que sean las puñaladas, incluso los autos infligidos como es el caso de John Guaidó, la resurrección siempre es posible. Es difícil, ciertamente, porque la fortuna, la oportunidad que debe saber aprovechar el príncipe maquiavélico, no suele pasar muchas veces.

Algunos no resucitaran nunca, otros una sola vez, y no han sabido sacarle provecho alguno, y otros no han sabido aprovechar la última oportunidad que les encumbra hasta la cima justo cuando estaban a apunto de tirar la toalla. Hay ejemplos de sobra Rafael Caldera, pero cada cadáver puede implorar a los suyos su resurrección.

John Guaidó no es exactamente un cadáver político, pero su interinato sí lo es. Las elecciones parlamentarias del 6D del 2020, pulverizaron su transición. Recordemos que debía conducir al Estado en el 2019 a través de una mayoría parlamentaria y social, que debía ser más fuerte, y más sólida, que la que tenia Nicolás Maduro en el resto de Venezuela, y a quien debía suceder gracias a la impopularidad de un presidente pre-plebiscitado sin fuerza, ni autoridad, y por tanto con manos atadas para negociar en nombre de la revolución, para no internacionalizar el conflicto entre legalidad, y legitimidad, y obtener así de Moscú, Pekín, y la Habana , las mejores condiciones para seguir en el poder.

Todo debía ocurrir a ser posible en una transición que resolviera el derecho a decidir y, como máximo, en dos meses de aquel enero del 2019. Esa hoja de ruta tan precisa, pormenorizada por la almendra del soberanismo popular en sus contactos con la política internacional, y con los diplomáticos extranjeros, incluía en su final el triunfo de un Guaidó satisfecho y exhausto, una vez Venezuela situada ya en el lugar económico que le corresponde como país petrolero.

Pero que Guaidó no sea un cadáver no quiere decir que las cosas no se le hayan puesto muy cuesta arriba en el año 2021. Su liderazgo está totalmente resquebrajado, a punto de caramelo para que crezca muy rápidamente la pulsión de relevo en su partido, y en la coalición del llamado G4. El oposicionismo no tiene en todo caso un líder nuevo, Leopoldo López, que es el que le marcaba el paso, a partir de ahora. Se le ve en España, sin cabeza, ni carácter para aguantar la pela del descontento popular.

Aquel Guaidó de moda, que hacia los jugos más dulces con los limones más amargos, ahora ve que todo ha cambiado, y que solo espera la resurrección este domingo 4 de abril, para no compartir su alicaído liderazgo. Hasta el momento parece que Dios lo dejo claro, y sin vista. Por ahora en la oposición no se ve un líder que tenga mandíbula política, y un estómago electoral de ogro. Que se preparen a buscarlo en los cementerios que hoy lucen abandonados, y desmantelados por el covid-19.

Guaidó puede resucitar pero su interinato, y su asamblea no. Ese es el auténtico cadáver que ha quedado tirado en mitad de la Venezuela petrolera. La agenda, la hoja de ruta, y el plan de vuelo, pertenecen a Leopoldo, y no al G4, ésta es una verdad difícil de reconocer. Hasta el año 2020, estábamos hablando de una mayoría de diputados opositores, y de un líder incontestable e incontestado a la cabeza de todo, para aprovechar la ventana de oportunidad abierta por la crisis, y el coronavirus, el momentum le llaman los gringos. Poco queda de todo aquello, sobre todo del momentum.

Se le ha terminado el entusiasmo, fue el ídolo de los numerosos entusiastas voluntarios, pero también de un nutrido grupo de insignes bates quebrados, oportunistas, y ladrones como el alacrán traidor comprado por el jeque de Cabo Verde. Basta con leer las Redes Sociales, llenas de escritos torcidos, y desangelados.

No queda en este caos realmente existente, un liderazgo serio, sólido y respetable, digno de la mayor atención de todos los venezolanos, empezando por Guaidó, pero exactamente como existió antes, y a la espera de otro ‘momentum’ que no se sabe si volverá.

Guaidó con el mantra de elecciones libres, y sin condiciones para mejorar, ha empeorado. Pese a echar toda la leña en el asador, fue el único con quemaduras de cuarto grado el 6D del 2020, en las parlamentarias. Los opositores mayoritarios fueron los que salieron malparados en esas últimas elecciones, ganando los revolucionarios, que no pisan fondo, se recuperan a merced de quienes se hunden. Se hunden, pues, también quienes gobiernan, y también los militares, hoy comodines del fracaso electoral, muy parecido al escolar: falta voluntad para esforzarse. Suben los opositores, y disidentes por la izquierda, y los revolucionarios por la derecha. Maduro quiso ser socialista para absorber a Guaidó, y resultó que acabará ingerido por los bodegones, la gasolina dolarizada, y los chatarreros que pican a Venezuela, al tiempo que seguramente habrá perdido apoyos de la izquierda. Vemos, que se ha fracasado por ambos lados… uno por no haber conseguido arrastrar a los de la margen izquierda, y por el otro lado, por haber dejado ir del legado de Chávez a los aliados internos de la centro derecha. Ya que no se puede estar en misa, y en la procesión a la misma vez, y Guaidó quiso estar en ambos lugares, quiso ser ubicuo, y acabó por no estar en ninguno.

El plan de Guaidó es: "a dead plan walking" solo que muchos políticos fingen no darse cuenta. ¿Sueñan los zombis los sueños de los vivos, o es que los vivos sueñan el sueño de un zombi? En fin, ¿Puede "a man dead walking" realizar un ajuste en la economía para reflotarla con millones de dólares de dudosa procedencia, pactados con una elite que se caracteriza por controlarlo todo, cuyo principal argumento intelectual es: "Guaidó y Maduro son los culpables"? La cosa en Venezuela está medio complicada con estos coronavirus intelectuales.



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Edgar Perdomo Arzola

Analista de políticas públicas.

 Percasita11@yahoo.es      @percasita

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