El cuento de la renuncia


En el quehacer político como en el manejo de los organismos de inteligencia, los cogidos a lazo y demás ingenuos suelen ser devorados por la realidad. Viene al caso el comentario por las cartas que los dos alegres compadres que regentaban esa casa de Usher que mientan la MUD han hecho llegar a los medios de comunicación y al tinglado político vernáculo y en donde dizque renuncian a sus cargos y se van dejando el pelero.
Hasta ahora el inventario de voces opositoras deja entrever rostros compungidos y uno que otro remilgo que no trasciende los límites de El Universal ni rebasa las fronteras de la plaza Altamira. Por el lado de la izquierda uno que otro comentarista se suma al jolgorio sin causa que anuncia la desaparición de una oposición organizada bien sea en la actual MUD o en la prehistórica y desaparecida Coordinadora Democrática, tan democrática que aupó un golpe de Estado (2002), un paro petrolero (2002), un paro de combustible y un paro de béisbol (2002) y la negación de las navidades al pueblo venezolano (2002).
Podemos acusar a la derecha de las peores agresiones a la dignidad de la gente, de eso estamos claro. Lo que importa dentro de la lógica del capital es la ganancia. Contra eso luchamos. Pero si algo caracteriza la derecha cuando quiere arrebatar el poder es la ferocidad y la arrogancia. El ingenuo lo tienen bien lejos. Cuando el señor Aveledo amagó con una renuncia enseguida fue secundado por el hijo del poeta Medina, su segundo de abordo, y sin querer queriendo ambos actuaron como los tres chiflados del celuloide, es decir, nadie sabía con certeza si actuaban en serio o eran cómicos involuntarios.
En las últimas tres décadas, que corren hasta este año, la derecha no ha sido capaz de formar cuadros políticos que sostuvieran los andamiajes del desarrollismo y del neoliberalismo o si se quiere de las escuela de Chicago. Hizo lo más fácil medró al amparo del poder, fortaleció la burguesía importadora y parasitaria y rechazó torpemente cualquier atisbo de ideologización de sus potenciales gerentes, desdeñando los esfuerzos de iniciativas tales como la Copre, El IESA, el Centro Gumilla y la punta de lanza del franquismo encarnado en el Opus Dei. Lo que siguió es de todos conocidos y se resume en el Caracazo, en la rebelión de la juventud castrense y en el aplastante triunfo de Chávez en diciembre de 1998.
Es tal la crisis de recursos humanos, de gente con credibilidad y capacidad en su seno que la derecha se ha visto imponer en su cúpula de a tres ricos ladillaos que le disputan de manera despiadada el mando a los viejos carcamanes que pugnan por no dejarse arrebatar las prebendas financieras que vienen del norte.
La jugada de Aveledo apunta a su sobrevivencia en esa fauna de caribes y caimanes de pozo y tal como lo hizo al fenecer la Coordinadora piensa esta vez lavarse la cara nuevamente y negociar con el grupito de los tres fastidiados para seguir vendiendo su rostro bonachón y mantenerse a flote.
El cuento de la renuncia no se lo traga nadie.

Diputado Héctor Agüero


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