Dolor Mayor

Rabia, frustración e impotencia son solo algunos de los sentimientos negativos que me causó la nefasta noticia de la muerte absurda de un buen hombre, quien además de extraordinario ser humano, se caracterizaba por ser un excelente profesional de la comunicación social más allá de los estereotipos que suelen atribuírseles a quienes de una u otra forma hemos ejercido la noble profesión de informar.

Lo acontecido con el colega periodista, oriundo de Maracaibo en Venezuela Eduardo Ortega en un pasquín bogotano, diario hecho a la medida y capricho de su dueño, es un suceso sin precedentes, me atrevería a decir en términos netamente venezolanos que ‘traspasó la raya’ de la lógica humana. Como profesional de la comunicación, nunca entendí los absurdos caprichos del amo y señor propietario del referido periódico enfocado en el tema judicial.

Verdugo hostigador

Los pocos meses que estuve laborando en el innombrable periódico de la capital colombiana, fueron un verdadero calvario, primero tener que soportar los berrinches del propietario, quien no escatimaba esfuerzo alguno para humillar, ofender y amenazar con despedir a quien se atreviese a contradecirlo en la más mínima estupidez, este ‘señor’ con el perdón de los señores, se convirtió en un verdadero verdugo hostigador y atorrante, quien con su exceso de ego, atropellaba y sigue atropellando a periodistas quienes como yo y mi amigo Eduard, llegamos de un país donde nos enseñaron que el periodismo decente va más allá de los caprichos y la demencia derivada de personas que pretenden aplastar al resto del mundo tan solo por tener dinero.

Dúo del terror

Me tocó ver a mujeres y hombres jóvenes llorando y soportando las atrocidades del ‘amo y señor’, quien por cierto tiene un pasado gris y tormentoso, presuntamente ligado a todo tipo de clanes. Asimismo fue muy contradictorio tener que asumir de ‘jefa’ a una persona, quien siguiendo instrucciones del ‘verdugo mayor’ se convirtió en la ‘maléfica’ de la historia, una mujer que sin ser periodista era auspiciada por un sujeto que ostenta el cargo de ‘gerente administrativo’, el referido sibilino, en complicidad con ‘maléfica’ eran el perfecto dúo del terror. Por un lado ella, sumida en la amnesia de su origen migrante, se prestaba y continúa prestándose para atropellar a noveles y veteranos periodistas que acuden a este nefasto periódico con la ilusión de desarrollarse en el competitivo escenario comunicacional, afortunadamente gracias a mi formación nunca me hizo estallar a pesar de las presiones y acoso laboral que utiliza como herramienta heredada del orate magnate.

Todas esas situaciones las viví en carne propia, nadie puede venir a contarme cuentos de camino, la gota que derramó el vaso y me condujo a desahogarme de esta manera fue el brutal atropello que sufrió el hermano periodista zuliano Eduardo Ortega, ‘mejor conocido como ‘Eduard’ quien manifestó el pasado 28 de mayo, [coincidencialmente mi día de cumpleaños], presentar sintomatología relacionada al virus del Covid-19, motivo por el cual, le notificaron terminación de contrato violando descaradamente toda la normativa laboral.

Eduard era un apasionado del deporte, recuerdo claramente sus consejos, de hecho volví una segunda vez a laborar en dicho medio porque él me lo pidió, estaban sobrecargados de trabajo, aunado a las presiones, sin olvidar el exiguo salario que tan solo alcanzaba para pagar arriendo y servicios, ingreso que venía condimentado de explotaciones, humillaciones, ofensas y un sin fin de hechos que convertían el entorno laboral en un paredón de ejecuciones.

Depresión Fatal

Eduard después de dar lo mejor durante dos años y ante el temor de dejar a su ‘campeón’ y a su querida esposa desamparados, soportó en silencio toda clase de maltrato, acoso, persecución y calumnias, ante la realidad que lo agobiaba al verse desempleado se vio inmerso en una profunda tristeza y depresión que debilitó su organismo, el pasado sábado 05 del presente mes, tuvo que ser internado de emergencia ante una crisis respiratoria que terminaron por paralizarle su agitado corazón.

Cuando recibí la fatídica noticia, quedé sin aliento, un par de llamadas confirmarían lo que ya era un inminente hecho. Al acercarme al Hospital donde falleció Eduard, mi corazón se llenó de ira y una gran decepción al enterarme por intermedio de ‘Célido’, amigo y colega quien valientemente estaba al frente apoyando a la viuda, que del periódico les dijeron en un verdadero acto de inhumanidad que no darían un solo peso, dando excusas banales y absurdas como bien saben hacerlo el dúo del terror, siguiendo las malvadas instrucciones del octogenario que se manchó las manos de sangre, sangre noble que correrá por su maltrecha conciencia.

No es fácil despedir a un buen amigo, el dolor mezclado con impotencia invade el corazón de quienes tuvimos el privilegio de laborar junto a Eduard, de algo si estoy seguro, la justicia divina es implacable y más temprano que tarde Dios hará lo suyo en honor a nuestro buen amigo, quien nos dejó un Dolor Mayor. Hasta siempre hermano, tu partida no será en vano, estoy seguro que se hará justicia, vuela alto colega, gracias por tu bondad y camaradería.



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Carlos E. Zambrano J.


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