Aportes para la batalla mediática

Pocos días después de su nombramiento como Ministro de Comunicación e Información, el compatriota Ernesto Villegas anunciaba la creación del Sistema Bolivariano de Comunicación e Información (SIBCI). Su propósito: articular bajo una única dirección y propósitos comunes, el esfuerzo comunicacional del gobierno. Se anunciaba así lo que a mi juicio ha de ser la estructuración del aparatos del Estado más poderoso, para enfrentar adecuadamente el asedio mediático de los medios impresos, radiales y televisivos del oposicionismo y el fascismo venezolano y propagar las políticas y decisiones gubernamentales, así como los logros de la gestión del gobierno de calle que ya está en acción.

Durante el curso de la pasada batalla electoral, se mostró una de las principales debilidades del novel sistema, en el que me registré sin haber sido hasta ahora contactado. Su posicionamiento en las redes sociales era, a juzgar por su aparente grado de influencia, prácticamente nulo.

Personalmente me incorporé en la contienda en las redes sociales y pude constatar la excelente articulación que tenía la mensajería del oposicionismo: asesores de guerra sucia marcaban la tendencia que era secundada por el candidato perdedor, seguidamente un grupo de periodistas, artistas y políticos amplificaban el mensaje con sus RT y un entramado de ONG´s hacía lo propio desde sus respectiva páginas Web mediante el uso de los widgets, estos mensajes a su vez eran RT por dirigentes con liderazgo mas local y así sucesivamente. La estrategia parece haber sido diseñada para llegar a la militancia partidista oposicionista, lo cual explicaría ¿cómo a través de los twits se activaron hordas fascistas que dieron al traste con la vida de 11 compatriotas y daños a la propiedad pública sanitaria?, entre otros.

Después del evento electoral y el desenfreno del 15 y 16 de abril, no han tenido el mismo desempeño; pero, sin duda hubo un triunfo en este campo por parte del oposicionismo. El resultado está resumido en sendos escritos consignados por el candidato perdedor y sus organizaciones postulantes ante la Sala Electoral del Tribunal Supremo de Justicia. Se trata del registro de “contingencias” inducidas en unos casos, propias de las elecciones en otros, en torno al espacio geográfico de 21.563 mesas electorales, o lo que es lo mismo, lograron registrar “hechos” ocurridos en TODO el país aunque tales hechos no hayan tenido incidencia directa o indirecta en la voluntad del elector. No se me mal interprete, estoy refiriéndome a la estructura concebida por la oposición y que para mantener la UNIDAD DE MANDO y garantizar la INMEDIATEZ se apoyó en las redes sociales, así que los datos sobre la impugnación opositora sólo tiene carácter referencial.

Hago un paréntesis para aclarar que he revisado preliminarmente los argumentos oposicionistas en los escritos aludidos. Son francamente vacuos, sin expresión exacta de circunstancias de modo, tiempo y lugar y, lo que es peor aún, no establecen la relación de causalidad entre los supuestos hechos (no probados) y la voluntad de los electores. ¿Cómo podrían saberlo si el voto es secreto?. Ni siquiera en los casos de voto asistido –viable desde el punto de vista legal- podrían demostrar que el voto no fue libre, pues el elector tiene derecho constitucional al secreto de su decisión. Sin embargo, en el ÚNICO caso que mostraron una grabación –prohibida por Ley-, podría ubicarse al elector y preguntarle si la asistencia prestada fue requerida y si el voto consignado fue el de su preferencia. El caso es que esto representa un solo voto y el margen con que ganó Nicolás supera los 220 mil votos.

Retomando el asunto, la estructura del comando oposicionista logró (según sus propios datos) recoger supuestamente 5000 denuncias que habrían afectado el desempeño del acto electoral en 860 ó 3.389 centros electorales (las inconsistencias numéricas entre CE y mesas de votación son del propio comando oposicionista); pero no perdamos el foco del asunto. Si fuere cierto este último dato, se trata de que ¡su estructura política habría cubierto un 24,54% de los 13.810 centros de votación! El chavismo no contó con una estructura similar, así que los canales de comunicación fueron los mismos que en los últimos procesos electorales: declaraciones públicas por radio y tv, llamadas telefónicas y mensajes telefónicos sms, con eficacia evidentemente muy inferior.

La experiencia debe haber sido parcialmente asimilada por el liderazgo chavista. Recientemente se creó una etiqueta para el twitter (#Tropa) con la que se vienen ensayando acciones mediáticas de importante impacto intramilitancia y escaso o nulo efecto –a mi juicio- en la opinión pública general. El caso es que esta etiqueta ha estado siendo utilizada para estructurar una compleja “red chavista” que intercambia mensajes cortos básicamente asociados al posicionamiento en una “cartelera” de frases con poco o ningún contenido ideológico. El éxito en este sentido es incontrovertible, se ha logrado posicionar otras etiquetas durante períodos superiores a 24 horas continuas tanto en el ámbito nacional como en el internacional y se mantienen en el tope de la cartelera a personalidades como Nicolás Maduro, Mario Silva, Ricardo Durán y otros compatriotas.

La experiencia es tremendamente poderosa, por lo que ella puede aportar a la conducción político gubernamental de la revolución. Creo que debe ser seguida para estructurar otras redes que complementen al SIBCI y que sirvan de soporte a la estrategia propagandista del Partido Socialista Unido en particular y el Gran Polo Patriótico en general como estructura itinerante de articulación de las acciones de partidos y organizaciones sociales aliadas. Así, etiquetas como #PSUV, #GPP y #SIBCI serían utilizadas con propósitos y reglas predefinidas, al estilo de la red nacional de “tuiteros” socialista que utilizan la etiqueta #RENTSOC.

Esta estrategia supondría un liderazgo colectivo que FIJA la agenda política mediática nacional, estadal y municipal; pero que también recoge el reclamo popular de la gestión pública, con lo cual también se impone la agenda social desde las bases. El sistema tendría que ser monitoreado tanto por el gobierno, en lo que a él atañe, como por el Gran Polo Patriótico, de modo que no sea utilizado por los adversarios para sus propósitos desestabilizadores, de manipulación, contra-información o desinformación, entre otros. La estrategia podría ser soportada por el propio gobierno, para lo cual Vetelca deberá producir y vender a precios razonables y con amplias facilidades nuevos teléfonos móviles aptos para el uso de las redes en cuestión.

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@fjmolina71


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Johán Molina


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