Guerra de medios o medios de guerra

La nueva edición del Diccionario de la Lengua Española (DLE) del mes de diciembre de 2017 el Diccionario de la Lengua Española (DLE) incorporará la palabra posverdad, como un neologismo" que significa "toda información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a las emociones, creencias o deseos del público". Antes de iniciar su conferencia magistral titulada "Verdad, ficción, posverdad. Política y literatura", el director de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) y autor de la propuesta, Darío Villanueva, destacó el "el potencial (...) que la retórica tiene para hacer locutivamente real lo imaginario, o simplemente lo falso". Igualmente recordó que ya está aceptado en la actualidad que "lo real no consiste en algo ontológicamente sólido y unívoco, sino, por el contrario, en una construcción de conciencia, tanto individual como colectiva", lo cual reafirma el convencimiento de que la GCG cosecha sus dividendos políticos por encima y en contra del texto veraz, de la honestidad informativa, de la verdad y la razón, que hasta hace poco fueron los músculos éticos más poderosos de la misión periodística.

Sin embargo, la decisión académica reivindica justicieramente el discurso de la prensa independiente, que desde hace varios años viene aplicando el término en cuestión para describir la GCG, extendida en todo el mundo gracias los medios de difusión internacionales, instruidos por Estados Unidos para propiciar cambios de Gobierno anticipados en los llamados países "hostiles". La posverdad ingresará al DLE con suficiente pedigrí. No hace falta enumerar "falsos positivos" mediáticos como la invasión de Estados Unidos a Afganistán en 2002 por sospechas no confirmadas de encubrir a Osama Bin Laden y a Irak en 2003 por supuesta tenencia de armas biológicas y químicas. Será suficiente con citar las modernas versiones de la GCG en Brasil, donde los medios convirtieron una práctica rutinaria de los presidentes anteriores en "crimen" (término inexistente en la legislación administrativa de ese país) con el fin de destituir a Dilma Rousseff, y en Venezuela, donde se promueve una coalición de países contra el presidente Nicolás Maduro por haber iniciado una supuesta "guerra económica" contra el 70% de la industria nacional que ya se había auto disuelto antes del Gobierno de Chávez (no por espontánea voluntad, sino por el agotamiento de los dólares preferenciales, de los cuales se alimentan por necesidad existencial, según lo confesó Rómulo Betancourt 80 años antes de apoyar esa práctica desde la Presidencia de la República en los años sesenta.

"Nuestro capital es de franca tendencia parasitaria. No tenemos capitanes de industria, sino rentistas y usureros". "Los créditos (…) los dineros del Estado, prestados con fines refaccionarios (se convirtieron) en mansiones urbanas, automóviles trepidantes y joyas para damiselas de París o Nueva York". (Julio, 1937 diario Ahora). No obstante, la incapacidad empresarial para sobrevivir por sí misma ha sido transformada en el "falso positivo" mediático más eficaz contra el Gobierno. A pesar de todo hay algo positivo al respecto. La decisión de formalizar la mentira mediática como arma política representa, con toda seguridad, el primer paso hacia la calificación jurídica de la GCG como delito contra el Estado, y posiblemente el comienzo de un interesante debate: la GCG no trabaja con realidades (no las necesita), sino con emociones políticamente direccionadas. ¿Puede ser neutralizada la GCG con recursos mediáticos o políticos, o los dos a la vez? En ambos casos, ¿habrá que concluir en que la verdad no tiene suficiente fuerza para competir con la manipulación mediática?

Lo cierto es que es tal el impacto del nuevo vocablo, que "el prestigioso diccionario inglés de Oxford lo distinguió en 2016 con el título honorífico de palabra del año". El propio Villanueva admite que es "un nuevo concepto, interesante y a la vez que preocupante", tal vez, también para la RAE, porque la palabra llegó para quedarse, pero a la larga no se justificará su supervivencia académica y política sin una antiposverdad que sirva de contrapeso para juzgarla. Será algo así como una guerra entre la "verdad fría" y la "pasión caliente".

raulpineda47@gmail.com



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