El silencio de los que estaban alegres el 22f

No es cuestión de burla, pero después que uno lee en la red tantos comentarios alegres y ofensas contra chavistas en defensa del "presidente" Guaidó, a uno lo que le corresponde es valorar hasta qué punto la intolerancia es la que está mandando en la red y en la realidad misma. Son tantos y tan variados los comentarios, que algunos rayan en la adulancia apátrida, hasta el extremo de llegar a decir, que la intervención militar a Venezuela sería un éxito, porque contra el ejército de Trump nadie puede porque, ¿Cómo harían los "milancianos"(Así los llaman) para detener a un marines (Colocan fotos de carajos "jamaos" con cara de actores de Hollywood que comparan con la de los viejitos milicianos)? "Ya vas a ver papá cuando lleguen los marines", dicen algunos. Lo único que puedo decir a esta forma de pensar es que no se debe subestimar a nadie, sobre todo a nuestros viejitos milicianos, que como si fueran Popeyes al comer espinaca, al tragarse una viagra, se transforman y ¡a correr marines!

Asimismo, se puede agregar que cuando se produce en la red un comentario chavista, de inmediato, cual pirañas al ver sangre, los opositores responden con ofensas e interpretaciones superficiales leídas de algún vocero de la oposición a nivel nacional o regional. Esta situación eufórica, vivida en la red antes del 23f es digna de Ripley. Allí surgieron opiniones de todo tipo, sobre todo en imágenes en la que se mostraba una noticia sobre el gobierno o personeros del mismo. En fin, la red da para eso y mucho más. Hubo mucha burla, mucha risa, mucha ironía, los chavistas contra las cuerdas, pasando golpes.

Sin embargo, en la realidad debo confesar que a través de mi rutina diaria, más como visitante de los negocios que comprador, también comprobé que el clima de euforia opositora era el mismo, solo con la diferencia de que era en vivo, persona a persona. Y observé que los chavistas han aprendido a callar cada vez que entran a comprar a cualquier negocio de mi pueblo. Eso, porque no falta quien a veces de manera intencionada se coloca al lado de ellos y busca cualquier excusa en los precios de los productos para comenzar a despotricar del gobierno, como una manera de obtener respuestas del chavista, que permitan su ridiculización y el desahogo del escuálido. Sin embargo, lo que no saben esos escuálidos, es que algunos chavistas ya saben eludir las habladeras de paja y tienen una forma particular de hacerse señas con los ojos o con las manos de manera disimulada. En general permanecen callados, no porque no tengan ganas de responder a las ofensas, puntas, mentiras o lo que sea; pero creen que se gana más en salud y paz espiritual.

Particularmente, debo decir que desde que Guaidó seleccionó el día 23 f, como el día en que supuestamente entraría la ayuda humanitaria y caería el gobierno, más peligrosos y chocantes se pusieron los opositores, y de manera mecánica, casi infantil, enfocaban sus esperanzas en cada tuiter que creaba Guaidó. Andaban alegres, resteados, contando los pollos antes de nacer; en mi pueblo también daba miedo decir "Viva el gobierno" porque ellos se percibían como perros rabiosos si alguien osaba hablar bien del gobierno. Uno solo atinaba a decir: ¡Es mejor quedarse callados! Bueno, toda esa concesión silenciosa, debe hacerla el chavista para estar en paz.

De manera que llegó el 23f. Imagino, el pensamiento de cada opositor en relación a que ese sería el último día del tirano. ¡A ese maldito ya le llegó su fin! ¿Dónde estaba ese Guaidó, que no lo habían mostrado? ¡Ese si lo va a sacar! Lo demás ya se sabe, de las aventuras sobre el puente dependía si la alegría continuaba o se desvanecía. Por las imágenes de televisión, como ver un juego de Caracas/Magallanes, se descubría las señas de quienes fungían de manager y las jugadas de los guarimberos. Nunca pudieron pasar de la tercera base.

Al final de la noche, debió comenzar la tristeza a recorrer el cuerpo de quienes estaban muy eufóricos; posiblemente una nueva frustración se sumaría a una larga cadena de 20 años de fracasos y en efecto, para el día 24f, imagino las caras estupefactas e incrédulas de una gente que destilaba odio y ahora a lo mejor, mucho más, después de no haber logrado sus propósitos. Desde entonces, quienes tenían esperanzas en una intervención y caída del régimen, hoy permanecen callados; y en la red los que salían con frecuencia, burlándose de los demás, están de bajo perfil, dejaron de aparecer, están tomando nuevos aires, pendientes de los Estados Unidos y sus acciones en contra del país, para salir otra vez, en cualquier momento a darle rienda suelta a su intolerancia. Mientras tanto, observo también en los negocios de mi pueblo, que los escuálidos compran y salen rápido de ellos, sin importarle quien está a su lado comprando. Por ahora, los argumentos no tienen fuerza, y si alguna tenía Guaidó, ya la está perdiendo.



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Jesús Rafael Barreto


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