Binóculo N° 366

Los medios por encima de los medios

Una de las primeras conclusiones de todo este marasmo que ocurre en América Latina, es la profunda desigualdad social que ocurre en el mundo, cuya brecha se hace cada vez más profunda. Mientras en los países altamente desarrollados, los gobiernos están apostando y haciendo gigantescas inversiones en la conquista de otros espacios más allá del planeta Tierra, las grandes masas de la población mundial, sufren los embates de la explotación, que es incluso mayor que en décadas pasadas, acosados por el neoliberalismo, que en realidad es el producto más acabado del capitalismo, aunque hay quienes dicen que un muerto de hambre defendiendo al capitalismo es su producto más acabado.

Si es así, deberíamos aprender que, no podemos ir a la par de los recursos y puesta en marcha de toda esa tecnología que despliega este sector minoritario de la sociedad mundial, que, aunque minoritario, es propietaria de todos los seres humanos del planeta. En consecuencia, la barbarie de la represión en este lado del continente en las últimas tres semanas, obliga porque sí a la necesidad de los medios de comunicación impresos, para poder estar informados. Es incluso un fenómeno recurrente que estoy escuchando desde hace dos semanas. "Rafael, no hay forma de informarse sobre lo que está pasando allá, si no es por las redes o por Telesur", me comentaron varios amigos en torno a la ausencia de información. Si a ello le sumamos que ahora la televisión se ve menos que antes pues los problemas tecnológicos de la incompetencia del Estado, generan mala señal, o no la generan, obligó a la gente a medio informarse. Y de paso, ya sabemos que los medios de comunicación pertenecen a la burguesía, por lo que, somos enterados de todo lo que está ocurriendo, por ese nuevo fenómeno de la tecnología: las redes sociales.

De manera que las matanzas, las masacres, las represiones, los abusos, las violaciones, los maltratos, y paremos de contar, todo lo estamos viendo por ese pequeño video que cualquiera puede bajar por Instagram, Wassapp, tuiter, telegram, feisbuc, yutu y cualquier cantidad de aplicaciones que existen en el mundo y que se pueden utilizar con sólo tener un teléfono inteligente, vale decir, que tenga androi. Y a ello le sumamos que cualquiera puede tener un blog, es decir, un medio de comunicación personal y virtual, en donde publica todo lo que le dé la gana, desde religión hasta oficio, desde diversión hasta sexo, desde política hasta sangre, todo se puede ver por internet; por lo que aparecieron dos nuevas profesiones en el panorama mundial: el influencer y el bloguero, o sea personas que a través de la web tienen un determinado poder de convocatoria y de seguidores, que por cierto es una nueva forma de ganarse la vida.

Así, mientras en la televisión chilena, los televidentes veían el comic Bob Esponja, un millón de chilenos desfilaban por las alamedas y eran salvajemente reprimidos por los Carabineros. Así, mientras los televidentes ecuatorianos, se reían con las vomitivas sitcom de Disneychannel, la policía reprimía al pueblo ecuatoriano, mientras su presidente cantaba boleros con la burguesía; así, mientras el televidente panameño mira el irrepetible Chavo del 8, los estudiantes y los obreros, son duramente reprimidos por la policía. Así, mientras 750 mil neoyorquinos –según los blogueros- manifiestan en contra de la represión policial en el propio Nueva York, los televidentes se entretienen con las imbecilidades de la televisión.

Es decir, nunca en la historia moderna del mundo se confrontaron dos realidades en el mismo escenario. Mientras la mitad de un país creía que no estaba pasando nada porque miraba las estupideces de la televisión, y que la vida es como de costumbre, la otra mitad, vive una represión brutal, que incluye violaciones y asesinatos. Jamás los medios de comunicación fueron tan bien utilizados por la burguesía, jamás sirvieron tan bien a los intereses de los poderosos.

Así que, el mundo jamás su hubiera enterado de lo que está ocurriendo tras las cortinas del stage o back-ing, o tras la capucha del pun-off, de no ser por las redes sociales, que en esta oportunidad y con el cuidado de rigor, han servido para informar lo que éstos no informan.

Con toda seguridad que los teóricos de la comunicación, jamás imaginaron que la tecnología impulsaría este nuevo instrumento comunicacional que desenfrenadamente ha venido a sustituir a la gran prensa escrita, la radio y la televisión. Sin estructura, sin concepto, sin control, sin ética, sin moral, estos nuevos medios de comunicación, están por encima de cualquier posibilidad de control, aunque paradójicamente controlan, sin ninguna duda, toda la información.

Y ahora viene el encontronazo con las sociedades tercermundistas –que aún somos- pues sólo un sector minoritario tiene acceso a las nuevas tecnologías, porque son países dependientes, con cifras alarmantes, además. Por ejemplo, y para citar sólo el caso Venezuela. Amigos de una importantísima universidad están concluyendo una investigación que esperan publicar en marzo del año entrante. Hay cifras que más que preocupar, angustian: sólo 26% de los venezolanos tiene teléfonos inteligentes, la mayoría 3G, por cierto, que ya es una tecnología obsoleta, tomando en cuenta la batalla EEUU-China por la tecnología 5G, y China acaba de anunciar que está por concluir la tecnología 6G. Sólo 48% tiene acceso a internet, que es intermitente, vale decir, cuando sirve la plataforma. Hay urbanizaciones en donde no hay internet desde hace un año. Por ejemplo, en mi comunidad llevamos tres meses sin la telaraña. 56% de los venezolanos no tiene celular, ni siquiera un "gallito", por dos razones: la delincuencia y los precios. Aunque estos problemas son consecuencias de la crisis, están presentes. Recuerdo que cuando Chávez creó la Misión Ciencia, conocí hogares en donde había hasta veinte teléfonos, no sólo por sus precios accesibles, sino por el snob de comprar el más moderno. Eso murió hace tiempo. Hoy, usualmente a quien se le dañe un teléfono, es casi seguro que no tiene recursos para repararlo. Un teléfono 4G cuesta de 100 dólares en adelante y su reparación la mitad. Eso es mucho más del salario mínimo.

Pero afortunadamente, en el caso de América Latina, estamos viviendo los acontecimientos por la vía de las redes sociales, los nuevos medios de comunicación. Es casi un periodismo interactivo. Y eso obliga a hacer muchas redefiniciones, y muchas reflexiones. Es un hecho que las redes sociales, lejos de desaparecer, crecen y es un hecho que tienen mucho más interés para el público que los tradicionales desprestigiados medios de comunicación. Y también es un hecho que ahora tienen un valor trascendental por su inmediatez. Entonces cabe la pregunta: ¿deberíamos –por ser tercermundistas- regresar a la prensa escrita, o deberíamos estetizar y darles ética a las redes sociales?

Las redes sociales son medios de comunicación por encima de toda sospecha, pero sin control. Tienden a cartelizarse y a repetir las verdades o las mentiras del primer emisor. Ese es un hándicap. Pero al mismo tiempo, su inmediatez, la imagen y el no condicionamiento, lo ponen por encima de los medios tradicionales. Y es lo que nos ha permitido saber los acontecimientos en nuestra región y el resto del mundo.

Caminito de hormigas…

Hay tantas arbitrariedades en las inspectorías del trabajo en detrimento de los trabajadores, que pareciéramos estar en la Cuarta República, o que Nicolás no fuera un presidente obrero. Lo peor es que nadie hace nada.



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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