La trama cotidiana/La vida es sueño

Calderón de la Barca en su más famosa obra teatral nos echa el cuento de Segismundo, un príncipe que está prisionero porque el oráculo vaticinó que iba a ser un tirano. Un día su padre decide probar si la profecía es correcta y lo pone a gobernar para ver cómo se comporta. El tipo -después de años encerrado y arrecho- se conduce como era de esperarse. El padre lo devuelve a la torre haciéndole creer que todo había sido un sueño. La obra sigue y se pone buena, así que búsquela y léala, pero para el objeto de este artículo, hasta aquí nos llega la anécdota.

En este punto, a mí la situación de Segismundo se me parece al personaje que encara Jim Carrey, en El Show de Truman, quien es engañado desde la infancia, haciéndole creer que el mundo en el que vive es el mundo real.

En la historia de Calderón le hacen creer al protagonista que la realidad había sido un sueño, en El Show de Truman ocurre lo contrario, pero con la misma dualidad en la que se confunde realidad y fantasía. Aquí es donde aparece un tercer personaje que vive una condición muy parecida a la de estos protagonistas. Al tercero le hacen creer que es presidente de un país, pero también le hacen creer que va ser presidente de ese mismo país. Así mismo es, no solamente lo encierran en una confusión de ficción y realidad, sino que le enredan el papagayo con el presente y el futuro. Al pobre personaje no le queda más remedio que aparentar que entiende completamente dónde está parado, y ante sus gestos de desconcierto suele decir "tranquilo, vamos bien, vamos bien".

El problema es que no hay fantasía que dure tanto ni pendejo que lo resista. Así que ante la apabullante realidad, el personajillo se desinfla cada vez más, no solamente frente a sus acompañantes y seguidores, sino frente a sí mismo.

Es muy difícil que después de ocho meses, a punto de que el parto se le pase, todo le debe sonar hueco, ¡que digo hueco! Le debe sonar como un abismo, un vacío, de esos que dan vértigo.

Así que al igual que Segismundo, al igual que Truman, ya le debe ser muy difícil aguantar las cachetadas de lo cotidiano, y la fantasía comienza a doler. Pero vuelve, obstinadamente, a convocar "al país" a la calle, y otra vez la fantasía o el engaño prevalece y la realidad se le escapa. Debe ser terrible tener que repetir las tres cosas esas de la usurpación, y las elecciones, y la transición, en una tarima improvisada, como allá a lo lejos en el tiempo que su fantasía comenzaba: "juro no se qué", pero estoy seguro de sabe que toda su vida "es sueño, y los sueños… sueños son.

 

porras.rodolfo@gmail.com

 



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