La toma de TV ULA y la necesaria socialización de los medios de comunicación

La mañana del 30 de Octubre comenzó la toma de TV ULA por parte de un grupo de trabajadores del canal, y otros tantos trabajadores de vigilancia. El expediente de los abusos cometidos por el patrono universitario en contra de estos trabajadores es amplio, y ha crecido a la sombra de la impunidad. De acuerdo con las denuncias de quienes tomaron ese canal, organizado bajo la figura de una compañía anónima con capital de la ULA, allí había dos clases muy bien diferenciadas de empleados: aquellos que tenían una relación laboral directa con la universidad, a través de su dirección de medios y otras dependencias, y los demás trabajadores, quienes no eran considerados empleados de la universidad. A este último grupo se le negó el Seguro Social obligatorio, así como otros beneficios establecidos en el marco de la ley, mientras que los miembros de la directiva del canal cobraban doble sueldo y dobles beneficios, en su calidad de personal empleado de la universidad y del canal. Además de esto, recientemente las autoridades universitarias desplazaron la sede del canal fuera de las instalaciones de la ULA, hacia un local propiedad de Fogade de aproximadamente 70 metros cuadrados de extensión, con lo cual quedó evidentemente en jaque la continuidad laboral de los 33 trabajadores de la planta.
 
Este tipo de abuso patronal es moneda común en el capitalismo. En realidad constituye una ley no escrita pero mucho más poderosa que las leyes laborales, y se sustenta en la implacable supremacía económica; el trabajador no organizado tiene que optar entre la sumisión o el desempleo la mayor parte de las veces. Lo verdaderamente novedoso en el conflicto planteado en TV ULA es el significado político de la acción ejercida por los trabajadores. En primer término, hay que resaltar el involucramiento en la acción, además de los trabajadores del canal, de un grupo de trabajadores de un sindicato estadal de vigilancia, cuyos despidos arbitrarios por parte de la universidad fueron seguidos por el desacato patronal frente al reenganche ordenado por las autoridades laborales. La solidaridad de clase es el primer paso necesario para enfrentar con éxito al patrono. En segundo lugar, y lo más importante, la reivindicación de los trabajadores al tomar las instalaciones de TV ULA va mucho más allá de unos reclamos tendientes a mejorar la relación laboral; lo que los trabajadores exigen es el control obrero del canal. Este control democrático del medio de comunicación por parte de sus trabajadores apunta hacia la auténtica socialización de una frecuencia radioeléctrica que es de propiedad estatal, pero que había sido usurpada por la camarilla ultraconservadora que dirige la universidad.

Como un gesto significativo, en la primera transmisión especial realizada por los trabajadores desde el estudio de grabación para explicar la situación del canal, estuvo presente en calidad de invitado un trabajador de la Planta de Tratamiento de Desechos Sólidos de Mérida, lugar en el que también se lucha por el reconocimiento oficial del control obrero. También resulta significativo que antes de que ese trabajador pudiera hacer uso del medio de comunicación, las autoridades universitarias sacaron del aire la señal del canal. Esto lo hicieron sin contar con la debida autorización de Conatel, según confesó en rueda de prensa el director de TV ULA, Fortuntato González, minutos más tarde del acto de censura. La libertad de expresión, como casi todo en el capitalismo, es una prerrogativa de clase.
 
En tiempos en que es moneda común la denuncia del violentísimo fascismo de los medios de comunicación privados, padecido durante años por la población venezolana; mientras que en el reverso de la misma moneda excluyente se encuentra la voz cada vez más uniforme y oficial de la televisión estatal; es ahora cuando se hace más urgente el reconocimiento de que sólo a través de la socialización de los medios de comunicación se podrá alcanzar el fin del fascismo comunicacional, y de que sólo a través de la gestión democrática de estos medios por parte de sus trabajadores se podrá avanzar hacia una comunicación al servicio de las mayorías populares. Por ello, la lucha de los trabajadores de TV ULA debe ser apoyada y difundida.



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Simón Rodríguez Porras

Músico y militante del Partido Socialismo y Libertad.

 @guitarraylapiz

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