Contradicciones

El ámbito estrecho y miope donde se mueven los núcleos opositores está lleno de paradojas, de contradicciones, de enredos, que los convierten en caricaturas.

Hoy pretenden autoproclamarse defensores de la Constitución Bolivariana pero en 1999 votaron contra la aprobación de esta Carta Magna.

Desfilan envueltos en la bandera patria pero menosprecian e ignoran a Bolívar.

Se dicen venezolanos pero su sueño es vivir en territorio norteamericano.

Se dicen cultos, ilustrados y académicos, pero son incapaces de saber que acontecimiento celebra el pueblo venezolano el 19 de abril de 1810.

Mientras gritaban a los cuatro vientos que Venezuela estaba de luto y que el Pueblo no podía celebrar los carnavales sus dirigentes, tales como Diego Arria y el presidente de Fedecámaras, volaban a Punta Cana a disfrutar el asueto carnavalesco.

Dicen que están dispuestos al diálogo pero rechazan hacerlo con Maduro y con el chavismo. ¿Quién los entiende?.

Se proclaman manifestantes cívicos y pacíficos pero queman metrobuses, destruyen el Metro de Caracas y saquean locales públicos para robar las computadoras cual vulgares choros.

Defienden el derecho a la protesta pero riegan aceite y colocan guayas en calles y avenidas para provocar accidentes fatales.

Se dicen respetuosos de la libertad pero trancan calles y aceras violentando el derecho constitucional de desplazarse libremente.

Se proclaman defensores de la legalidad pero al igual que en abril de 2002 amparan a los francotiradores y a los saqueadores.

Se habla de que quienes protestan son todos estudiantes pero resulta que cuando los cuerpos policiales detienen a los violentos el número de estudiantes es mínimo, la mayor parte resultan malandros, muchos de ellos tarifados.

Se jactan de ser defensores de los medios de comunicación pero les caen a palos a los corresponsales extranjeros en la Plaza Altamira de Caracas.

Hablan de libertad pero agavillan e insultan a todo el que les parezca chavista.

Se exhiben como católicos practicantes y resulta que practican el odio y el desprecio por los pobres y salen de las iglesias para maldecir e insultar a Maduro y a Chávez.

Sus alcaldes se ufanan en decir que sus acciones están enmarcadas en la legalidad pero sus policías municipales y estadales apoyan a los violentos trancando calles, tolerando las barricadas y no recogiendo la basura.

Se empecinan en estigmatizar al Presidente Maduro atribuyéndole la nacionalidad colombiana porque según ellos hay que odiar a los colombianos y resulta que quien los dirige tras bambalinas en las acciones subversivas que llevan adelante es un colombiano, paraco para más detalles, de nombre Uribe.

Hablan de democracia pero quieren derrocar al gobierno de Maduro por la vía del golpe.

Se dicen venezolanos pero son instrumentos de potencias extranjeras.

Estas contradicciones afloran todos los días en las fracciones del bando opositor. La última ha sido la renuncia de tres diputados del partido UNT, dos de los cuales, utilizando la jerga futbolística, fueron adquiridos por Voluntad Popular, el grupo del señor López.


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Hector Agüero


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