Dictadura mediática- Propaganda de guerra

-¿Por qué anda tanta gente enloquecida, sin saber que quiere, quien es, de donde viene y a donde va? Me preguntaba esta mañana una joven andina en el Metro Los Teques Las Adjuntas.

La clave está en que el aparato militar industrial de USA controla los medios del planeta al servicio del gran capital transnacional y por supuesto, los llamados “medios privados locales” en su mayoría determinante son un reflejo de intereses diabólicos. Hasta las Universidades del imperio y de muchos países, privadas y públicas ya están en función de la guerra, no convencional y de la convencional, donde hay guerra declarada por el petróleo y otros elementos estratégicos que requieren los imperios. El despliegue de las tecnologías de punta en función de la llamada información y comunicación, desinforma e incomunica al servicio de la dictadura del gran capital a escala planetaria. A ello se agregan las teologías de la dominación, como la Conferencia Episcopal Venezolana, su Cardenal Urosa y la UCAB al servicio de la guerra civil y de la intervención militar imperialista, incluso usando oligarquías de países vecinos. En contraste con el mensaje de paz con justicia del Papa Francisco. Pero ellos hablan de “libertad” sin igualdad, de paz sin justicia. Piden libertad de expresión y no tienen libertad de pensamiento. Ni sentimiento con la tierra de origen y su gente.

La llamada “era digital” viene afectando particularmente a nuestras juventudes en todo el planeta, principalmente a aquellas con mayor acceso a las llamadas redes y las que han sufrido una mayor desterritorialización con el advenimiento de la ideología tecnocrática (finales de la década del 50 del siglo pasado con el capitalismo monopólico). A ellos se les ha secuestrado su ancestralidad en cada presente histórico para llevarlos a un mayor nivel de manipulación del presente y robo del futuro: se les viene privando del sentido y del estudio de la geografía e historia, la cultura propia y la educación propia en nombre de una supuesta “universalidad” que encubre los intereses de Occidente, pero que también destruye a la misma cultura occidental, pasando por sus fuentes recientes y remotas. A esa juventud se le construye un falso positivo y se le dice que quien le roba el futuro somos nosotros, los revolucionarios, los que buscamos restablecer la historia y la geografía, la ubicación cultural y de clase frente al desprecio de la sociedad de castas del neoliberalismo , del imperialismo norteamericano o de los imperios europeos. Es falso que estas tecnologías de punta sean “neutras” y que todo dependa de quien las usa: tienen una lógica y una direccionalidad en contravía con sus pueblos .

Particularmente el comunicador social queda cada vez más preso en la falta de tiempo real para analizar y profundizar en cada hecho y su contexto, en la situación particular y en la situación global, presionado para no preguntarse el por qué y las múltiples causas de los hechos ocurridos. Más allá de ello, está la presión patronal ante la línea editorial de cada medio al servicio de la guerra mediática. Un monstruo sin rostro y de mil cabezas se mueve también en todas las líneas de la investigación académica, pasando por el tatuaje llamado “multidisciplinario” y “transdisciplinario”. Pero siempre inscrito en la lógica y los intereses del gran capital que acaba con el planeta. No es casual que el Papa Francisco designe a esa dictadura mediática global coprófaga.

Se busca un chivo expiatorio. Ayer Hussein en Irak, Gaddafi en Libia, ahora está de moda en la molienda imperialista Bashar al Asad en Siria. Ayer en el golpe del 2002 del 11 de abril el odio era hacia el Presidente Hugo Chávez, hoy es contra el Presidente Nicolás Maduro. Nuestros acusadores ayer y hoy son los mismos, los mismos intereses, el mismo imperialismo y los imperios europeos, las mismas oligarquías del continente.

Ya el Presidente Trump ha declarado que el calentamiento global es un invento de los socialistas, los ecologistas, los religiosos y mojigatos. De allí la gravedad del momento histórico actual. Entre Obama y Trump demuestran los hechos que ningún Presidente norteamericano puede cumplir su programa de gobierno, terminan haciendo todo lo contrario porque se lo impone el aparato militar industrial. El programa no es, como creían con Trump, un enigma: todos conocemos lo que quiere el Pentágono y los ricos más glotones del planeta con sus guerras interminables.


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Saúl Rivas Rivas


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